Diari Més

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Seguramente algún coach jubilado ha aconsejado a la ministra Isabel Rodríguez que sonría mucho porque así tendremos más democracia. A ver, probad vosotros: todos tenéis un espejo en casa, excepto si sois lectores de la Rodoreda. (Aviso: gag para gafapastas). Id al lavabo, preferentemente con una americana rosa o beige. Haced primero ejercicios faciales, no sea que os coja una elongación grave de lengua. Ahora decid muy serios: «No aceptamos que se ponga en cuestión la calidad democrática de nuestro país». ¿Qué? ¿Verdad que no habéis notado nada en la habitación? ¿Habéis oído las voces de la escolanía de Montserrat? ¿La luz ha tomado una tonalidad cálida? ¿Han llovido flores? ¿Verdad que no? Ahora decíd lo mismo sonriendo, preferiblemente con los labios pintados de Yves Saint Laurent. Modificaremos un poco el discurso: «Hay asuntos que porque tratan de la seguridad nacional están protegidos por ley y son asuntos secretos». ¿Veis? ¡Cómo ha cambiado la cosa ahora, eh! ¿Habéis visto el rayo de luz que ha salido de los dientes de Isabel? Todo credibilidad y glamur.

Por último, os pido otro ejercicio. No sufráis que no es necesario que salgáis del váter. Levantad la tapa de la taza donde destomáis el café y el croissant. Os ponéis de rodillas, meted la cara dentro y gritad: «¡Eh, los de las cloacas, dejad de tocar los cojones!» Pueden pasar dos cosas: que no oigas nada o que recibas respuesta en forma de una voz lejana estilo psicofonía susurrante: «¡No nos engañan, Cataluña es España!». Hay que tener una cierta práctica para entender lo que dicen porque, claro, como están donde están, tienen la boca llena de chocolate. Ahora ya podéis ir al comedor. Poned música de bossa nova y que baile toda la familia cogidos por las cinturas y estirando las piernas mientras cantáis «¡Qué bien, qué bien, hoy comemos con la democrática Isabel¡».

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