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Economía

La caída de precios por las importaciones y las lluvias aguan la campaña de clementina en el Ebro

Un productor de Alcanar calcula que ha perdido 300.000 kilos por los aguaceros mientras esperaba mejores condiciones de venta

Mandarinas estropeadas al suelo de la finca de Ramon Itarte, en Vinaròs

Mandarinas estropeadas al suelo de la finca de Ramon Itarte, en VinaròsJordi Marsal

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La campaña de la clementina en las Terres de l'Ebre llega a su final aguada por los bajos precios para los productores y fuertemente acondicionada por el clima. La entrada masiva en Europa de mandarinas provenientes de Sudáfrica durante el inicio de la cosecha en octubre, fruto de los aranceles impuestos por Donald Trump, unida a los episodios continuados de lluvias a partir en la recta final de la cosecha han acabado perjudicando el sector.

Aunque muchos productores fueron vendiendo a pesar de la caída de precios inicial, de otros como Ramon Itarte, de Alcanar, prefirieron esperar un posible remontamiento. Los aguaceros de mediados de diciembre, sin embargo, han acabado estropeando el fruto arriba en los árboles y haciéndolo caer al suelo. Itarte calcula haber perdido cerca de 300.000 kilos.

En la cooperativa Exportadora d'Agris de Alcanar (Montsià) ya preveían que los calores de principios de verano pasado harían disminuir la producción de forma considerable, pero la caída ha sido finalmente superior a la de la campaña pasada, pasando de los 14 millones de kilos habituales a unos 10 millones, un 40% menos.

Los diversos episodios de lluvia que se han encadenado a partir de mediados de diciembre, cuando la cosecha entraba ya a la recta final, han acabado de hundir la campaña, ocasionando una pérdida de calidad del producto y unas pérdidas de producción que, en el caso de la cooperativa canareva, han llegado a los 400.000 kilos, un 4% del total. «Ha sido la gota que ha hecho tirar el vaso», reconoce el gerente de la Exportadora d'Agris de Alcanar, Federico Tarazona.

Por si no fuera lo suficiente, la campaña del otoño de este 2025 arrancaba ya acondicionada por un contexto comercial complejo. Los cierres fronterizos de facto provocados por la política arancelaria de Trump han agravado las ventas de cítricos ebrenses, y en particular la mandarina, en los compases iniciales de esta campaña.

La imposición masiva de aranceles llevó en octubre ingentes cantidades de mandarina en Europa, a través del puerto holandés de Róterdam, procedentes de Sud-África. También llegan del norte de África (de países como Egipto y Marruecos) y, en adelante, avisan los productores, de la zona del Mercosur.

Ralentización continuada de las ventas

El efecto inmediato de este nuevo escenario fue la caída de los precios y la ralentización de la comercialización de las primeras mandarinas cogidas. «En octubre estuvimos vendiendo un 30% menos kilos cada semana», ha indicado Tarazona. La campaña, que empezó con productores cobrando unos 0,6 euros el kilo, que se desplomaron hasta los 0,3 para acabar cerrando la campaña en torno a los 0,45. «Ha sido una campaña con unas expectativas y precios iniciales muy buenos que han ido bajando y reduciéndose a medida que pasaba el tiempo», sentencia.

Así lo creía también, de entrada, Ramon Itarte, productor de cítricos de Alcanar con fincas en el municipio vecino de Vinaròs. Recuerda que, en el momento de empezar la campaña, había cerrado con varios comerciantes la venta del fruto a 0,55 euros el kilo. Pero la llegada masiva de mandarinas de Sudáfrica y de Egipto, apunta, acabó desplomando el precio hasta los 0,3 euros el kilo.

Entonces me dije: bien, ya se arreglará un poquito. Dejamos que se acabe esta (entrada de fruto) de Sudáfrica y automáticamente la venderemos», ha relatado. La llegada de continuados episodios lluvias a mediados de diciembre, sin embargo, redujo de forma considerable la calidad del fruto al árbol y los comercios rechazaron comprar más. El resultado final, toda la cosecha de clementina de una finca de más de cinco hectáreas, más de 200.000 kilos, podrida en el árbol y florida en el suelo. Itarte eleva la pérdida de otras fincas hasta los 300.000 kilos, que sólo había asegurado muy parcialmente en esta ocasión.

No se han podido aprovechar ni para elaborar zumos y tendrá que invertir recursos adicionales para limpiar el suelo y evitar que los restos de fruta estropeada generen hongos y enfermedades. «Ahora aquí tendré que tirar muchos productos para que no cojan la fitoftorapara que broten en sanidad. Tengo que tirar arriba y bajo. Eso es un gasto muy fuerte también porque los líquidos han subido mucho», subraya. Itarte se queja también de las limitaciones que la Unión Europea impone a algunos productos fitosanitarios, limitaciones que no tienen, asegura, a los países de donde se importan mandarinas. Además de las diferencias en el coste de la mano de obra. «Eso es un desastre», resume.

Nuevas variedades para hacer frente al cambio climático

Convencido de que la mandarina clemenules, la más extendida en los campos del Baix Ebre y el Montsià, es la «mejor» variedad, asume que el cambio climático ha limitado de forma considerable la ventana temporal para su recolección, que va entre los meses de octubre y enero. Si el clima no juega a favor, con episodios hasta ahora poco usuales de precipitaciones en meses como diciembre y enero, la cosecha se complica. «Tiene un periodo muy corto. Por detrás venden variedades como el hernandina y el resto y entonces esta se queda y no vale nada. Cae y se hace 'pixona' (pierde propiedades y calidad)», observa Itarte.

Tanto el mismo Itarte como Tarazona coinciden en que el cambio climático está alterando de forma considerable la ventana temporal de la cosecha y las expectativas de comercialización de los productores. Está cambiando la manera de cultivar: hay decisiones de inversión para lo que va a variedades y precios que están cambiando», apunta el gerente de la Exportadora d'Agris. «En el caso de la variedad reina que producimos, la clemenules, se ha reducido el periodo comercial, que era de doce semanas de noviembre a enero, hasta unas ocho semanas, de noviembre a diciembre,» sostiene. En enero, pues, se considera ya como perdido.

Los técnicos de las cooperativas, como en el caso de esta de Alcanar, ya hace tiempo que trabajan para adaptar los cultivos a las nuevas condiciones. Eso podría suponer que el dominio de la clemenules, actualmente un 80% de la producción, se acabe reduciendo hasta el 50%. La otra mitad, serían nuevas variedades «de segunda estación». Actualmente, algunas de estas, como la nadorcott, tango u otros representan sólo el 10%, aunque está previsto que su presencia se pueda a triplicar en los próximos años.

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