CARNAVAL
Sus Majestades se someten a un juicio sin censura ni piedad
La Reina Carnestoltes y su Concubí fueron condenadas al fuego esta noche

Imagen de la primera sesión del Juicio de la XLIII Reina Carnestoltes y su XXX Concubí, que tuvo lugar en la sala de plenos del Ayuntamiento.
Hay refranes que siempre acaban cumpliéndose. A cada cerdo le llega su Sant Martí, y a la Reina Carnestoltes y a su Concubí los llega el lunes de Judici. Ayer, entre togas y pelucas, en el salón de plenos del Ayuntamiento la fiesta empezó a ajustar las cuentas con ella misma, con la pareja real asumiendo, un año más, el papel de acusados oficiales.
El ujier Baptista abrió paso al ilustrísimo Just Injust, que antes de entrar en materia ya advertía que el procedimiento sería «desproporcionado, infame y antidemocrático». Y así, con esta declaración de intenciones, se abría la sesión. Sus Majestades comparecieron con las manos atadas, pero sin dejar de bailar al ritmo de Carnaval, Carnaval, desfilando hacia el banquillo de los acusados como si se tratara de una rua más.
Acto seguido, Baptista presentaba a un jurado más bien controvertido. Este año los encargados de deliberar serían, ni más ni menos, que las mascotas de dos conocidos parques de atracciones: Mickey Mouse y Woody Woodpecker. El ratón entraba con actitud alegre la sala, mientras que el pájaro lo hacía entre abucheos. «El Pájaro Loco también cobra poco», coreaba un grupo de «manifestantes» que interrumpían el proceso, en una nueva pulla al «parque de aquí al lado» y a sus polémicas recurrentes.
La primera testigo, Paoli Nesia, trabajadora de este mismo recinto, acusaba a la Reina y a la Concubí de haberse «chivado», por «pura envidia», de la temática forzosamente descartada de la Colla La Bóta al gerente de un bar del parque, iniciando así el proceso legal que acabó precozmente con el concepto inicial de «Mort Aventura».
El segundo testigo no se presentó, pero Maria Trapella se ofrecía rápidamente voluntaria con una indignación acumulada. «¡Vivo en Rovira i Virgili y estoy harta de no poder aparcar entre semana!», declaraba. ¿Su denuncia? El fenómeno del «petó i adeu».
Según ella, la Reina y el Concubí habían decidido romantizar las despedidas escolares, eliminando zonas verdes de aparcamiento para instaurar espacios donde los padres, en lugar de despedirse rápido, se recreaban como si fuera una escena de telenovela. «¡Un beso y tres hostias les metería!», lanzaba.
Finalmente, Pere Xiulet comparecía con una teoría contundente sobre la polémica ZBE. «Los gases no son de los coches, son reales», aseguraba. La acusación era clara: «Sus Majestades son unos pedorros». En medio del caos, el juez recibía una llamada inesperada de Donald Trump y seguidamente era escoltado fuera de la sala por unos hombres de negro.
La inesperada deportación no paró la sentencia, y, naturalmente, la XLIII Reina Carnestoltes y su XXX Concubí fueron declarados culpables de todos los cargos. Sus Majestades serán quemadas esta noche en la Plaça de la Font, poniendo punto final al Carnaval.