SOCIEDAD
«La mutilación es una práctica muy dolorosa, a menudo hecha sin anestesia ni las herramientas adecuadas»
La Asociación de Mujeres Africanas de Tarragona sensibiliza y acompaña a las víctimas de mutilación genital femenina

Mariama Thioube, presidenta de l'ADAT
Durante el 2025 los Mossos atendieron a seis menores que podrían haber sido víctimas de la mutilación genital femenina y dos chicas que ya la habían sufrido antes de llegar al país, datos que demuestran que esta práctica no es ajena a Cataluña.
El viernes pasado, la Asociación de Mujeres Africanas de Tarragona conmemoraba el Día Internacional de la Tolerancia Cero contra la Mutilación Genital Femenina con una conferencia internacional con varias organizaciones catalanas y africanas.
La entidad, sin embargo, dedica todo el año a la divulgación y el acompañamiento de víctimas. «Sensibilizamos mucho sobre las consecuencias que tiene, tanto sobre la salud corporal como sobre la salud mental», explica su presidenta, Mariama Thioube.
Unas consecuencias que, según remarca, van mucho más allá del momento en que se produce la mutilación. Así lo explican en varias charlas y encuentros en su local, donde hablan abiertamente de esta práctica y de su impacto.
«Mucha gente todavía no sabe realmente qué implica, o piensan que tiene que ver con la religión, y eso es totalmente falso. Ninguna religión autoriza eso. Se trata de una cuestión cultural», asegura la presidenta.
Más allá de la sensibilización, la asociación ofrece un acompañamiento clave a víctimas y menores en riesgo. «Muchas todavía no hablan castellano y necesitan traducciones para trámites médicos o legales. También damos apoyo a otras entidades que se dedican al asesoramiento en estos ámbitos», indica.
Desgraciadamente, el tema todavía es tabú, y muchas afectadas no se animan a compartir sus experiencias. «Tienen vergüenza. Hay varias mujeres mutiladas dentro de la entidad, pero ni ellas mismas saben cuáles son las otras. Sería muy beneficioso romper el estigma, porque hablar podría ayudarlas mucho», afirma.
Este silencio también afecta a la salud mental, un aspecto a menudo invisibilizado. «En general, en África no se le da mucha importancia, y eso es un problema» señala Thioube. «Muchas chicas están traumatizadas. Es una práctica muy dolorosa, a menudo hecha sin anestesia ni las herramientas adecuadas», apunta.
Aun así, está normalizada en sus países de origen. «Si no estás mutilada, te pueden rechazar. Te hacen creer que estás sucia, que no puedes cocinar para los otros», dice. La presidenta recuerda el caso de una niña que llegó a suplicar a sus padres que la mutilaran porque era rechazada por las otras niñas. «No querían jugar con ella en la escuela», recuerda.
Cuando estas mujeres llegan a Cataluña, el choque es profundo. «Aquí descubren que eso es violencia, que es ilegal, y eso genera mucha confusión. Allí huían del rechazo y ahora lo vuelven a temer», expone.
En Cataluña existen protocolos para proteger a las menores en riesgo, especialmente antes de viajar a los países de origen. «Los padres tienen que llevar a las niñas al médico antes de marcharse y firmar un compromiso, y después hacer otra revisión al volver», explica la presidenta.
Sin embargo, considera que todavía queda mucho camino por recorrer. «Para conseguir la erradicación hace falta ir a la raíz, allí donde se hace, sensibilizar a la gente y mostrar las consecuencias reales», concluye.