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Economía

«Hemos tenido que subir 20 céntimos el precio de algunas de nuestras tapas»

Los gastos en el aceite, la luz, la cerveza o la gasolina han provocado una pérdida de beneficios a los hostaleros de Bonavista

Imagen de Puri Molina, cliente habitual del bar El Paso de Bonavista.

«Hemos tenido que subir 20 céntimos el precio de algunas de nuestras tapas»Roger Freixa

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Un ambiente alegre y festivo llena Bonavista el domingo por la mañana. La gente sale a comprar en el mercado, a disfrutar de los pocos rayos de sol del fin de semana y a sentar en una terraza a tomar una cerveza y algunas tapas, rodeada de amigos y familiares, sonriendo. Sonriendo porqueel tiempo concede por fin una tregua después de tantos días lleno de nubes. Desgraciadamente, en la otra cara de la moneda, hay los hostaleros, preocupados e indignados por la subida de precios del aceite de girasol, de la luz, de la gasolina... El aumento de los gastos los obliga a subir también los precios de los platos para obtener beneficios. La tapa, el producto estrella de la hora del vermú de los domingos, también se suma a la larga lista de efectos colaterales. «Hemos tenido que subir 20 céntimos el precio de algunas tapas, pero tampoco podemos subirlas mucho más porque los clientes se podrían marchar a la competencia», relata Francisco Carmona, del Bar Paraíso. Aunque apunta que tiene una clientela muy fiel los fines de semana, entre semana sí ha bajado el número de usuarios. Una situación similar viven muchos otros establecimientos de Bonavista.

Iliana Osorio, del bar de tapas El Paso, explica que ya han pensado en un próximo aumento de los precios: «De momento asumimos las pérdidas, pero ya hemos hablado de uno subida». Según explica Osorio, antes pagaban 47 euros por25 litros de aceite de girasol. Ahora, pagan 98 euros, más del doble. «Una de las medidas que hemos tomado es cuidar mucho más el aceite y no malgastarlo. Otra de las posibilidades para disminuir costes sería reducir un poco el volumen de las tapas», manifiesta con la esperanza de que se revierta la situación y no tenga que tomar medidas que perjudiquen al cliente. Clientes como Puri Molina, quien entiende la probable subida de precios. Sin embargo, cree que la gente seguirá acudiendo a los bares, lugaresde encuentro de grupos de amigos y familias. «La gasolina, la leche, la electricidad... Todo sube menos los sueldos», se lamenta la vecina de Bonavista.

La pandemia puso las cosas complicadas a mucha gente por todo el mundo. Ahora, la guerra de Ucrania ha provocado un efecto dominó que ha llegado hasta las terrazas de los bares. Irfan Sajjad, de Los Maños, al lado del mercado de Bonavista, no ha tenido que comprar aceite desde el inicio de la guerra, pero esta semana tendrá que hacerlo. Hasta ahora, ha mantenido los mismos precios a la carta, pero teniendo en cuenta la realidad actual, se plantea un aumento con el fin de seguir obteniendo beneficios. «El aceite lo necesito casi para todos los platos y tapas, en cuantolos costes repercutirán en el precio», explica. Algunas de las estrategias que utiliza son las ofertas. Actualmente, ofrece media ración de calamarcitos, bravas, boquerones y calamares en la romana y tres cañas porun total de 20,50 euros.

Unas calles más abajo, Manuel Gómez atiende a los clientes a su negocio, el Bar Gómez. Él, que sirve tapas los domingos, también se plantea una subida de los precios: «El cliente no tiene la culpa, evidentemente, pero tarde o temprano lo tendremos que hacer porque acabaremos perdiendo dinero». El coste de la cerveza y otros refrescos ya subió en enero, pero no tuvo consecuencias en el precio de sus comidas, según explica Manuel. Mientras tanto, en el Hogar de la Juventud, donde decenas de amigos y familias se congregan en la barra para disfrutar de la jornada dominical, también José Ramón Marqués espera una inevitable subida de los precios y lamenta que el gobierno no los ayude en estos momentos tan difíciles. La covid-19 los obligó a reducir los horarios de apertura. Ahora, no abren entre semana a las tardes. «Viene menos gente desde el inicio de la pandemia, no nos sale a cuenta», sentencian desde el Hogar de la Juventud.

Sube el pan

Al entrar en la Cafetería-Pastelería Rosa, las fosasnasales enseguida detectan aquel olor tan característico del pan, de las pastas y pasteles, del café... Tras el mostrador, está Rosa Maria Farnos Marsal, quien ya ha sido obligada a subir los precios de sus productos, una circunstancia que le ha hecho perder clientes. Para paliar lo que paga de luz, toma medidas como apagar algunos congeladores a ratos y trasladar los productos del interior a otro de más mayor. «Yo utilizo más aceite de oliva que de girasol, pero también se ha disparado, antes me valía 3,35 euros el litro y ahora me gasto unos 4 euros», añade. Farnos lamenta que el pan, la gasolina y la cuota de autónomos también sean cada vez más caros: «Si pudiera cobrar el paro, seguramente ya habría cerrado. Porque, además, para nosotros está siendo peor la guerra que la pandemia», concluye.

El aumento del precio de tantos bienes y servicios está obligando los bares a hacer malabares con el fin de obtener beneficios sin perjudicar a los clientes. Al fin y al cabo, los mismos clientes y los hostaleros comparten un objetivo: que sentar con los amigos a hacer un vermú sea asequible para todo el mundo.

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