EFEMÉRIDE
La primera doctora en Medicina en España
Martina Castells Ballespí se instaló en Reus en 1883, tuvo una consulta y murió un año más tarde

Martina Castells Ballespí es una de las mujeres referentes en el ámbito de la salud.
Pionera es un calificativo que define a la perfección a Martina Castells Ballespí. Nacida en Lleida en 1852, fue una de las tres primeras mujeres a matricularse y licenció en Medicina en el Estado español, y la primera a obtener el título de doctora. En 1883, se instaló en Reus con su marido, y pasaba consulta en la plaza del Delgaducho. Moriría en 1884, con sólo 31 años, a causa de una complicación del embarazo.
Lluís Colomés, presidente de la Fundación Privada Reddis y exjefe de estudios del Hospital Universitario Sant Joan, explica que el camino que recorrió fue «complicadísimo». El techo de cristal empezó a romperlo la vila-secana Maria Elena Maseras. Con el Bachillerato en la mano, quiso entrar en la universidad. La ley no lo prohibía, pero «nadie se imaginaba que una mujer pudiera ir a la universidad». En una época con un aire «más renovador», con el reinado de Amadeu de Saboya, una orden ministerial permitió su matrícula, «con la condición que lo hiciera por libre», es decir, que tenía que estudiar por su cuenta, ya que la presencia femenina en clase podría ser un problema» para los compañeros hombres. «Afortunadamente, en Barcelona había profesores más liberales y dijeron que eso era una burrada y consiguieron que pudiera ir a clase, pero sentada a su lado». Eso fue el 1871.
Dolors Aleu seguiría su estela en 1874 y Martina Castells, en 1877. Acabada la carrera, quisieron examinarse de licenciatura. Estuvieron dos años sin conseguirlo. La vigencia del sufragio censitario, en el que sólo podían votar hombres, mayores de 25 años, con un nivel social alto o que tuvieran la licenciatura, alertaba de que, «si autorizaban a una mujer a hacer la licenciatura, podría abrir la puerta a votar, y eso era impensable», menciona Colomés. Después de un debate en las Corts de Madrid, se autorizó la compleción de la licenciatura, con la condición que no podían votar. El doctorado sería el siguiente paso. «No hacía falta, pero querían el máximo de todo», relata el estudioso. Ya habrían podido ejercer, pero los extras les permitirían ser docentes.
Martina Castells leyó su tesis doctoral el 4 de octubre de 1882, que tenía por título Educación física, intelectual y moral que debe darse en la mujer para que contribuya en grado máximo en la perfección y la dicha de la humanidad, que defendía la educación de la mujer como herramienta de progreso individual y colectivo. El día 8 lo haría Aleu. «Oficialmente, fueron las dos primeras doctoras porque el mismo expediente autorizó al doctorando de las dos, pero si fuéramos estrictos, una lo leyó cuatro días antes que la otra», narra Colomés.
Acabada la carrera, se casó con Antoni Constantí, médico militar del Instituto Pere Mata, y se instalaron en Reus. Castells abrió consulta en la actual plaza del Prim y se dedicó a la ginecología y la pediatría, dos especializaciones que ya se veía bien que asumieran mujeres. Desgraciadamente, un año después de llegar a la ciudad, murió por complicaciones del embarazo.
Maseras, Castillos y Aleu abrieron un camino a todas las generaciones de mujeres que vinieron en el futuro: «Ahora hay más médicos que médicos, más estudiantes mujeres que estudiantes hombres a la carrera de Medicina...».
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