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Una tortilla de patatas y una videollamada de la NASA: la ingeniera tarraconense que quiere llevar la 'Esperanza’ a la Luna

María Jesús Puerta ha ganado el concurso LunaRecycle de la NASA

Imagen de la ingeniera de minas María Jesús Puertas.

Imagen de la ingeniera de minas María Jesús Puertas.Tjerk van der Meulen

Marta Omella
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Tarragona

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Hace casi 56 años que el hombre pisó la Luna por primera vez, un momento histórico que la NASA tiene intención de repetir pronto. Con la misión Artemisa III, prevista para 2027, la agencia espacial pretende volver a dejar huella en el satélite, pero no basura. Si bien el concepto de reciclar en la Luna puede parecer ciencia-ficción, es un reto muy real en el cual una tarraconense ha sabido dar respuesta. Se trata de la ingeniera de minas María Jesús Puerta Angulo, que hace una semana ganó el concurso de la NASA LunaRecycle Challenge. Lo hizo con el proyecto Esperanza, un gemelo digital basado en inteligencia artificial que plantea un sistema circular para gestionar y reutilizar los residuos en la Luna, convirtiéndoles en materiales como metales, plásticos, combustibles y hormigón celular.

«Soy ingeniera de minas, así que el tema de los minerales lo domino bastante. Además, el proyecto está basado en datos reales de la NASA, recogidas durante misiones lunares anteriores,» apunta. Así y todo, explica, el reto mayor ha sido trabajar sobre una simulación. «No es fácil, porque no sabes si aquello que estás haciendo después funcionará, ya que no tienes manera de asegurarte al 100%», señala. A pesar de estas dudas, Puerta ha conseguido que Esperanza fuera seleccionado entre ni más ni menos que 1.200 propuestas procedentes de unos 80 países. Es, además, la única ganadora no estadounidense y de las pocas que se ha presentado en solitario.

La ingeniera siempre ha confiado en su proyecto, pero nunca se planteó la posibilidad de ganar. «Conocí el concurso hace unos ocho meses cuando la NASA empezó a promocionar el programa y me presenté como reto personal. Quería demostrar a mis hijos que su madre podía afrontar una prueba de estas características, especialmente trabajando sola», asegura. «Sin duda hubo momentos de flojera y pensaba Qué hago yo aquí un domingo?.’ Por eso compartí el proceso en las redes, así si lo dejaba me tenía que enfrentar a la vergüenza de admitirlo públicamente», dice entre risas.

Victoria sin recompensa

Afortunadamente, Puerta no abandonó, y hace justamente una semana recibió la noticia más sorprendente de su vida mientras hacía la cena. «Estaba cocinando una tortilla de patatas cuando me enviaron un mensaje de la NASA con el enlace a una videollamada. Me conecté y, de repente, anunciaron ‘Team Esperanza, Tarragona’. Yo me defiendo en inglés bastante bien, pero en aquel momento no entendía nada», relata. Después de la llamada, la ingeniera pudo confirmar su victoria.

Al mismo tiempo, sin embargo, también descubrió que los tres millones de dólares del premio sólo se concederían a equipos de los Estados Unidos. Ni me había pasado por la cabeza mirarlo. Nunca pensé en el premio económico porque no creía que llegaría tan lejos», admite. «La verdad es que yo estoy agradecidísima con la NASA por la oportunidad y el reconocimiento. Mi único objetivo era ser admitida y demostrar mi talento, el dinero nunca fue prioridad», asegura. Así y todo, reconoce, sí que echa de menos las ventajas que habrían llegado con una cantidad económica como esta a la hora de seguir desarrollando su proyecto.

A pesar de las dificultades, Puerta está decidida a continuar adelante y presentarse a la segunda fase del concurso, que abrirá inscripciones este julio. En esta, los participantes tendrán que desarrollar los prototipos propuestos. «Será necesario buscar financiación, pero tengo la convicción de que lo conseguiré», afirma. «De nuevo, ganar no es mi prioridad, pero ya no descarto la posibilidad ¿Por qué no? La idea es buena, y ahora por fin me lo empiezo a creer», comenta.

Un proyecto lleno de esperanza

El nombre Esperanza no es casual. De hecho, no es el primer proyecto con este nombre que ha creado María Jesús. El primero se dedicaba a la detección precoz del cáncer de mama, una enfermedad que ella misma vive. «Mediante también la inteligencia artificial podría analizar una fotografía de una biopsia e interpretar si contiene células malignas», explica. Así, cuando presentó esta nueva propuesta, aunque era muy diferente, quiso mantener el nombre. «Creo que es un buen mensaje, siempre se tiene que tener esperanza. Evidentemente, a la NASA tanto le da mi historia personal, pero para mí es una parte esencial del proyecto», concluye.

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