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El tarraconense que está a punto de completar la vuelta al mundo a vela: «Me hace ilusión, pero también pena»

Urbano Rifaterra prepara la recta final de la ruta, iniciada por etapas hace casi ocho años

Imagen de Urbano Rifaterra con la tripulación del Miuroc Tu en una de las etapas de la vuelta al mundo.

Imagen de Urbano Rifaterra con la tripulación del Miuroc Tu en una de las etapas de la vuelta al mundo.CEDIDA

Marta Omella
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Tarragona

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Desde Tarragona hasta el Pacífico y el océano Índico, pasando por América y el sureste asiático. Después de casi ocho años, Urbano Rifaterra está a punto de completar una vuelta al mundo a vela por etapas. El arquitecto tarraconense inició el proyecto en 2018, después de tres décadas navegando por el Mediterráneo y dos travesías del Atlántico.

Si todo va según lo previsto, la aventura llegará a su fin este año. «Paso una temporada en el mar y después dejo el barco en un puerto del último destino. Cuando empieza la siguiente etapa, reanudo la ruta desde allí. Entre una y otra, hago vida normal», explica.

Los viajes los hace con su velero, el Miuroc Tu, de 17,5 metros de eslora. «Está lo bastante bien, aunque en el mar parece muy pequeñín», dice. La embarcación ha hecho un recorrido impactante. Saliendo de Tarragona, Urbano ha navegado por Marruecos, Cabo Verde, el Caribe, las islas Galápagos, la Polinesia Francesa, Fiyi, Vanuatu, Australia, Indonesia... y un largo etcétera.

Actualmente, su barco se encuentra atracado en Omán, desde donde afrontará la penúltima fase de la travesía, que arrancará durante el mes de marzo. Se trata, también, de una de las más delicadas, ya que para llegar a Egipto la nave tendrá que cruzar zonas marcadas por conflictos armados y piratería.

El Miuroc Tu es un velero de 17,5 metros de eslora.

El Miuroc Tu es un velero de 17,5 metros de eslora.Cedida

El trayecto pasará por delante de las costas del Yemen y Somalia, con una parada en Yibuti, antes de entrar en el mar Rojo. «Es una etapa compleja. Es una zona muy vigilada, pero también muy inestable», apunta. «Los barcos pequeños no suelen ser objetivos prioritarios, diría que desde el 2010 no ha habido asaltos a veleros particulares», señala.

Además, admite entre risas, el peligro mayor no siempre viene de fuera. «Si me preguntas qué es lo más difícil de un barco, no son las tormentas ni la piratería, sino la convivencia», asegura. «Compartir un espacio reducido con cuatro o cinco personas durante semanas puede ser duro... Se necesita mucha paciencia y escoger a los compañeros adecuados», añade.

La tripulación ha ido variando a lo largo de los años. Algunos amigos, explica, han repetido varias etapas, como Joan Miquel Nadal, exalcalde de Tarragona, mientras que en otras ocasiones ha navegado incluso con personas desconocidas contactadas a través de plataformas de ‘barcostop’. El único tripulante que ha completado todas las etapas, sin embargo, es Rifaterra.

Eso lo ha dejado con una larga lista de anécdotas y recuerdos. No todos son bonitos. «La travesía de Panamá a la Polinesia Francesa fue la más exigente. Estuvimos veinticinco días sin tocar tierra, en plena pandemia de la Covid, sin ningún tipo de contacto con nuestras familias. Encima, diez días antes de llegar un compañero se rompió el brazo después de ser arrastrado por una ola», relata. Los grandes paisajes, en cambio, hacen que todo valga la pena. «Las islas de Los Roques, San Blas, Tailandia... Hay muchísimos lugares que se han quedado conmigo», reconoce.

Unos meses después de que el Miuroc Tu llegue a Egipto, empezará su última etapa, con Chipre como destino final. «Por una parte, tengo ganas de acabar, pero también me da lástima, porque ha sido una experiencia muy bonita», confiesa. En su despacho de arquitecto, explica, no cuelgan planos, sino un gran mapa del mundo con la ruta marcada. «Cada vez que levanto los ojos, recuerdo todo lo que ha pasado y pienso ‘qué suerte, haber vivido esto'», dice.

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