SOCIEDAD
Árboles arrancados y estructuras agrícolas estropeadas: las consecuencias del viento en el Ebre
Los campesinos avisan de que la falta de apoyo para reparar los daños dificulta la continuidad de su actividad en el Baix Ebre y Montsià

La ventolera se llevó la puerta lateral del invernadero de Joan Motesó en los Reguers.
La ventolera del fin de semana pasado ha dejado un paisaje de árboles caídos y estructuras agrícolas seriamente estropeadas en las llanuras interiores del Baix Ebre y el Montsià. Las ráfagas de hasta 147 km/h registradas en puntos como el Mas de Barberans (Montsià) han arrancado y roto olivos, algarrobos pero también ha causado daños en invernaderos y granjas.
De momento, ni el sector ni la administración han hecho una valoración con cifras de los daños ocasionados. Sin embargo, los afectados alertan que los episodios de clima violento de los últimos meses -entre la sequía, los posteriores aguaceros y las recientes ventoleras- sin ayudas concretas para hacer frente a las reparaciones ponen al límite la subsistencia y la pervivencia futura de su actividad.
Más allá de los daños en la costa y los arrozales del Delta del Ebro, la ventolera ha dejado un rastro importante de daños en las fincas de cultivo situadas entre la orilla derecha del Ebro y el regazo del macizo de los Ports. Cerca del trazado del canal Xerta-Sénia, al término de Roquetes (Baix Ebre), la fuerza del aire ha doblado las estructuras metálicas que sostienen las redes de protección de fincas de mandarinas. Aunque en algunos casos se trata de soportes reforzados con hormigón inyectado en el interior del tubo, la ventolera fue capaz de doblegar y dejar las estructuras tumbadas sobre los árboles.

Una red de un campo de cítricos de Roquetes estropeada por el viento.
En la zona de los Reguers, el invernadero de Joan Montesó ha sufrido también severamente las consecuencias del episodio. «Aparte de los daños estructurales y del plástico, la plantación seguramente morirá toda», ha asumido. Dentro tenía tomateras-de varias variedades-, que se encontraban en los primeros estadios de crecimiento. La fuerza del viento hizo arrancar buena parte de la cubierta de plástico y tumbó las consistentes puertas laterales.
Ahora, las plantas han quedado en buena parte desprotegidas y a la intemperie. Este lunes, relata, volvió a hacer viento. Esta vez, apunta, con golpes entre 80 y 90 km/h, habituales en la zona, pero con la estructura semiabierta el aire ha regolfado por el interior. Todavía no tiene claro cuándo lo podrá reparar. «Han habido muchos daños por toda España, desde Almería a Huelva, y las empresas que se dedican a reparar y hacer invernaderos tienen la gente colocada y a ti te puede tocar dentro de un mes o todavía más», indica.

El campesino Joan Montesó muestra los daños en su invernadero de los Reguers.
Sucesión de episodios de tiempo violento
Para seguir trabajando de campesino tenemos que tener una red de seguridad, con seguros agrarios adecuados y que las podamos pagar. Porque el cambio climático lo tenemos aquí encima y, este año, en las Terres de l'Ebre, concretamente en el Baix Ebre y en el Montsià, lo hemos visto perfectamente: hemos tenido sequía, incendios, aguaceros y ventoleras. Así no podemos seguir»; ha manifestado.
Unos kilómetros más al sur, Valentí Altés, campesino y ganadero del Mas de Barberans, muestra el paisaje de una finca de olivos próxima al pueblo. Están, en muchos casos, olivos fraguas centenarios que ya habían sufrido los embates de episodios de violencia climática los últimos meses. Altés asegura, de hecho, que recientemente ha tenido que actuar y reparar su finca en cinco ocasiones. «La franja desde aquí hasta la Galera ha hecho mucho de daño», constata.

El campesino de Mas de Barberans, Valentí Altés, observa los daños por el viento en su finca.
Cerca de su finca, sobre la copa de un olivo, repone un palo de la luz tumbado por el viento. A pocos metros, los bomberos delimitaron con cinta un cable eléctrico que quedó suelto. El sábado, relata, los propietarios de las siete granjas de la zona se quedaron durante horas sin suministro, sin poder calentar ni alimentar los animales a pesar de varias llamadas al 112. «Estuvimos hasta las doce de la noche que vinieron a conectar para poder tener corriente», recuerda.
Unos días después, Altés recorre los bancales señalando los cuellos de los árboles arrancados por la fuerza del aire, con los troncos y las ramas esparcidos por tierra. «Todo eso es para leña: no puedes plantar, ni puedes hacer nada», lamenta. En la finca vecina de al lado, varios olivos más jóvenes fueron arrancados de cuajo. También algarrobos. Para recuperar un árbol son muchos años. Hay centenarios. Eso ya nunca más lo podremos ver», sentencia.
La sucesión de episodios climáticos que han dejado tocadas las explotaciones, augura, tendrán consecuencias más allá de los años concretos actuales. «Hay fincas que se dejarán abandonadas porque no se pueden recuperar», advierte. El coste, en algunos casos, sería más alto que el valor de la misma propiedad asegura. Después de la experiencia de los anteriores episodios de aguaceros, se muestra escéptico ante la posibilidad de ayudas por parte del Departament d'Agricultura. «Está muy perdido: no tendremos relevo generacional, detrás de mí no va nadie. Acabaré yo y acabará todo», valla.