Diari Més

Torredembarra

Torredembarra-sur-mer, ¿la isla de la calma?

Proyecto del nuevo CABE, que estará al lado del cementerio.

Proyecto del nuevo CABE, que estará al lado del cementerio.Ayuntamiento de Torredembarra

Carles Marquès i Virgili

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Pido prestado la primera parte del titular de una expresión irónica del exconsejero torrenc Josep Bargalló. Y lo uso para remarcar la sensación de que Torredembarra es hoy políticamente una villa balnearia francesa, un “village” donde la vida transcurre plácida, en apariencia. Sobre todo comparada con otros pueblos del Baix Gaià o la propia historia turbulenta de hace una década.

En los dos años de tripartito PSC-ERC-Junts, la Torre parece una isla de calma. El ‘paso del Ecuador’ es textual porque el clima en la plaza del Castell evoca una playa tropical. Demasiado y todo, porque de aquí dos años este mar plano perjudicará a alguno de los tres socios de gobierno. A los tripartitos los carga el diablo. No es que la obra de gobierno no es vea, pero a la hora de votar la visibilidad beneficiará los dos partidos que han tenido la alcaldía. O perjudicará, es un juego de doble o nada.

¿Este perjuicio, a quien puede beneficiar? Al partido menos visibilizado, quizás, o a una oposición de izquierdas que no es que no funcione y no sea dura cuando conviene, pero que se ha impregnado de estas buenas maneras. Como diría Quim Masferrer, todos juntos son muy buena gente, demasiado quizás, con demasiada tolerancia con los intolerantes, y costa de hacer periodismo crítico en estas circunstancias. Si alguien hace una jugada sucia, ya me desdiré.

No es que no haya temas puntiagudos, como el contrato de la basura, pero el equipo de gobierno los cabecea con menos ruido que antes. Vale Pino, del PSC, es desde hace un año el alcalde y lo será un año más. Entonces, Raül Garcia, de Esquerra, tendrá la alcaldía otro año. Xavier Suárez, el cabeza de lista de Junts, no ostenta ninguna tenencia de alcaldía.

Ellos tres y sus equipos encaran dos años de inversiones y grandes obras, como los accesos al nuevo CAP. Las obras de acceso han empezado y el CAP está prevista que entre en funcionamiento el año 2029. Sobre el nuevo CAP hay un poco de coñita porque estará al lado del cementerio: «si no me curan, ala  hacia en el canyet»!. Una coñita de poca cultura porque olvida que históricamente, a la edad media, los hospitales ya se construían cerca de los cementerios.

Una obra a medias que se abrió en precario, para no perder la subvención, con sólo un vestíbulo en uso, es la del teatro. Nuestro ‘mamotreto’, que no tendrá sentido hasta que no entre del todo en funcionamiento y que estos días ha sido objeto de una buena noticia: el Ayuntamiento ha sacado a licitación la actualización del proyecto.

Esperamos, pues, tener algún día nuestro teatro como es debido. No será pronto, pero al menos en este mandato se ha decidido afrontar la patata caliente. Después hará falta una buena programación, pero eso vendrá todavía más tarde.

Hay más carpetas de obra abiertas: las calles de la Sort, Filadors, Francesc Moragas, Gibert... Es decir, los alrededores de la calle Nou, punto neurálgico y uno de los más conflictivos de la villa. De día es un eixabuc de gente, lleno de ruido, patinetes, coches, a pesar de ser una calle de peatones... Y de noche, una masía robada, intranquila y abandonada. Un abandono que la ultraderecha puede aprovechar. Recordad que pasó con el asalto al centro de menores, aunque eso fue a los Montones. No les dejéis el monopolio de la seguridad ciudadana.

La calle Nou es el símbolo de lo que es, y no es, la Torre, y de lo que quiere ser de mayor. Que somos: ¿una ciudad dormitorio, un ‘village de plage’ o un suburbio? Una ‘banlieue’, para seguir con símiles franceses. Señoras y señores del Ayuntamiento, decidís qué modelo tiene que adoptar la Torre. Y recuperad el centro. No el político, sino el centro del pueblo. ¡Ni que sea porque en la calle Nou está donde pusisteis los locales electorales hace dos años!

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