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«Teletrabajar no es la solución mágica»: el coste emocional de depender de Rodalies

Un estudio de la URV con 900 encuestas analiza el impacto de las incidencias ferroviarias en la salud mental de los usuarios

Una trabajadora de una fundación social muestra el abono gratuito

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Poco se imaginaba Lorena, trabajadora de una fundación social de Barcelona, que cambiar de ciudad para ganar calidad de vida acabaría obligándola a renunciar a la presencialidad laboral. Hace cuatro años se trasladó a Reus buscando una mejor conciliación, pero las incidencias constantes del servicio de Rodalies —retrasos, falta de información e incertidumbre— la empujaron a optar por el teletrabajo.

Sin embargo, advierte que «no es la solución mágica» y lamenta el impacto que esta decisión ha tenido en su vida social y en su salud mental. Su testimonio forma parte de un estudio impulsado por la Universidad Rovira i Virgili (URV) que analiza, a partir de 900 encuestas, los efectos psicológicos del servicio ferroviario en sus usuarios.

Lorena tomó la decisión de marcharse de Barcelona para dejar de compartir piso con 47 años y conciliar la vida familiar y laboral. Después de estudiar las diferentes opciones de ciudades que tenían buena conexión con la capital catalana, escogió ir a vivir a Reus ahora hace cuatro años. «El primer año fui y volví cada día al trabajo en tren, más o menos bien, con sus casuísticas. Pero el último año ha sido horroroso», ha asegurado a la ACN.

La incertidumbre de los horarios, así como las incidencias recurrentes la forzaron a abandonar la presencialidad en la oficina. Uno de los puntos de inflexión que la vertieron a esta decisión fue el hecho de subir en coches de desconocidos para volver a casa cuando el tren los dejaba colgados en estaciones lejos de casa. «Al final confías porque todos estamos en la misma situación, pero es insoportable», ha añadido.

Para Miguel, la opción de teletrabajar «no ha sido la solución perfecta» para mantener el trabajo. De hecho, lamenta el impacto negativo que ha tenido en su red social, así como los efectos que ha provocado en su salud mental. Ahora, después de un año sin pisar la oficina, tiene previsto asistir a unas reuniones presenciales la próxima semana que le comportarán tener que volver a coger el tren y buscarse dónde pasar la noche en Barcelona, ya sea pidiendo favores a amigos o bien pagando una estancia en un hotel. Todo se suma al hecho de que a pesar de tener una formación académica que le permitiría dedicarse laboralmente a otro sector, la búsqueda de trabajo no ha sido fructífera en el Campo de Tarragona.

Con todo, Miguel reivindica que el suyo no es un problema individual, sino que la movilidad representa una cuestión colectiva que hay que defender de forma común. Es por eso que ha hecho un llamamiento a la participación de la manifestación convocada por diferentes plataformas de usuarios de tren y que pretende poner de manifiesto la «desinversión sistemática» a las infraestructuras ferroviarias.

900 casos en estudio

El caso de Lorena es uno de los 900 que el departamento de Psicología de la Universidad Rovira y Virgilio analizará en el marco de un estudio para conocer el impacto que tienen las incidencias ferroviarias en la salud mental de los usuarios. La fase de recogida de testimonios finalizó en septiembre, con participantes de toda Cataluña.

A través de cuestionarios, las personas han podido compartir sus experiencias vitales relacionadas con el servicio de Rodalies. A partir de aquí, está previsto que se extraigan las variables que permitan cuantificar aspectos que son más abstractos, como la angustia, la ansiedad o la depresión.

Aunque todavía no se han extraído las conclusiones del estudio, el profesor de Psicología Sergi Martín-Ambrós ha señalado a la ACN que ya están viendo tendencias que se repiten, como es el caso de la diferencia entre los usuarios que utilizan el tren diariamente con los que no son pasajeros habituales. «Las personas que más lo utilizan dicen que tienen más ansiedad y depresión. Muestran más hostilidad, también más dificultades para descansar. Todos los indicadores tienen un patrón muy similar en este caso», ha remarcado.

Un problema que afecta colectivamente

La previsión es que a finales de este primer trimestre de 2026 se obtengan los primeros resultados, con los que esperan promover un reconocimiento del malestar que sufren los usuarios del tren y al mismo tiempo, ser una herramienta a tener en cuenta a la hora de tomar decisiones que afecten al funcionamiento del servicio ferroviario.

«Estamos hablando no tanto de problemáticas individuales, sino de un problema social que tiene un efecto sobre la salud mental. Eso nos permite cambiar un poco la mirada sobre la salud mental y tener en cuenta que no todo depende del individuo, sino que los condicionantes que nos encontramos a nuestra vida al final nos afectan de una manera o de otra», ha cerrado Martín.

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