SALUD
El Hospital Sant Joan implanta un desfibrilador subcutáneo para reducir el riesgo de muerte súbita
Los pacientes que lo necesiten ya no tienen que ir a Barcelona para su colocación y seguimiento

El Servicio de Cardiología del Hospital Universitario Sant Joan de Reus es el que trabaja con la tecnología.
El Hospital Universitario Sant Joan (HUSJR) ha implantado, por primera vez, un desfibrilador automático subcutáneo (DAI-S) que reduce el riesgo de muerte repentina cardiaca. Lee continuamente el ritmo del individuo y, cuando detecta una arritmia, actúa. Hasta ahora, los pacientes que necesitaban la tecnología tenían que ser derivados en el Hospital de Sant Pau. «Ya no tendrán que ir hasta Barcelona, los podremos implantar aquí», afirma el doctor Amine El Amrani, cardiólogo especializado en electrofisiología. La jefa del servicio de Cardiología, la doctora Pilar Valdovinos, declara que su colocación mejora «la calidad de vida» en dos vertientes: la supervivencia —con menos riesgos— y la logística. Dado que el seguimiento también se lleva a cabo desde la capital del Baix Camp, con visitas presenciales y vía conexión remota, «evitas la esclavitud de ir a Barcelona cada cierto tiempo como; se trata el paciente con proximidad y el acompañamiento hasta el final», añade Valdovinos.
En comparación con el desfibrilador transvenoso convencional, el nuevo dispositivo —tanto el generador como el trayecto del electrodo— se implanta bajo la piel, en una zona submamaria, por el lateral y entre las costillas, sin necesidad de acceder al sistema vascular para llegar al corazón. El cable subiría en paralelo al esternón. Esta característica supone «ciertas ventajas», asegura El Amrani. «Lo principal es que evitas entrar en el torrente sanguíneo, no entramos ni en los vasos ni en el corazón, y, en consecuencia, tienes menos infecciones», detalla. Puntualiza que «no es que no se pueda infectar», sin embargo, si ocurre, «es menos grave» y «la mayoría a veces queda en una infección local». En pacientes muy activos, el cable tradicional puede acabar desgastándose y rompiendo. «En los DAI subcutáneos, se puede degenerar la conexión, pero tiene menos riesgo», remata.
El sistema está dirigido a cualquier persona a quien esté previsto implantar un DAI, pero en qué no sea necesaria la función de marcapasos. Es decir, que tienen riesgo de sufrir un paro cardiaco o que ya les ha ocurrido una. También va destinado a pacientes con una vida muy activa y «que prevemos que, a la larga, puedan tener el problema de disfunción del electrodo». Además, es la alternativa para el usuario que haya sufrido una infección con un DAI intravenoso.
Con la primera instalación, «cualquier persona que necesite un DAI subcutáneo (de la zona), se implantará en nuestro centro», declara El Amrani. Eso sí, en términos generales, los pacientes que lleven a uno tienen que tener en cuenta que no tendrían que acercarse a zonas con un «imán fuerte», como las cocinas de inducción. Una de las preguntas más recurrentes es si podrán continuar con la actividad deportiva y «aquí sí que individualizamos», apunta al cardiólogo. Años atrás, había un consenso internacional que «era uno no rotundo». Hoy día, «individualizamos: analizamos el estado psicológico, qué deporte quiere practicar y su patología». A pesar de que acostumbrarse a llevarlo requiere tiempo y paciencia, «a la larga, más o menos, todo el mundo se acostumbra física y psicológicamente».
La llegada del dispositivo en el HUSJR responde a una ampliación progresiva de la cartera de servicios en cardiología y electrofisiología del centro. Aparte de un crecimiento de la plantilla, los DAI se implantan desde hace cinco años y, ahora, ha llegado su versión por debajo de la piel. «Es una tecnología más que ofrecemos con el esfuerzo que hace la organización de intentar poner a disposición del paciente de nuestro territorio toda la cartera de servicios sanitarios posible e intentar evitar que tenga que ir a Barcelona para cualquier procedimiento», valora Valdovinos.