Sociedad
La cooperativa de la Fatarella apuesta por la repoblación con una iniciativa que liga vivienda y oportunidades laborales
SomRuralitats alerta del envejecimiento y la masculinización de las cooperativas ebrenses y propone alternativas

Una mujer revisa los resultados del estudio de SomRuralitats
El 74% de socios de las cooperativas ebrenses tienen más de 60 años, un escenario que comporta un riesgo potencial de pérdida de cultivos, situado en el 37%. Es uno de los datos que se extrae de la diagnosis exhaustiva de SomRuralitats sobre el estado del cooperativismo agrícola en las Terres de l'Ebre.
Para revertir la situación, la cooperativa de Sant Isidre de la Fatarella participa en una prueba piloto que liga oportunidades laborales a la comarca con acceso a la vivienda. Hasta finales de año, el organismo y la entidad trabajarán para atraer a diez familias con propuestas laborales en el sector agrícola, pero también en servicios. De momento, la cooperativa está perfilando los detalles jurídicos para ampliar su actividad y poder gestionar una quincena de casas.
Durante medio año, SomRuralitats ha ejercido la escucha activa con unas noventa de personas de las Terres de l'Ebre, además de visitar una veintena de cooperativas del territorio para analizar la situación. Con la información recogida, junto con los datos cartográficos de las cuatro comarcas ebrenses, se ha redactado un plan estratégico, además de emitir una diagnosis exhaustiva sobre el estado de estas instituciones.
Entre las principales conclusiones, destaca que el 74% de los socios que forman parte de las cooperativas de las Tierras del Ebro tienen más de 50 años. Según la socia fundadora de SomRurialitats, Neus Miró, este hecho compuerta un riesgo de pérdida de cultivos que hoy por hoy se sitúa en un 37%.
Se trata de una cifra que en diez años podría incrementarse hasta llegar al 56%. Con respecto a la media de profesionalización, la mayoría de los organismos (un 67%) cuentan con nivel medio-bajo. Al mismo tiempo, otro elemento que queda patente al informe es la alta masculinización de los consejos rectores, donde menos de un 40% de cargos son ocupados por mujeres.
Con respecto a las cooperativas con una situación más «frágil» hay La Ginesta (Retamal), la de Caseres y la de la Fatarella. En el momento del estudio, también se incluyó una de las cooperativas de Santa Bàrbara, la de Sant Gregori, que en abril se fusionó con la Cooperativa Agrícola del Camp. En una situación más favorable hay la cooperativa SoldEbre y la de Palma d'Ebre dedicadas al aceite y la cooperativa de Bot y la de Batea dedicadas al vino.
La interculturalidad y la vivienda, elementos claves
Con todo, desde SomRuralitats subrayan la importancia de apostar por proyectos de interculturalidad para garantizar el relevo generacional. «El modelo tradicional de herencia del suelo de padres a hijos ya no existe. Pero sí que existe el perfil de otras personas que no son hijos e hijas de los propietarios agrícolas, pero que trabajan en la agricultura y además, tienen dentro de su imaginario y linaje familiar vínculo con la tierra», ha apuntado Miró a la ACN.
Para revertir la situación y asegurar la repoblación, SomRuralitat y la cooperativa agrícola Sant Isidre de la Fatarella trabajan juntos en una prueba piloto para promover el mercado laboral en la comarca y facilitar el acceso a la vivienda. Consistirá en el ofrecimiento de vivienda a familias que vengan a trabajar a la Terra Alta, ya sea al sector agrícola o a los servicios.
Hoy por hoy, todavía quedan trámites para hacer antes de poner en marcha el proyecto y garantizar jurídicamente la actividad. De esta manera, se busca repensar las funciones de la cooperativa como un dinamizador laboral y de vivienda.
«Todo lo que se ha hecho en el mundo rural durante cuarenta años no ha servido para nada, lo que presentamos hoy es una problemática que hay y a partir de aquí tenemos que hacer alguna cosa. Si no hacemos nada, los bomberos se quedarán solos defendiendo el territorio», ha alertado al presidente de la cooperativa Sant Isidre de la Fatarella, Andreu Rius.
Al mismo tiempo, ha puesto de relieve la iniciativa que tiene que permitir al organismo ampliar sus servicios y pasar a ser una cooperativa «integral». De momento, se desconoce cuando se podrá poner en marcha la prueba piloto, si bien una quincena de familias ya han manifestado la voluntad de participar cediendo casas vacías y otra ya ha puesto en conocimiento la intención de venir a vivir al pueblo. «No nos pensábamos tener una familia identificada y con disponibilidad de venir a la Fatarella, ha emergido todo muy rápido», ha apuntado Miró.
Un proyecto para garantizar el cultivo de la avellana en la Fatarella
Según Rius, este proyecto puede representar un revulsivo laboral pero también social en el municipio, a la vez que permitirá garantizar el cultivo por excelencia de la Fatarella, la avellana. Así, el proyecto busca ampliar los servicios que ofrecerá la cooperativa para dar respuesta a las necesidades de la localidad, así como de la comarca. En el caso concreto de la Fatarella, recientemente se han quedado sin carpintería, servicio de taxi ni tienda de ropa, tres ofertas laborales que esperan poder recuperar con la futura llegada de personas recién llegadas.
Una vez en marcha y con un parque de vivienda con precios de alquiler social estipulados, el proyecto irá haciendo llamamientos puntuales para acoger familias que «quieran vivir en pueblo» con todo lo que representa. «Tenemos que hacer un proceso de acoger a las familias para que vivan al pueblo más allá de la postal. El día a día aquí tiene sus complejidades, las ofertas laborales y la realidad del pueblo hoy en día son estas, tendremos que ver si conectan con esta situación y les gusta», ha indicado Miró.