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ENTREVISTA

Herbert Genzmer: «'Azul de medianoche' explora y desnuda el lado oscuro del sueño americano»

El escritor alemán afincado en Tarragona revisita, veinte años después, esta novela negra con su propia traducción al castellano

Imagen del escritor Herbert Genzmer con su novela ‘Azul de medianoche’.

Imagen del escritor Herbert Genzmer con su novela ‘Azul de medianoche’.Tjerk van der Meulen

Marta Omella
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Tarragona

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¿‘Azul de medianoche’ nace de una experiencia real? ¿Qué lo llevó a escribir esta historia?

«La inspiración viene de una persona que conocí cuando vivía en California. Era una chica de Alaska que hacía de au pair y que soñaba en pasar temporadas pescando en el mar del norte. A través de ella entré en contacto, aunque fuera de manera tangencial, con todo un mundo de jóvenes que vivían en la calle: surfistas, chicos y chicas de doce, trece o catorce años, todos con historias muy duras pero también con grandes sueños. Me impresionó mucho este contraste entre aspiraciones enormes y vidas completamente desestructuradas».

¿Diría que estos jóvenes son, de alguna manera, el alma del libro?

«No son los protagonistas de la historia como tal, pero el libro está lleno de pequeñas biografías, de fragmentos de vidas rotas. Alguien dijo que la novela muestra ‘el lado oscuro del sueño americano’, y creo que es una definición muy acertada».

¿Ha conocido este lado oscuro, durante sus años en los Estados Unidos?

«He vivido casi trece años allí, he estudiado y trabajado en varias universidades, dentro de un mundo privilegiado donde casi te olvidas de que existe una América profundamente brutal. Es un país de contrastes extremos: puedes tener un premio Nobel en el despacho de al lado y, al mismo tiempo, una ignorancia aterradora a pocos kilómetros».

La novela también se ha definido como una ‘road movie al límite de la realidad’. ¿Qué significa, para usted, este límite?

«A menudo pensamos que la ficción exagera, pero mi experiencia es que la realidad es mucho más extrema que cualquier novela. Aquí no hay dragones ni mundos fantásticos: hay familias destruidas, violencia machista, abusos... Lo que hace el libro es desnudar esta realidad, mostrarla sin filtros».

La protagonista canaliza el trauma a través del arte, pero también a través de la violencia. ¿Por qué le interesaba explorar esta relación?

«Lo que me interesa, en realidad, es la creatividad. Siempre me he preguntado por qué alguien escribe, pinta o compone música, por ejemplo. Si yo no escribo este libro, no existe. Esta es la clave: la creatividad es profundamente individual. En esta historia, la protagonista transforma su trauma en una pulsión creativa extrema. Es una fabulación, pero me servía para explorar hasta dónde puede llegar esta necesidad de crear».

En el libro aparece la figura de Al Capone como mito. ¿Qué papel juega?

«Al Capone representa un universo sin moral. Es un criminal, pero ha sido convertido en un icono. En la novela, el mito sirve para explicar cómo se puede justificar cualquier cosa si construyes bien el relato. Y eso, cuando lo he releído ahora, me ha parecido inquietantemente actual».

Cierto, el libro lo escribió hace veinte años en alemán y ahora lo ha traducido al castellano. ¿Cómo ha sido esta experiencia?

«Yo no diría que lo he traducido, sino que lo he reescrito. Cada lengua tiene un mundo cultural diferente y el libro cambia, es la misma historia, pero tiene un color diferente. Lo que más me ha sorprendido es como de actual es. Cuando lo releí, pensé, ‘esto es América hoy’. Es una novela relativamente antigua pero, al mismo tiempo, completamente contemporánea. Más, incluso, que cuando la escribí».

¿Es por eso que decidió publicarla de nuevo?

«Es el libro preferido de mi hija, fue ella quien me dijo que tenía que hacerlo, pero creo que tuvo una buena idea».

¿Qué espera que sienta el lector cuando cierre el libro?

«Quiero impactar. No quiero una lectura cómoda, quiero que sea una ducha de agua fría, un golpe de realidad. También me gustaría que el texto se transformara en imágenes en la cabeza del lector, como si viera una película. Si consigo eso, ya me doy por satisfecho».

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