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MOVILIDAD

La crisis de movilidad dispara el coche compartido en Tarragona y Reus

El servicio de BlaBlaCar lleva una semana rompiendo récords de usuarios en Cataluña y su actividad subió un 60% entre el 21 y el 25 de enero

Personas mirando los paneles informativos de los horarios de Alrededores a la estación de Sants.

Personas mirando los paneles informativos de los horarios de Alrededores a la estación de Sants.Albert Hernàndez Ventós

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La crisis de movilidad en que está sumida Cataluña ha empujado a muchos ciudadanos a buscar alternativas al tren y al refuerzo de autobuses activado y ha disparado hasta un 60% la demanda del coche compartido, mientras que el puente aéreo Barcelona-Madrid vuelve a recobrar fuerzas.

El servicio de BlaBlaCar, que hace posible que personas que no se conocen se organicen para viajar juntas, lleva una semana rompiendo récords de usuarios, especialmente durante la semana negra que siguió al accidente mortal de tren en Gelida (Alt Penedès), que tuvo lugar el 20 de enero.

Así, entre el 21 y el 25 de enero, la actividad de BlaBlaCar subió un 60% en comparación con la semana anterior, un incremento que impactó sobre todo en los viajes de corta distancia, de menos de 75 kilómetros, según datos facilitados por la compañía a EFE.

Barcelona, Valencia, Lleida y Tarragona, los destinos

Barcelona, Lleida, Tarragona, El Prat de Llobregat (Baix Llobregat) y Reus (Baix Camp) fueron los principales lugares de origen de estos viajes y los de destino fueron Barcelona, Valencia, Lleida, Tarragona y Castellón.

El conductor que quiere compartir trayecto publica su plande viaje en la plataforma de esta compañía y consigue voluntarios para llenar las plazas del coche que tiene libres.

Esta solución, pensada para ahorrar costes en los viajes, ha adquirido más relevancia en un momento en que la caída total o parcial del servicio de Rodalies ha generado una gran incertidumbre a los usuarios a la hora de desplazarse.

El puente aéreo, otra opción

El caos ferroviario, que también ha salpicado el AVE por las limitaciones de velocidad, ha insuflado también nueva vida en el puente aéreo que une Barcelona y Madrid, un servicio que antes de la irrupción del alta velocidad vivió su época de oro y que perdió protagonismo por falta de competitividad.

Iberia mantiene 14 vuelos diarios entre Madrid y Barcelona por sentido, con precios que se mueven estos días en torno a los 200 euros para trayectos de ida y vuelta.

Las odiseas de los viajeros

Mercedes es una de las usuarias del tren que, después de una «mala» experiencia en un trayecto en AVE la semana pasada, asegura que se plantea si sus próximos viajes serán en avión, según ha explicado a EFE.

El AVE en el que se subió el viernes pasado a las 11:48 horas en Santiago de Compostela llegó a Madrid, su destino, con más de tres horas de retraso, pasadas las 18 horas. Allí hizo transbordo a otro AVE que también iba acumulando demoras y que acabó entrando a la estación de Sants muy pasada la medianoche.

«Durante el camino no paraban de decir por megafonía que la velocidad más lenta era por los trágicos sucesos de aquella semana, cosa que no hacía más que aumentar la psicosis de miedo de los pasajeros», ha dicho.

Otra de las usuarias del tren afectada estos días por los retrasos a la alta velocidad es Linda, que viajó en AVE este miércoles pasado de Barcelona a Madrid para unas gestiones administrativas y se encontró con que un trayecto de 2 horas y media se alargó 7 horas y 14 minutos a causa de las limitaciones de velocidad y al temporal de nieve de aquel día.

«El retorno a Barcelona fue mejor. Sólo llegamos con una hora y cuarto de retraso», ha explicado a EFE.

Repunte de la ansiedad

Otra consecuencia directa del caos ferroviario de Rodalies es el repunte de la ansiedad de los viajeros habituales de este servicio: un poco más 400.000 personas, de las cuales un número indefinido no dispone de medios para buscar alternativas.

El investigador del departamento de Psicología de la Universidad Rovira i Virgili (URV) Sergi Martín-Arbós ha explicado a EFE que, con independencia de cada circunstancia, «es evidente que la incertidumbre (por la falta o no de trenes) es un elemento estresante que condiciona mucho el día a día».

«Son situaciones inesperadas y no tenemos claro cuál será su repercusión o cómo nos pueden perjudicar, especialmente si nos afecta en el ámbito laboral, porque no sabemos cuál será el nivel de comprensión de nuestros jefes o como afectará en el trabajo que tenemos que hacer», comenta el investigador de Psicología.

El mal funcionamiento del servicio ferroviario comporta también una crisis de confianza de la población en el transporte público. «Si las instituciones pierden credibilidad, de poco servirán las actuaciones que puedan hacer o las recomendaciones que dicten. Si la gente no cree en ellas, no les harán caso», asegura.

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