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Juanda Fuentes salva los muebles de un Nàstic gris a domicilio (1-1)

Los grana fueron superados por completo por el Alcorcón en gran parte del partido, pero sobrevivieron a las ocasiones y pudieron empatar gracias a Juanda

Moi Delgado durante el partido contra el Alcorcón.

Moi Delgado durante el partido contra el Alcorcón.@rukasaez

Arnau Montreal Quesada
Tarragona

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Juanda Fuentes arañó un punto en el Municipal de Santo Domingo. Un empate y poco más. De hecho, casi difícil de creer que se podía conseguir después de ver un Nàstic gris contra el Alcorcón. Los madrileños marcaron la primera que tuvieron y los tarraconenses se hundieron. El Alcorcón perdonó y el Nàstic acabó salvando los muebles.

Si una cosa funcionó, no la cambies. Eso pensó un Cristóbal Parralo que inició el partido con el mismo once de la semana pasada, pero el equipo salió con ciertas dudas sobre el campo.

En poco más de cinco minutos el Alcorcón ya pisó el área con peligro en dos ocasiones, con un córner incluido. Al Nàstic le temblaban las piernas y el gol local no tardó al llegar. Fue muy sencillo: centrada lateral al punto de penal y remate de cabeza de Jordi Pola a solas dentro del área para enviar la pelota en el fondo de la red. Si había un plan de partido o una idea, este se hizo pedazos. La falta de contundencia atrás, por enésima vez, penalizó el Nàstic.

Con una racha horrorosa detrás, empezar un partido con 1-0 en el marcador no ayuda nada. Y más cuando el Nàstic es un equipo que no remonta un partido fuera de casa desde el año 2019. Así fue, el equipo se hundió y el Alcorcón lo aprovechó. Los madrileños vivían en el área grana y tuvieron el segundo muy pronto con una centrada dentro del área que, por suerte, Tarsi erró. Los agujeros en el muro grana eran gigantes.

El Nàstic avanzaba con dificultades, pero tuvo unos minutos de conexión. Dos veces llegó al área la conjunta grana, las dos de falta. Sólo en la segunda llegó el peligro, con una centrada de Jardí que Álex Jiménez remató en el segundo palo, pero la pelota salió lamiendo el palo derecho de Ayesa.

A partir de aquí, los de Parralo se volvieron a hundir. El Alcorcón exhibía verticalidad contra un Nàstic poroso. En tres pasadas, Vladys se plantó ante Dani Rebollo. Por suerte, los madrileños no tenian acierto. Cada centro suponía un peligro innecesario.

Con la pelota, el equipo no respondía. Parecía que no había criterio, todo el mundo se la quería sacar de encima y, continuamente, las posesiones se perdían en pasadas perdidas o de imposibles. Montalvo era lo único a lo cual no le quemaba la posesión. Mientras tanto, Dani Rebollo voló para evitar un golazo de falta del Alcorcón. Los minutos pasaron, las sensaciones no mejoraban y el partido fue al descanso con 1-0.

Parralo ejecutó un triple cambio a la reanudación, todo un electrochoque para revivir a un muerto. Les sensaciones, sin embargo, no cambiaron. El Alcorcón seguía recorriendo el área grana contra un Rebollo que veía la pelota volar de falta peligrosa a córner y de córner a falta peligrosa. Los madrileños perdonaron, sobre todo con un tiro cruzado de Carmona que salió rozando el palo.

Hay una dicha en el fútbol que dice que, si perdonas demasiado, acabas sufriendo. En esta situación, el Nàstic se abrazó al esoterismo del fútbol, porque a nivel de juego, la cosa no funcionaba. Los grana no hacían tres pases consecutivos en campo contrario.

Poco a poco, el Nàstic se aproximaba al área, pero la suerte parecía que no estaba de su parte. Baselga, completamente solo dentro del área, envió una pelota al travesaño. Parecía que esta era la única, pero había una más por llegar. De nuevo, Jaume Jardí centró al punto de penalti y allí, de la nada, salió Juanda Fuentes la soltó para marcar a un 1-1 que parecía imposible. Con todo, pasó, y el Nàstic salvó los muebles. Eso sí, hay que mejorar y mucho.

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