SOCIEDAD
La CHE calcula que la avenida controlada ha movilizado entre 10.000 y 15.000 toneladas de sedimentos Ebro abajo
El organismo estudia el arrastre de materiales y no descarta añadir una nueva crecida anual a la planificación

El torpedo utilizado para atrapar muestras de arenas y gravas del Ebro
La Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) calcula que la avenida controlada durante 24 horas desde los embalses del tramo final del río podría haber llegado a movilizar entre 10.000 y 15.000 toneladas de sedimentos. Todo y que los valores de turbiedad, en torno a los 100 unidades, no han sido tan elevados como a la crecida natural del mes de febrero, el jefe de la Oficina de Planificación Hidrológica del organismo, Miguel Ángel García Vera, ha destacado que se han mantenido altos durante todo el episodio.
Si bien se trata de cálculos "muy preliminares", según ha remarcado el mismo García Vera, las primeras conclusiones permiten apuntar que el episodio ha registrado aportaciones "bastante aceptables" en comparación con los anteriores (en algunos casos han podido llegar a las 20.000 toneladas). Así lo hacía prever, de entrada, el hecho de que la crecida de febrero, con varias puntas elevadas, lavara los sedimentos del cauce.
Uno de los aspectos que han podido detectar es que los valores de turbiedad elevados se hayan detectado de forma más o menos sostenida a lo largo del episodio, formando una meseta en la forma de la gráfica. También apuntan el elevado grado de este mismo parámetro detectado en el interior del mismo embalse de Riba-roja d'Ebre. "La bajada del nivel ha podido condicionar una movilidad mayor de sedimentos que en anteriores ocasiones", ha precisado.
Ahora, los técnicos estudian si estos sedimentos han superado la presa del pantano, desde donde se ha liberado un caudal de 1.450 metros cúbicos por segundo entre el martes poco antes de las doce del mediodía y este miércoles al mediodía, cuándo ha empezado a descender progresivamente. Es la primera vez que esta operación se alarga durante 24 horas, ha destacado al responsable de la CHE.
El equipo encabezado por la CHE y con la participación de personal de la empresa pública CEDEX, así como las universidades de Lleida, UPC, Politécnica de Madrid y Valencia ha vuelto por segundo año consecutivo para monitorizar el episodio. También toman muestras hidro-químics y físico-químics del río crecido. Lo hacen desde los diferentes puentes del curso bajo del río y hasta el Delta. Desde el embalse, hasta Delta, la avenida puede tardar hasta dieciséis horas en llegar.
Un torpedo para recoger muestras de gravas y arenas
Una de las novedades que se ha incorporado este año también a los estudios posteriores es el ensayo "experimental" para intentar cuantificar el tráfico de sedimentos mayores, como arenas y gravas, que son arrastrados por el lecho fluvial durante las avenidas junto con los limos en suspensión. Con la ayuda de un torpedo metálico de 70 kilos con una bolsa dirigido por un camión anhela, los técnicos han intentado atrapar muestras, a varias distancias del cauce y profundidades, en puntos como el embarcadero de Sant Jaume d'Enveja.
"La cantidad que hemos recogido no es muy alta. Sacamos pocos gramos cada vez que lo introducimos. Eso quiere decir que el transporte de fondo no es demasiado importante. Pero lo estamos caracterizando y lo analizaremos", ha declarado a pie de embarcadero García Vera. Ha remarcado la complejidad de aportar río abajo este tipo concreto de materiales, claves para el mantenimiento de la morfología deltaica, en contraposición con los sedimentos finos (que pueden contrarrestar la subsidencia, pero que la dinámica marina del Delta se suele acabar despejando a grandes distancias), mayoritariamente predominantes en los embalses.
Todos los datos recogidos, incluidas estas, serán utilizados para estudiar y modelizar el comportamiento del tramo final del río durante estos episodios. La idea, según ha remarcado, es poder mejorar la metodología en futuras campañas para seguir avanzando en el conocimiento de la mejora forma de recuperar el tráfico de materiales dentro de la llamada Estratègia GISDE (Gestión Integral de Sedimentos en la Demarcación Hidrográfica del Ebro).
Estratègia GISDE y clima social favorable
En este sentido, García Vera se ha mostrado abierto a estudiar la inclusión de una crecida anual con un caudal mayor y durante más tiempo, como la de estos días, dentro de la nueva planificación hidrológica de la cuenca del Ebro, que tiene que ser aprobada en el 2027 y que se encuentra en fase de definición. El Plan Hidrológico del Ebro en vigor incorpora dos puntuales, a la primavera y el otoño, ideadas principalmente para limpiar el cauce de macròfits y aportar sedimentos. Entre las opciones que se estudiarán ahora, ha precisado, se incluye la posibilidad de convertir las dos actuales en una mayor y una segunda de menores dimensiones.
"Es una estrategia demandada por el territorio, no sólo la gente del bajo Ebro, sino toda la cuenca pedir recuperar el tráfico sedimentario para que los volúmenes no se aterricen y tener la máxima agua disponible y recuperar la dinámica natural, que es interesante. Además hay un ambiente social muy bueno para trabajar en esta línea. Se plantea trabajar de forma coordinada, conjunta, claridad y haciendo la mejor gestión posible trabajando no sólo pensando en el agua y la calidad química, sino también en los sedimentos", ha concluido.