Fútbol
Fuera de casa no hay manera (1-0)
El Nàstic mejoró en su juego, pero acabó condenado, como siempre, por culpa de un error individual en defensa

Imagen del partido de este domingo contra la Andorra
Fuera de casa no hay manera. El Nàstic de Tarragona ejecutó ayer un partido serio en el Estadi Nacional, uno de los mejores fuera de casa, pero acabó como los anteriores a domicilio: con derrota. El Andorra se aprovechó de un error evitable del conjunto grana en defensa para sentenciar el partido y llevarse un triunfo que deja tocado a un equipo que merecía más, pero que se queda, definitivamente, sin soñar por la primera posición y tendrá que sudar en el play-off.
El técnico apostó por mantener el once que superó con creces el Real Unión en casa con el objetivo de alargar la buena dinámica. El partido lo necesitaba, porque los dos equipos lo afrontaron como una final y eso se notó en los primeros minutos.
El Andorra golpeó primero. La defensa grana no rehusó con contundencia una centrada y se acabó convirtiendo con un remate que salió lamiendo el palo derecho de Dani Rebollo. El portero grana tenía que estar atento porque lo pusieron a prueba pronto.
El Andorra recorría el área grana y Molina envió un chute potente que sorprendió a Dani Rebollo. El portero grana paró el primero dispar, pero envió la pelota a las nubes y esta acabó botando sobre la línea antes que Rebollo lo atrapara. El público reclamaba que había botado dentro y era gol, pero el árbitro no lo consideró.
Del posible gol andorrano, el partido fue a lo que podría haber sido el gol del Nàstic. Los grana iniciaron rápidamente un contraataque por la derecha. David Concha superó las líneas defensivas y no dejó morir la jugada cuando un defensor hizo falta a Pablo.
El árbitro dejó continuar la jugada y la extrema grana pisó el área. Después de driblar al segundo defensor, acabó cayendo dentro del área. Era penal claro, pero De Ena Wolf no lo vio. De hecho, posiblemente si hubiera caído al suelo dos segundos antes, el colegiado lo habría señalado.
El partido, sin embargo, no dio tiempo a las reclamaciones. El inicio fue eléctrico brindó ocasiones claras para los dos equipos. Al cuarto de hora de partido, el momento fue del Nàstic. Pablo, por partida doble, buscó porterías con dos tímidos remates que no fueron capaces de superar a Nico Ratti.
El paso de los minutos fue calmando el partido. Los dos equipos bajaron marchas, pero, en esta tranquilidad, fue el Andorra quien cogió la iniciativa. El conjunto local empezó a alargar las posesiones, pero fueron estériles, porque no hicieron cosquillas a la defensa grana.
El Nàstic mantuvo el pulso y no ofreció ninguna rendija, mientras que los grana sí que las encontraban en ataque. Antoñín, con un gran arranque, dejó atrás su marca, pero, de nuevo, la definición fue demasiado blanda. El final de la primera parte llegó con el Nàstic buscando la portería con un tiro de Montalvo desde la frontal que salió botando y lamiendo el palo derecho de Ratti.
La segunda parte empezó con una ocasión clara para el Nàstic. La presión de Pablo fue efectiva y el asturiano interceptó una pasada de Ratti. Concha fue el encargado de ejecutar el tiro, pero no pudo superar al portero argentino y Antoñín envió el rechazo al cuerpo de un defensor. Después de esta ocasión, el partido volvió a dormirse. Ni el Andorra y ni el Nàstic querían dar un paso en falso, porque, tal como estaba el partido, se decidiría por un error.
En ataque, los grana tuvieron la suya. Jaume Jardí centró de imprevisto en el área y, como no podía ser de otra manera, Pablo la cazó para obligar en Ratti a estirarse.
Después de perdonar vino el error. El Andorra se acercó por la banda izquierda. Allí, Cerdà ejecutó un centro tímido en el segundo palo donde no había nadie. Era una pelota fácil de conservar o de dejar salir, pero Jaume Jardí se equivocó y la rehusó en la frontal. Manu Nieto aceptó el regalo y, a solas, ejecutó un tiro potente que superó a Dani Rebollo.
El gol fue un cubo de agua fría y en el cielo del Estadio Nacional rompió una tormenta. Esta se intensificó en un granizo que acabó por dejar congelado a un Nàstic que podría haber sufrido todavía más castigo.