Meteorología
Javier Sigró, experto climático: «Estamos viviendo un invierno atípico, pero las ventoleras y las borrascas serán cada vez más habituales»
El experto atribuye el episodio meteorológico al cambio climático, ya que el calentamiento del Ártico provoca la inestabilidad atmosférica que causa estos fenómenos extremos

Imagen de un árbol caído a Mataró a causa del viento.
Cataluña ha quedado paralizada este jueves por un episodio de viento en que los expertos califican de «excepcional». Les fuertes rachas han provocado aplazamientos de actos, caída de árboles e incluso personas heridas de gravedad por todo el territorio. Como bien sabemos, la «culpable» de este tiempo extremo es la borrasca Nils, pero ¿cuál es exactamente el motivo de estas ventoleras?
«Les rachas se producen por la situación sinóptica actual, es decir, el estado general de la atmósfera», explica Javier Sigró, profesor del Departamento de Geografía de la Universitat Rovira y Virgili e investigador del Centre for Climate Change (C3). «Ahora mismo tenemos un anticiclón en el Atlántico central, en una posición un poco baja, y al mismo tiempo una borrasca en las islas Británicas. Hay una diferencia de presión muy grande entre los dos centros de acción, y eso canaliza corrientes de aire mucho fuertes», detalla.
Según el experto, Cataluña vive un invierno «atípico», marcado por borrascas consecutivas que parecen infinitas. «Climáticamente, el invierno acostumbra a ser la segunda estación más seca del año. Es normal que haga frío y haya episodios puntuales de viento, a pesar de que de origen diferente, pero este año hemos tenido un final y un inicio de año mucho más húmedos», señala.
Esta dinámica, añade, está vinculada al cambio climático. «La estabilidad atmosférica invernal depende mucho del contraste de temperatura entre el Ártico y las latitudes más bajas. Cuando el Ártico se calienta, este gradiente térmico disminuye y aumenta la inestabilidad, hecho que facilita la presencia de borrascas y anticiclones». También intervienen los ríos atmosféricos, corrientes de aire que transportan humedad desde el océano tropical hasta la península Ibérica.
Sigró apunta que se trata de una situación poco habitual, pero que probablemente será cada vez más frecuente. «De la misma manera que se está transformando nuestro verano, también se está transformando nuestro invierno», afirma.
Con respecto a las ventoleras de este jueves, el experto destaca que el más sorprendente no es tanto la intensidad como la ubicación. «Estas rachas son más habituales en zonas como el Baix Camp o el Baix Ebre, pero no acostumbran a registrarse con esta fuerza en el centro de la costa catalana», explica. En estos territorios acostumbrados al viento, tanto las construcciones como la vegetación están más adaptadas.
«Hay árboles que no están bastantes arraigados para soportar este embate y eso facilita su caída», comenta. Recuerda que en zonas costeras a menudo se ven pinos inclinados por el efecto persistente del viento, una adaptación natural a estas condiciones. «Si un árbol ha crecido en un entorno con vientos moderados —de 40, 50 o 60 km/h— y de repente se dobla la intensidad, es más probable que acabe cayendo». Además, el suelo muy húmedo por las lluvias recientes también favorece estas caídas.
Sobre la gestión preventiva, después de varias alertas enviadas a la población, Sigró recuerda que la predicción de estos fenómenos es compleja. «Saber exactamente qué viento hará en cada sitio es difícil. Les previsiones indican zonas de riesgo, pero si no se alerta y el fenómeno acaba pasando, las consecuencias pueden ser graves; y si se alerta y después no pasa nada, también hay críticas», explica.
Según dice, el nivel actual de prevención es elevado, pero su adecuación sólo se puede valorar con los efectos finales. «Aquí entran factores técnicos, pero también decisiones políticas y económicas», añade. También ve complicado que la gestión sea más localizada. «La predicción es regional y quien tiene las competencias es la administración superior. Trasladarlo en los ayuntamientos requiere información y recursos que no siempre son fáciles de garantizar», opina.