Diari Més

Creado:

Actualizado:

Hace poco tiempo acompañé al buen amigo Alejandro Fernández, presidente del PP de Cataluña, a visitar al actual abad del Real Monasterio de Santa María de Poblet, a quien él no conocía. Durante la tertulia, de tono coloquial y con un notable nivel intelectual, opté deliberadamente por guardar silencio y limitarme a la escucha activa. La conversación se centró, como era probable, en la actualidad política, poniendo el acento en el auge de la derecha en el escenario político global, y que Alejandro definió como “la revolución de la derecha”. De ese encuentro surgió la idea de este artículo de opinión y su titular.

El actual crecimiento político de la derecha, puede verse instalada en los gobiernos de diversos países, ya sea en formas de derecha moderada como, en menor medida, radical. Solo en la Unión Europea, cerca del 80 % de sus habitantes están gobernados por primeros ministros de derechas: un total de catorce países, de los cuales cinco lo están por partidos de extrema derecha, aparte podrían añadirse las coaliciones de gobierno conformadas con el apoyo de la derecha.

La progresión de esta derecha, encuentra su principal motivo en la desilusión de amplios sectores de la ciudadanía, en especial los más jóvenes. Tras una década de políticas impulsadas por gobiernos de izquierda, que suelen autodefinirse como progresistas, basadas más en dogmas que en certezas, ya sean en cuestiones económicas, de inseguridad, inmigración o soberanía. Políticas que no han sido capaces de mejorar la calidad de vida, ni tampoco la convivencia, generando un malestar persistente, al que se responde con un deseo de cambio mediante políticas de derechas.

El intervencionismo económico de la izquierda, grava desmedidamente los impuestos en el sector productivo y al propio ciudadano, en un afán recaudatorio que no se corresponde con las necesidades reales de los ciudadanos. Incrementa la creación de cargos públicos y de asesores que no son necesarios, así como gastos superfluos y de lujo, incrementando aún más una burocracia compleja y costosa que no justifica su gasto. Esto explica el auge de las ideas derechistas, concretamente entre los más jóvenes, preocupados por el futuro incierto que les espera, cómo podría ser un trabajo adecuadamente remunerado, que les permita emanciparse y adquirir una vivienda.

Uno de los ámbitos de la derecha que mayor aceptación despierta, es todo aquello relacionado con el orden, especialmente en lo que respecta a la seguridad pública: defendiendo la autoridad que el Estado debe ejercer, alejado de buenismos, haciendo cumplir estrictamente la ley, respaldando a las fuerzas y cuerpos de seguridad en su labor de garantizar los derechos de los ciudadanos.

Por otro lado, la inmigración ilegal se ha convertido en el eje central del debate tanto en España, como en muchos otros países, un asunto que, por su complejidad, es terreno abonado para la aparición de soluciones populistas, muy alejadas del debate sereno y realista que debe conducir a una inmigración legal, ordenada y humana.

Tampoco se escapa el soberanismo. En un viejo continente como Europa, el nacionalismo ha jugado un papel importante en su historia, llegando a una unidad en lo económico, pero no así en lo político, ante ello, la derecha apuesta por medidas estrictas para defender la soberanía de sus propios países, incluso la derecha radical plantea abandonar la UE. Este hecho se refleja también en España ante el independentismo, llevando a la derecha radical a pedir que desaparezcan las Comunidades Autónomas, considerándolas un foco de divisiones, desigualdades y enfrentamientos, poniendo en riesgo la unidad de España.

Las consecuencias de este escenario político pueden observarse ya en nuestro propio país. En España se percibe una mayor tensión política y un enfrentamiento cada vez más frecuente entre partidos, llegando, en algunos casos, a descalificaciones e insultos, que se alejan de la ética y la cortesía política. Este clima dificulta la posibilidad de alcanzar consensos o acuerdos que resulten positivos para la ciudadanía en general y, cómo no, para una convivencia pacífica.

Es curioso que sea precisamente Pedro Sánchez quien con sus actuaciones, más esté erosionando la convivencia democrática y el pacto constitucional, y sea él, quien precisamente advierta de los supuestos peligros de grandes acuerdos en la derecha española, un ámbito donde se practica el respeto a la Constitución, algo de lo que no pueden presumir la mayoría de los socios de su gobierno.

Estamos asistiendo a un proceso de reestructuración ideológica, dentro de los márgenes democráticos sobre los que se sustenta la Constitución Española, basado en la alternancia política, algo que a ciertos partidos les causa sarpullidos. Esa es la verdadera revolución de la derecha: la superación de la resignación y la voluntad de dotar a nuestro país de un gobierno justo, riguroso y estable.

tracking