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Música

Revisitar a Verdi para abrir puertas a la ópera

La producción del Gran Teatre del Liceu, en la que ha colaborado la Fundació Òpera Catalunya, llevó el pasado sábado 'La jove Aïda' al Teatre Tarragona, con una tecnología de vanguardia y con una misión divulgativa para iniciar la gira por todo el país

Una 'Aida' contemporánea y divulgativa pasó el pasado sábado por el Teatre Tarragona pensada para nuevos espectadores.

Una 'Aida' contemporánea y divulgativa pasó el pasado sábado por el Teatre Tarragona pensada para nuevos espectadores.Ariadna Escoda / ACN

Joan Lizano Rué

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El pasado sábado, el Teatre Tarragona acogió una nueva representación de La jove Aïda, una reinterpretación de la ópera de Verdi impulsada por el Gran Teatre del Liceu, con la colaboración de la Fundació Òpera Catalunya, con el objetivo explícito de acercar el género operístico al público infantil y juvenil. La producción, concebida como una ópera dentro de otra ópera y vinculada a un proyecto educativo en el que han participado cientos de alumnos, pretende traducir los grandes temas de Aida a un lenguaje contemporáneo marcado por la realidad virtual, los videojuegos y una estética retrofuturista.

Ya antes de comenzar resultaba evidente este planteamiento. En la sala sonaba una versión digitalizada de la danza de los pequeños esclavos moros, de la partitura del maestro italiano, mientras el público —alrededor de doscientas personas, en una sesión matinal bastante concurrida para público familiar— se acomodaba. Los siete músicos ocupaban el escenario sin foso, distribuidos en los laterales, con una gran pantalla al fondo que permanecería presente durante toda la función. El ensemble de la Orquestra Simfònica del Vallès estaba formado por Andrea Beatrice Duca (violín), Joan Palet (violonchelo), Marta Torres (flauta), Rubén Raimundo (clarinete), Jofre Baiget (trompa), Íñigo Dúcar (percusión) y Joan Espuny (piano).

La dramaturgia sitúa a Aina, una joven desarrolladora, dentro de una realidad virtual creada por ella misma. Progresivamente asume el papel de Aida mientras intenta modificar el destino de los personajes de la obra original, en un juego constante entre ficción y realidad que articula el espectáculo. Rosa Maria Abella defendió el doble rol con una voz agradable y expresiva, especialmente en fragmentos adaptados al catalán como Celeste Aida —que canta Radamès en la obra original— o Ritorna vincitor!. A su lado, Joan Garcia Gomà construyó un Ramon/Amonasro cercano y a menudo cómico, con referencias incluso sindicales, claramente pensado para conectar con el público joven. Arnau Torres ofreció un Radamès vocalmente solvente pero escénicamente algo rígido, mientras que Yasmin Forastiero resolvió con seguridad el papel de Amneris. Cabe mencionar que los artistas vocales cantaron y hablaron durante la obra con microfonía, dejando la incógnita de cómo sonarían sus voces sin la tecnología de por medio.

La música combinó fragmentos fácilmente reconocibles de Verdi —aunque el público no identifique necesariamente el nombre o el compositor— con adaptaciones y texturas electrónicas. Sin la tradicional batuta dirigiendo, fue a menudo el teclado quien articuló el conjunto. El enfoque no fue el de la grandilocuencia a la que llega en algunos momentos la partitura italiana, sino el de buscar la proximidad con el espectador, especialmente mediante arreglos accesibles y algunos pasajes puntualmente más dinámicos para subrayar —y acompañar— la tensión escénica.

Visualmente, la tecnología tuvo un papel central. Proyecciones digitales de imaginario egipcio, colores cambiantes en los espacios de los músicos, bloques escénicos que funcionaban como escaleras o pantallas y una narrativa claramente inspirada en el videojuego sostuvieron el relato. Un momento especialmente eficaz llegó cuando Aida y Amneris simularon una lucha con estética de videojuego, al estilo Mortal Kombat, mientras cantaban su rivalidad amorosa. También resultó ingenioso el Radamès convertido en un personaje poco jugable mientras Aina intentaba convencerlo de no ir a la guerra.

Adaptación en catalán

El texto, cantado en catalán y a menudo rimado, explicó el argumento con claridad y lenguaje juvenil, con referencias a TikTok o al k-pop. Todo ello reforzó el carácter divulgativo de una producción que, sin renunciar al núcleo dramático verdiano —amor, honor, traición y destino—, buscó sobre todo despertar la curiosidad.

El equipo creativo de la producción incluye a Jordi Casanovas, Marian Márquez y OnionLab en la creación; Márquez firma también la adaptación y composición musical; Casanovas asume dirección de escena y dramaturgia; OnionLab la dirección artística visual y el diseño escenográfico digital; Dani Perpiñán la dirección musical; el vestuario es de OnionLab junto a TXU Studio y Joana Poulastrou, y la iluminación de Laura Iturralde.

Hacia el final se recuperó el tono trágico original con la despedida de los amantes y la muerte compartida, antes de que Aina regresara a la realidad con un discurso sobre las emociones y la ficción. Los cantantes bajaron por los pasillos para acercar aún más el espectáculo al público.

Los aplausos, con bravos efusivos, confirmaron una recepción cálida. Sin sustituir la experiencia operística tradicional, La jove Aïda mostró la voluntad de acercar el género al público joven con lenguaje contemporáneo, en una propuesta globalmente muy bien resuelta. Y, para volver al original, siempre merece la pena escuchar las Aida de Solti (1961, Price-Vickers) y Muti (1974, Caballé-Domingo), dos referencias eternas.

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