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Estos son los devastadores efectos de una mala salud mental en el corazón

Las enfermedades mentales empeoran la respuesta del organismo al estrés

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Las asociaciones entre la salud mental y la salud fisiológica están cada vez más claras, y son muchas las investigaciones que en los últimos años han venido alumbrando los mecanismos que interconectan ambas.

Siempre se ha especulado, por ejemplo, que el malestar psicológico podía tener serios efectos negativos sobre el sistema circulatorio, y de hecho ya se han descrito ciertas patologías que afectan a este último en las que intervienen con fuerza ciertos factores como el estrés (por ejemplo, el síndrome de Takotsubo).

Ahora, no obstante, un trabajo llevado a cabo por científicos de la Universidad de Australia del Sur ha ahondado en esta relación y, tal y como describe el artículo publicado al respecto en el medio científico BioMedical Engineering, han concluido que los problemas de salud mental a menudo van asociados a fluctuaciones en la presión sanguínea que aumentan el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares y daños orgánicos de diverso tipo y consideración.

Concretamente, el estudio es una revisión de 12 estudios previos practicados sobre personas con trastornos de ansiedad, pánico y depresivos. Por este método, los investigadores hallaron que un diagnóstico de enfermedad mental se relaciona con una mayor fluctuación de la tensión arterial durante el día.

Además, encontraron que las personas que sufren enfermedades mentales no adaptan su presión sanguínea a los estresores externos de la misma manera que la población general.

En este sentido, los autores subrayan que, en contra de lo que se podría pensar, un corazón sano no es aquel que late como un metrónomo, sino que es aquel capaz de adaptarse a factores externos e internos. Por ello, una reducción en la variación de la frecuencia cardíaca, común en quienes sufren enfermedad mental, indica que la respuesta del organismo al estrés es pobre, lo que empeora los efectos del estrés crónico.

Otra particularidad que encontraron es que, mientras que en las personas sanas la presión sistólica (la presión de la sangre cuando el corazón se contrae) desciende entre un 10 y un 20% al dormir, en las personas que padecen enfermedades mentales este descenso es considerablemente menor.

En conjunto, todas estas conclusiones subrayan la importancia de actuar adecuadamente frente a los problemas de salud mental, tan prevalentes en nuestra sociedad, a fin de evitar complicaciones mayores en quienes las sufren y a fin de minimizar de esta manera también la prevalencia de muchas enfermedades mentales.

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