Diari Més

Marc Capdevila, escriptor

«No escribo para asustar a los fantasmas, me obsesiona que me lean»

El escritor osonenc es autor de ‘El observador de nubes’, la obra ganadora del XXVIII Premio Ciudad de Tarragona de novela Pin y Soler

Capdevila a la Casa Castellarnau, el passat dijous, dia en què va presentar el seu llibre a la ciutat.

«No escribo para asustar a los fantasmas, me obsesiona que me lean»Gerard Martí

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—Su libro es una narración en primera persona protagonizada por Jeici, un adolescente asocial y bastante ególatra. ¿Cómo ha vivido el ejercicio de ponerse en la piel y la voz de una persona así?

—No ha sido fácil. El mayor problema lo he tenido con el lenguaje porque, cuando me planteé el libro, pensé que quizás tendría alguna dificultad, pero no que sería tan complicado. No sólo porque es el lenguaje de los jóvenes, sino también porque este personaje usa un lenguaje de calle, y a menudo también de determinados grupos, como pueden ser los pijos o las xonis. Una de las cosas que he podido constatar es que el lenguaje de calle sigue estando dominado por el castellano y vi que, si quería sonar auténtico, tenía que utilizar registros castellanos.

—Usted es padre de tres hijas. ¿Lo ayudaron, a encontrar este tono?

—Sí, en algunas cosas, como por ejemplo expresiones del estilo golpearlo. Yo escribía «este la golpea», y ellas me decían «no, se dice ‘lo golpea’». Pero, por suerte, no han sido un referente del adolescente que retrato, porque como padre tendría una cantidad de trabajo si tuviera un hijo como Jeici.

—Jeici es un joven asocial, cínico y autocomplaciente, pero a la vez culto, leído y cinéfilo. ¿Cree que responde a un perfil que encontramos hoy día?

—No es un arquetipo, pero sí que pensé que es un tipo de adolescente que existe. Hay jóvenes así, introvertidos, o que tienen una gran pasión por el conocimiento. Quizás es una rara avis , pero también lo era el personaje de Salinger a El vigilante en el campo de centeno. Son los personajes un poco fuera del normal los que son literariamente interesantes.

—La acción pasa en Gavà, pero hay episodios ambientados a Detroit, una ciudad en decadencia urbanística, industrial y social. ¿Era el escenario perfecto para ubicar a este protagonista?

—La decadencia siempre me ha fascinado mucho, y estoy convencido de que Detroit es la ciudad más decadente del mundo. Es un espejismo de lo que fue, con barrios completamente desiertos, museos convertidos en parkings y escuelas abandonadas. Como Jeici se tiene que marchar a estudiar inglés, se me ocurrió que fuera a Detroit, porque además entiendo que la ciudad encaja mucho con su personalidad, también se siente fascinado por su decadencia.

—El protagonista finalmente encuentra el contrapunto en un abuelo casi centenario, que consigue ponerlo delante del espejo.

—Sí, es un hombre que estuvo en el campo de Mauthausen y que ha vivido de todo. El padre de Jeici lo obliga a hacer de voluntario e ir a ayudarlo. El crío quiere imponer su criterio, como hace con los padres y los amigos, pero se encuentra con un hombre que juega con su arrogancia y falta de empatía, y lo hace ir hacia donde quiere. Eso, al protagonista lo molesta mucho, pero a la vez le abre una visión de la realidad que nadie más le ha sabido dar. Lo hace pensar y dudar, pero sin cambiarlo: no quería un final feliz, el Jeici seguirá siendo un tipo asocial.

—En el discurso de la entrega de premios confesó que, con el premio, se ha liberado «de una mochila de 30 kilos que llevaba a la espalda», porque por fin ha dejado de ser «un escritor transparente». ¿Una de sus máximas ambiciones es ser leído?

—Hace más de veinte años que empecé a escribir. Después de ganar el premio Sebastià Juan Arbó pensé que todo sería más fácil, pero el mundo editorial es muy complejo. He pasado momentos de desánimo, pero desde muy joven he tenido ambiciones literarias. Me obsesiona que me lean, yo no soy de aquellos que escriben para asustar a los fantasmas, yo escribo para ser leído. Tengo dos novelas en el cajón y me queman. Considero que el Pin y Soler, que es uno de los premios más importantes del país, me pone en otro nivel, por el reconocimiento de un jurado formado por personas con muy de peso en el mundo literario. Hasta ahora me daba vergüenza decir que era escritor.

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