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El análisis del Nàstic-Hércules: Si no es por una cosa, es por otra

El equipo mostró mejora y buenas sensaciones, pero se sigue lamentando en los «detalles»

César Morgado en una acción con el central del Hércules Rentero, que fue uno de los señalados protagonistas del partido.

César Morgado en una acción con el central del Hércules Rentero, que fue uno de los señalados protagonistas del partido.Gerard Marti Roig

Arnau Montreal Quesada

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El Nàstic completó una primera parte prometedora contra el Hércules, dominando, controlando y siendo proactivo como nunca, pero lo acabó estropeando como siempre en los detalles. Hay cosas que no cambian. El pasado domingo fue la autoexpulsión de Álex Jiménez y el penalti evitable de Alba fueron «los detalles que nos han salido caros», como definía Cristóbal Parralo en el postpartido. En 14 jornadas se han acumulado muchas casualidades, si no ha sido por un error ha sido por una roja, pero siempre se ha de lamentar por algo.

El punto del domingo fue una de muchas lecturas. Malo, como intentaba afirmar Parralo, porque empezando 2-0 en casa «con el partido bien encaminado, hemos perdido dos puntos por detalles». Suficiente, en tanto haber enfrentado gran parte del partido con un hombre menos al Hércules y amargo, porque dio la sensación que faltó oficio para aguantar el resultado y falta de piernas cuando tocaba la reacción en el tramo final del partido con la igualdad numérica de nuevo presente.

Por otra parte, también hubo una de cal y otra de arena. La parte positiva es que, por primera vez este curso, se vio una progresión y unos brotes verdes a nivel de juego. El Nàstic fue el equipo agresivo, proactivo e incisivo que pedía Parralo desde el primer momento.

La presión grana descolocó en el Hércules en su intento de progresar con el fútbol asociativo y el ataque del Nàstic encontraba rendijas por todas partes haciendo brillar los pases en profundidad de Pau Martínez y Jaume Jardí, así como los desmarques de Marcos Baselga y el acierto de Álex Jiménez. «Estábamos cumpliendo todo lo que habíamos soñado que pasara», decía Parralo a la rueda de prensa. Así fue, el equipo forzó para alcanzar el 1-0 de penalti que, todo se tiene que llamar, Bolo tendría que haber sido expulsado por el empuje a Marcos Baselga. Con la ventaja, el equipo no se conformó y marcó el segundo muy pronto. Entonces, controló a la perfección el duelo, dejando la posesión a un Hércules que la reclamaba siempre que podía, pero bien alejado del área.

Conectar los desconectados

La parte negativa tiene que ver con los protagonistas de los destacados «detalles» que cambiaron el partido. «Es difícil decirle a un jugador que no ponga la pierna o no vaya a disputar un duelo», lamentaba Parralo. No se puede negar la intensidad, pero sí que hay que dar medida y concentración a los jugadores. Álex Jiménez se pasó de agresividad en las dos acciones, la segunda más señalada que la primera porque el jugador tiene que entender que cuando se está amonestado hay ciertos límites.

Por otra parte, está la ternura defensiva. David Alba salió en la foto en el primero y en el segundo gol que, con Álvaro García, dieron demasiadas facilidades y se echó de menos un punto de oficio. También se echó de menos a jugadores destacados desde el banquillo. Cedric Omoigui estuvo desconectado de las acciones, sin presionar ni rematar, mientras que otros ni están ni se los espera. El equipo ganó en sensaciones, pero, como dijo Parralo, lo siguiente que hay que mejorar es «ganar partidos, que es lo que nos hace falta para estar arriba».

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