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Inundaciones

La lonja de las Cases d'Alcanar vuelve a vender pescado después de una semana de parón

Las barcas de arrastre devuelven sin problemas al puerto casenc a pesar de la acumulación de barro en el fondo

Plano medio de un pescador descargando las capturas en el puerto de las Cases d'Alcanar.

La lonja|palco de las Casas de Alcanar vuelve a vender pescado|pez después de una semana de paro por los aguacerosACN

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La lonja de las Cases d'Alcanar vuelve a vender pescado después de permanecer cerrada una semana a raíz de los fuertes aguaceros que asolaron la zona. El episodio coincidió justo el día de retorno a la actividad, cuando los pescadores pueden valorizar mejor sus capturas después de los dos meses de parón por la veda biológica. Con el puerto impracticable, las tres embarcaciones de arrastre de las Cases tuvieron que atracar durante estos últimos días en Sant Carles de la Ràpita para poder trabajar. Este martes, sin embargo, ya han podido volver a salir al mar y volver a su propio recinto después de que Ports los confirmara que no había peligro para la navegación en el interior a pesar de las importantes acumulaciones de barro en algunos puntos.
Las furgonetas de los marchantes de pescado llegan, puntualmente, a la parte posterior de la lonja , a la espera de que vuelvan las tres barcas de arrastre. Es el primer día de venta de pescado después de los dos meses de veda en las Cases d'Alcanar. La tromba de agua caída sobre la zona hace una semana impidió que se reanudara la actividad el día previsto: el fatídico 1 de septiembre.

Poco antes de las cuatro de la tarde, hacen entrada por la bocana las primeras embarcaciones de arrastre. 'Pepito Manchón I' va al frente. «Estamos contentos de volver a casa», celebra Pau Escala, su patrón. El día de los aguaceros habían salido al mar del puerto de las Cases y ya no pudieron volver. Los aguaceros torrenciales dejaron en el interior mucho barro y todo tipo de basura –incluidos vehículos.

Los trabajos efectuados por Ports de la Generalitat durante los últimos días –con la participación de submarinistas- permitieron confirmar lunes por la tarde que en el fondo del puerto no se acumulaban troncos, hierros o vehículos que entorpecieran la navegación. «Hemos entrado con mucha precaución porque no sabíamos qué nos encontraríamos pero hemos podido hacer la maniobrar bien... muy correcto. Lo único que hemos encontrado son muchas montañas de arena: igual tenemos cuatro metros, dos y medio, tres o dos. Donde hemos atracado tendríamos 30 o 40 centímetros desde la quilla en el fondo», calcula. Habitualmente, en este punto el calado es más de un metro. Una vez el agua deje de estar turbia, Ports prevé efectuar una batimetría para detectar las irregularidades y corregirlas.

Efectos económicos

Resueltos los problemas básicos de acceso marítimo a la infraestructura, los pescadores quieren recuperar lo antes posible la actividad. «No hemos tenido daños personales ni materiales: el problema ha sido económico», reconoce el secretario de la Cofradía de las Cases, Raül Ribot. Las capturas de arrastre suponen más de un 70% de la facturación del sector local –el resto lo aportan las ocho barcas de tresmall, que no se han podido casi mover del puerto durante la última semana.

La armada, o día de retorno a la pesca, se convierte en uno de los más esperados del año con facturaciones que pueden llegar a los 10.000 euros en una época en la cual, habitualmente, el sector turístico y de la restauración suelen mantener todavía una elevada demanda. Este martes, en el puerto de las Cases el volumen de ventas se ha situado en torno a los 5.000 euros, la facturación diaria media el resto del año. Las capturas no han sido muy abundantes y la preeminencia de algunas especies ha saturado el mercado. Ribot apunta que más allá de los cinco días sin subasta de pescado, el episodio ha afectado también al retorno a la actividad de la cofradía con actividades como la venta de hielo y otros suministros.

La decisión de desembarcar en Sant Carles de la Ràpita, explica al secretario de la cofradía, ha generado molestias para los pescadores casencs. «De tiempo y económicas. Las embarcaciones no saben cuándo les toca vender, normalmente lo hacen más tarde y el pescado ya se vende más barato. Aparte del sufrimiento de no saber qué pasa a tu familia, llegando a casa a las ocho y las nueve de la noche sin saber cómo están, como está la casa y tus bienes», es muy complicado.

Angustia a bordo

Han sido días duros en el suelo y en el mar. El jueves no salieron a pescar para ayudar familiares y vecinos en las tareas de limpieza. Han seguido sacando barro el fin de semana pero la necesidad de desplazarse al puerto vecino y acabar más tarde los ha limitado poder contribuir durante los de trabajo en el mar. Pau Escala, por ejemplo, perdió dos coches y su madre se ha quedado sin casa. Se enteraron del aguacero y sus devastadores efectos cuando estaban embarcados. Vivieron momentos de incertidumbre y angustia.

«Nos llegaban las noticias a cuentagotas. Se perdió la comunicación pero nos habían llegado vídeos. Estábamos con viento en el mar pero no teníamos lluvia. Encontramos más de lo que pudimos imaginar. Estamos habituados a las imágenes del barranco pero ver bajar coches por las calles. Se te iba alma saben que no podías hacer nada por los padres, por los vecinos, llamar y poder hablar con nadie. Pero bien... esta la hemos pasado sin víctimas y esperamos que no haya de otra», apunta a Frederic Boix, patrón de otra barca de arrastre.

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