Diari Més

MÚSICA

Batukaselva: treinta corazones y un solo latido

Esta formación musical nacida en la Selva del Camp combina formación, inclusión y cohesión con una treintena de músicos de todas las edades y preparaciones

Los integrantes del grupo de música impulsado en la Selva del Camp.

Los integrantes del grupo de música impulsado en la Selva del Camp.CEDIDA

Cristina Serret
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El año 2023 nacía Batukaselva, un proyecto musical encabezado por Quim Solé, que entonces era director y profesor de la Escuela de Música de la Selva, y que detectó las ganas de muchos jóvenes de practicar ritmos de origen africano y brasileño. «Coincidió también en que en el pueblo ya había otros elementos como los Diables o el Ball de bastons, pero faltaba una Batukada, que es una cosa que ahora se ve mucho por todas partes», explica.

Así es como, junto con el también profesor de la escuela Eric Sánchez, decidieron impulsar este proyecto. Cuando arrancaron, recuerda Solé, empezaron de cero, sin local de ensayo y con un grupo que no llegaba a la media docena de componentes. Ahora ya superan los treinta integrantes. Sus miembros son personas con estudios musicales o sin, de una franja de edad que va de los ocho a los setenta años.

La integración, subraya Quim, es uno de los grandes ejes del grupo: «De esta manera se generan dinámicas que rompen la tradicional separación por franjas de edad». Y lo que él considera más importante, «los pequeños se enorgullecen de tocar con los grandes, y los grandes ven que los más jóvenes están a su mismo nivel y pueden tocar juntos». Eso, insiste, «es lo más interesante». La inclusión de Batukaselva también incorpora la diversidad funcional. «A menudo estas personas quedan en un rincón. En Batukaselva los ponemos en el medio, como al resto». De esta manera, explica el director, «también se sienten más motivados a aprender y hacer avances».

Otro rasgo distintivo de los batukeros de la Selva son los instrumentos. «Tenemos un carpintero, Celestí Ferrater, que también es inventor, y nos hace cosas mucho chulas», apunta Quim. Un tambor con una decoración de palmeras y un culo de botella que modifica el sonido, o un tambor tuneado con la estrella de Mercedes son sólo dos ejemplos. Más allá de la anécdota, el trabajo de Celestí también ha sido fundamental para adaptar los instrumentos a los músicos y a las diversas capacidades físicas, construyendo instrumentos casi personalizados.

De esta manera Batukaselva combina innovación, inclusión y tradición musical en un mismo proyecto comunitario. Ahora, el local de ensayo les ha quedado pequeño y tienen que organizarse para combinar trabajo conjunto y sesiones parciales, especialmente para integrar nuevos miembros. Este crecimiento constante les obliga a «hacer pequeños reciclajes para que los nuevos vayan cogiendo el ritmo». Aún así, apunta el director, Batukaselva es un proyecto en que el aprendizaje y la cohesión tienen tanto o más peso que el resultado. «Somos treinta corazones y un solo latido», formula con orgullo.

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