SALUD
Una psiquiatra revela lo que todos se preguntan sobre los antidepresivos: ¿es beneficioso?
Joanna Moncrieff cuestiona el mito del desequilibrio químico y abre el debate sobre el uso real de los fármacos contra la depresión

Imagen de archivo de medicamentos
Durante décadas, la depresión se ha explicado como la consecuencia directa de un desequilibrio químico en el cerebro, especialmente relacionado con la serotonina, y los antidepresivos se han presentado como la respuesta médica adecuada. Pero esta visión, ampliamente aceptada, es la que pone en duda la psiquiatra y académica Joanna Moncrieff, una de las voces más críticas del sistema de salud mental en el Reino Unido.
Experta del National Health Service (NHS) y autora del libro El mito de los antidepresivos, Moncrieff defiende que no existen pruebas científicas convincentes que demuestren que la depresión sea causada por una deficiencia de serotonina. Según explica, esta teoría empezó como una hipótesis provisional que, con el paso del tiempo, se convirtió en un dogma asumido tanto por profesionales como por la sociedad en general.
La psiquiatra señala que los antidepresivos son uno de los medicamentos más prescritos por todo el mundo, pero alerta de que sus beneficios reales son limitados y que, en cambio, pueden comportar efectos adversos relevantes. En este sentido, sostiene que estos fármacos no corrigen ninguna disfunción cerebral, sino que alteran el estado normal del cerebro, de manera similar a otras sustancias psicotrópicas.
Moncrieff destaca que muchos antidepresivos pueden reducir la intensidad emocional, un efecto que a menudo pasa desapercibido porque se ha evitado reconocer su impacto psicoactivo. Además, algunos, especialmente los inhibidores selectivos de la recaudación de serotonina (ISRS), pueden provocar agitación, tensión y, en casos muy poco frecuentes, impulsos suicidas.
Otro punto clave de su crítica es la dependencia y los síntomas de abstinencia, que pueden alargarse mucho más allá del momento en que se abandona el tratamiento. Según la autora, el cuerpo se adapta biológicamente al consumo continuado del fármaco, hecho que explica las dificultades que muchas personas experimentan en dejarlo.
Finalmente, Moncrieff apunta que parte de la mejora que notan algunos pacientes se puede atribuir al efecto placebo, es decir, a la esperanza que genera el tratamiento más que en una acción específica sobre la causa de la depresión. Su conclusión es clara: no hay evidencias sólidas que justifiquen el uso masivo de los antidepresivos como solución principal, y hay que replantear el modelo biomédico dominante para abordar la salud mental desde una mirada más crítica y abierta al debate.