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El peluquero de Tarragona que se jubila tras más de medio siglo de oficio: busca un relevo

Sebastià Cabré se jubila a los 75 años tras toda una vida en una peluquería y busca a quien cuide de sus clientes

Cabré ha llevado solo la peluquería, con la ayuda de Trini, su mujer.

Cabré ha llevado solo la peluquería, con la ayuda de Trini, su mujer.Tjerk van der Meulen

Marta Omella
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Tarragona

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Estos días, en la peluquería de Sebastià Cabré, las tijeras no paran. Algunos clientes entran con prisa para aprovechar los ratos libres entre el caos de las fiestas, pero muchos otros vienen expresamente a decir adiós. A los 75 años, Cabré afronta la jubilación después de toda una vida dedicada al oficio de barbero.

No lo hace por cansancio. «Me jubilo por la edad, pero no porque no pueda trabajar. A mí me encanta trabajar», asegura. El 14 de abril hará 21 años que abrió la peluquería, la primera que ha sido realmente suya. Su recorrido profesional, en cambio, va mucho más allá del local que hasta ahora ha ocupado la plaza Ponent.

El oficio, de hecho, le viene de casa. Su padre, explica, ya era barbero «de pueblo», donde por la mañana trabajaba en el campo y por la tarde levantaba la persiana del negocio. «A los nueve años ya le ayudaba. Mientras mis amigos iban a jugar, yo lavaba cabezas», recuerda.

Era una vocación casi impuesta, pero que con los años se ha convertido en pasión. «Si volviera a empezar haría lo mismo», asegura. Durante dos décadas, explica, ha creado una clientela fiel, de las que pasan de padres a hijos. «Hay generaciones enteras que han crecido viniendo aquí», apunta orgulloso.

«Nadie tiene la clientela que tengo yo, es inmejorable», añade. A lo largo de los años ha visto cómo el oficio cambiaba. «Cuando empecé todo el mundo llevaba el pelo largo, era la época de los Beatles», recuerda. Hoy, explica, las modas son otras. «La mayoría lleva el pelo corto, entonces vienen cada 8 o 15 días», detalla. Él siempre se ha adaptado. «He estado aprendiendo constantemente. En este trabajo no puedes parar», afirma.

El negocio está en proceso bisiesto, pero no es fácil encontrar relevo. «La propiedad es muy sacrificada, y la juventud no quiere hacer tantas horas», dice. «Él tiene muy claro que quiere que sea un peluquero, alguien que conozca el oficio. Yo ya le digo que eso no sé si lo encontrará», admite Trini Gallego, su mujer.

El anuncio de jubilación le sorprendió incluso a ella. «Puso el cartel sin decir nada. Siempre decía que se jubilaría a los 75, pero no me lo acababa de creer», confiesa. A pesar de las dificultades, Cabré mantiene la esperanza de encontrar el candidato ideal. «Espero que aquí quede una persona que cuide a mis clientes», insiste.

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