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Adrenalina, creatividad y mucha magia navideña en el Parc de Nadal de Tarragona

Los niños estrenan el año jugando en el 'Parc de Nadal dels Impossibles', instalado en el recinto ferial del Palau Firal i de Congressos hasta el 4 de enero

Imagen de la pista de hielo instalada en el exterior del 'Parc de Nadal dels Impossibles'.  Imagen del circuito de conducción ‘City Cars’.

Imagen de la pista de hielo instalada en el exterior del 'Parc de Nadal dels Impossibles'. Imagen del circuito de conducción ‘City Cars’.TJERK VAN DER MEULEN 

Marta Omella
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Tarragona

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Talleres, inflables, pintacaras, espectáculos... El Parc de Nadal de Tarragona se ha convertido, un año más, en el espacio preferido de muchos niños y niñas que cada día hacen cola delante del recinto ferial de la ciudad para pasar estas fiestas de la mejor manera posible: jugando.

Ayer no fue ninguna excepción. Si bien el espacio se permitió una mañana de descanso después de dar la bienvenida al nuevo año, minutos antes de las 17 h ya había recuperado su habitual hilera. Los niños escaneaban el recinto con la mirada, escogiendo su primera parada. A algunos no les hacía falta investigar mucho, preguntando rápidamente por su talla de patines para correr por la pista de hielo instalada justo detrás de la entrada, o se añadían a una nueva cola para subir en el trineo animado. Los más atrevidos sabían exactamente dónde ir, quitándose rápidamente los zapatos para subir a los juegos inflables.

En el interior, el olor de palomitas y tres renos cantores daban la bienvenida a los niños que se decantaban por aquellas propuestas más creativas y las familias que huían del frío de enero. El espacio de circo se convertía rápidamente en una de las actividades más concurridas, donde los pequeños tenían la oportunidad de convertirse en auténticos equilibristas mientras los padres inmortalizaban el momento con sus teléfonos móviles. «La verdad es que está todo mucho chulo. La decoración es muy bonita y a él todo eso del circo le gusta mucho, así que se lo está pasando ‘pipa’», decía Tamara Bermudó mientras Ender, su hijo, atravesaba una cuerda floja con la ayuda de una monitora.

A pocos metros, la Fira dels Impossibles ofrecía ilusiones ópticas y juegos visuales que despertaban la curiosidad de mayores y pequeños. «Mi preferida es la de la mano y el sombrero», afirmaba la Aixa Antequera, de once años. Los jóvenes también podían jugar a «ir al mercado», adentrarse en el patrimonio romano en el Espacio Tàrraco, o incluso convertirse en ciclistas profesionales pedaleando en bicicletas estáticas con pantallas que reproducen etapas del Tour de Francia. «Es muy divertido. Mi parte preferida son los inflables ‘Wipeout’», decía Hugo Camarasa, de nueve años, mientras esperaba su turno para pintarse la cara de reno. «Mañana quiero volver», añadía.

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