Fútbol
La ciudad cree hasta el final, pero suma una nueva noche trágica
Centenares de aficionados aguantaron bajo la lluvia por un sueño que parecía posible

Imatge dels aficionats que van viure la final del play-off des del parc del Francolí de Tarragona
El tiempo, el marcador y el resultado de la liga en contra, nada detuvo a un centenar de aficionados que quisieron vivir desde la pantalla gigante del parque del Francolí la final del play-off de ascenso de Nàstic de Tarragona.
En la pista y en las gradas, los presentes gritaron los apellidos del jugador cuando se cantó el once inicial. El reto era mayúsculo, pero la ciudad estaba dispuesta a creer en el milagro.
El arranque levantó algunos aplausos, pero no fue hasta la primera llegada de Antoñin que los aficionados se empezaron a mover. Pasados los treinta primeros minutos, el público parecía más animado, reaccionando en las tarjetas amarillas en contra y los córners a favor, pero faltaba alguna cosa, faltaba un gol.
No tardó mucho a llegar, una pelota de Jaume Jardí desde fuera del área acabó encontrando la red y la locura estalló en el Francolí. Gritos, aplausos, abrazos y artimañas, los ánimos habían cambiado. Al ambiente y al cabo de los aficionados sólo se escuchaba una cosa: sí que se puede. Por delante, todavía quedaba llegar, al menos una vez más, en la portería rival durante los primeros noventa minutos. Sin embargo, la media parte dejó un aroma esperanzador para los tarraconenses.
La segunda parte arrancó de otra manera, el público vibraba y el Nàstic lo acompañaba, llegando en dos ocasiones durante los primeros minutos.
En Donostia llovía, en Tarragona llegó unos minutos después. Les inclemencias hicieron marcharse a algunos de los aficionados, pero la gran mayoría resistían para vivir el milagro. Aunque el partido se enfrió durante algunos minutos, un penalti sobre Alex Jiménez volvió a hacer creer la ciudad.
La meteorología adversa trajo también la suerte para los granas, el capitán Joan Oriol, acertó el lanzamiento de la pena máxima y la ilusión se volvió a desatar.
La lluvia cogía fuerza y, con ella, los gritos de la afición. El guion de Luís Cesar se estaba cumpliendo, aunque tanto él como los aficionados habrían preferido cerrar con un tercer gol antes de llegar a la prórroga. No pudo ser y el minuto noventa llegó con todo abierto, el Nàstic necesitaba un gol más para conseguir el sueño, para hacer realidad el milagro.
A pesar de todo, la segunda mitad de la prórroga hundió los sueños del Nàstic y también el apoyo técnico de Tarragona Ràdio para retransmitir la final. La lluvia intensa no hizo marcharse a la gran mayoría de los aficionados, pero imposibilitó la pantalla.
Justo cuando se silbó un penalti favorable para el Sanse, el parque del Francolí se quedó a oscuras. El Nàstic luchó hasta el final y la afición los acompañó. Tarragona suma a su historia otra noche oscura, otra noche donde se ha dejado el aliento hasta los minutos finales, pero no ha podido ser.