Viticultura
Las temperaturas extremas en el Priorat ponen en peligro lo que podría ser un buen año de vendimia
Académicos y profesionales alertan de las consecuencias de un calor elevado y sostenida

Imagen de archivo de un viticultor cogiendo uva en el Priorat.
Después de dos años marcados por la sequía, los agricultores del Priorat sonríen delante de un año lluvioso que ha dejado las viñas en una «buena situación». A pesar de eso, las plantas se enfrentan actualmente a otro enemigo: el calor extremo.
Varios puntos de la comarca han superado los 40 °C durante esta semana, registrando algunas de las marcas más altas de Cataluña. Miriam Lampreave, investigadora del Grupo de Investigación Vitivinicultura de la URV, alerta de que «el calor puede tener consecuencias para el funcionamiento de la planta», anulando funciones básicas como la fotosíntesis.
En otras palabras, el calor somete la viña a un estrés similar a lo que sufre por la falta de agua. Si bien los cultivos del Priorat están acostumbrados a vivir bajo temperaturas elevadas, los picos de calor prolongados, como el de esta ola de calor, pueden tener consecuencias drásticas.
El presidente del consejo regulador de la DOQ Priorat, Salús Álvarez, ve la cosecha de este año con «optimismo», pero no esconde que, de aquí a agosto, los picos de calor pueden suponer un problema. Álvarez señala que el periodo hasta la vendimia es «incierto», donde una temperatura estable y alguna lluvia podrían garantizar una buena temporada.
Fenómenos extremos
En cualquier caso, el presidente del consejo regulador señala que los últimos años han sido marcados por los «fenómenos extremos», sea por falta de agua o por calor. Álvarez explica que la comarca del Priorat está acostumbrada a «periodos secos, húmedos, fríos y calientes», pero la sucesión de fenómenos irregulares y extremos es una cosa que «no habíamos vivido nunca».
El presidente sitúa el inicio de estos acontecimientos el año 2021, desde entonces, según apunta, la viña se ha visto sometida a «situaciones estresantes continuas». Como ejemplo, explica que «a pesar de las lluvias de este año, muchas plantas se están recuperando todavía del periodo de sequía», un hecho que hace «imprevisible» como se comportarán ante el estrés por calor.
Lampreave secunda esta teoría, remarcando que la «periodicidad» de los fenómenos extremos es una de las cuestiones más importantes para el correcto funcionamiento de la viña. Sin embargo, la investigadora remarca que «la falta de agua puede ser mucho más peligrosa que el calor». Lampreave asegura que «es muy difícil que la temperatura llegue a matar una planta», pero una ola sostenida podría «secar las hojas y deshidratar los cuernos».
Desde el prisma positivo, la investigadora recuerda que, «en los últimos años se han implementado herramientas para sobrevivir al cambio climático», como pueden ser los cambios de variedades o las estrategias para aumentar el riego.
El presidente del consejo regulador estima que la vendimia arrancará entre el 10 y el 15 de agosto, como es habitual, pero admite que «podría adelantarse un poco si los picos de calor continúan». Si el verano da un respiro, se espera una cosecha «similar a la de un año normal».