Diari Més

Una setentena de personas participan en una caminata para recordar y poner en valor la huerta de Tarragona

La presión urbana y el cambio de usos del sol agrícola han hecho que sólo quede un único productor de verdura

Un grupo de personas participan en el paseo por la huerta de Tarragona, junto al A-27.ACN

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Una setentena de personas han participado este sábado por la mañana en una caminata para recordar y poner en valor la huerta de Tarragona. A mediados del siglo XIX el regadío llegó a la zona del río Francolí y permitió el desarrollo del campesinado.

A lo largo de la segunda mitad del siglo XX la presión urbana por el crecimiento de la ciudad y las infraestructuras y el desarrollo de actividades industriales han hecho que este espacio haya pasado de más de 650 hectáreas de sol cultivable a tan sólo 125, la mayoría de las cuales están abandonadas. De hecho, en activo sólo quedan «cinco o seis productores» y sólo uno se dedica profesionalmente, ha explicado Josep Maria Huguet, presidente de la Comunidad de Regantes de las Huertas de Tarragona.

La cooperativa el Escamot, en el marco del programa de Comunalitats Urbanes financiado por el Departamento de Trabajo, ha organizado la actividad, de unos seis kilómetros de recorrido. «El espacio tiene una importancia a nivel patrimonial, ecológico e histórico, brutal,» ha comentado Lluís Delclòs, miembro del Escamot. Delclòs ha destacado que «todavía hay gente que vive allí y trabaja» y también que gestionan la infraestructura de la Comunidad de Regantes de las Huertas de Tarragona. Una entidad que si bien había llegado a superar los 150 miembros ahora a duras penas llega los 50.

El agua que gestionan proviene de una mina construida hace 162 años y que obtiene el recurso de cerca del Morell y en una canalización de siete kilómetros la reparte por el terreno. También se hicieron más de un centenar de pozos, en muchos casos separados 20 o 25 metros el uno del otro. «Este sol tiene un potencial agrícola todavía fuerte, pero no se le saca jugo», ha apuntado Delclòs.

Lo que queda hoy casi sólo es un recuerdo de todo el patrimonio agrícola tarraconense. Huguet lo vive con más nostalgia. Campesino y de familia campesina, ha rememorado que producían verdura que vendían en el mercado central de Tarragona. «Después vinieron expropiaciones y obras y nos tuvimos que marchar», ha comentado. «Hoy sólo desgraciadamente sólo vemos plásticos y cantos rodados, y en los que vivimos aquello nos hace picazón. Había avellanos cuidados, se hacía verdura... cuando ves esto de hoy el corazón se te cae al suelo. Es ir a dar un paseo por el cementerio», ha relatado. El presidente de los regantes también hace referencia a las numerosas barracas y construcciones precarias que hay, muchas hechas con residuos. Algunas tierras incluso están ocupadas y tal como se ha comentado durante la caminata, ha habido casos de compraventa fraudulenta de terrenos por parte de algunos ocupantes ilegales.

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