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Ricomà, un alcalde sin legado

Primer secretari de la Joventut Socialista de Tarragona

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En la historia democrática de Tarragona, desde la recuperación de las libertades, nunca un alcalde había sido proclamado como tal sin haber ganado unas elecciones, nunca un alcalde había perdido en su primera revalida en las urnas, nunca nadie había logrado el –digamos– récord de perder socios de gobierno antes de acabar su primer –y en este caso único– mandato municipal. Nunca nadie… antes de que Pau Ricomà llegara a la alcaldía de Tarragona.

Siempre me ha gustado hablar con respeto de mis adversarios políticos, más de aquellos a los que el resultado electoral ha hablado con mayor elocuencia que las palabras que yo pueda dirigirles, pero en este caso, desde el respecto institucional y personal, me gustaría hacer una serie de valoraciones que creo son justas y necesarias.

Primero, el señor Ricomà llegó a la alcaldía de Tarragona no por haber ganado las elecciones de 2019, las ganó el alcalde Ballesteros, sino por sumar por los pelos una coalición de gobierno completamente heterogénea con partidos, concejales –incluido luego un tránsfuga– y personas que tenían un único y declarado objetivo, como decían ellos mismos, «fer fora» al alcalde Josep Félix Ballesteros. Es decir, no llegó a la alcaldía fruto de un acuerdo de Gobierno en positivo, con medidas transformadoras reales, sino como el instrumento de un pacto de perdedores con una única obsesión confesa: «fer fora» a quién había ganado cuatro elecciones municipales consecutivas. Sin tener en cuenta esto, no se puede entender como Tarragona ha sufrido cuatro años de parálisis bajo su mandato.

Segundo, lejos de unir a Tarragona entorno a unos objetivos de bienestar social el señor Ricomà y su equipo de dedicaron en cuerpo y alma a dividir a la sociedad tarragonina, ignorar a los barrios y despreciar a aquellos que no compartían su modus operandi (recuerdo a gente de su equipo acusar de «fascistas» a más de 2.000 vecinos de Llevant cuando estos se atrevieron a criticar su gestión municipal). ¿No opinas como yo? Claro, porque eres un «fascista» y santas pascuas… es decir, el sectarismo convertido en instrumento político.

Tercero, pese a que durante la reciente campaña electoral él y su partido se dedicaron a pedir la confianza de la ciudadanía para «demostrar» que el señor Ricomà y su equipo no eran un paréntesis en la historia de Tarragona, los ciudadanos y ciudadanas de Tarragona constataron en las urnas que eran efectivamente eso, un paréntesis entre gobiernos municipales socialistas. Tal fue su desesperación que recuerdo que en su último mitin llegaron a afirmar que votar al PSC en Tarragona era «votar por la extrema derecha y la corrupción», textual. Teniendo en cuenta que el PSC ganó –y de calle– las elecciones, ¿creará de verdad el señor Ricomà que vive en una ciudad de habitantes corruptos simpatizantes de la extrema derecha? En fin…

Pero lejos de reconocer que tal vez se equivocó en alguna cosa, sorprende leer en sus últimas entrevistas como trata de insinuar que si perdió las elecciones fue fruto de una especie de mezcla de mala suerte, irresponsabilidad de los ciudadanos y factores externos a partes iguales, repito, sin ningún atisbo de autocrítica y con una autentica obsesión para despreciar el legado del alcalde Ballesteros. Tal vez porque él no tenga ningún legado que presentar…

En efecto, Tarragona se ha distinguido siempre por tener alcaldes con una gran capacidad de liderazgo y un apoyo popular muy sólido, lo que permitió transformaciones profundas que han dejado su huella en la ciudad y sus habitantes. Pienso en el alcalde Recasens y en su obra de recuperación después de la negra noche del franquismo, en el alcalde Nadal que legó la Tarragona patrimonial de la que estamos tan orgullosos, en el alcalde Ballesteros impulsor de la transformación de los barrios, de la obertura al mar y de los Juegos Mediterráneos. ¿Con que hoja de balance queda el señor Ricomà? ¿Con un carril bici por el que no circula prácticamente nadie?

Lo cierto es que el alcalde Viñuales ya ha hecho más por Tarragona en 100 días que el señor Ricomà en cuatro años. La única satisfacción que observo que le queda es retuitear los trolls de los haters por twitter tratando de ensuciar el legado del alcalde Ballesteros con insinuaciones a las que, claro está, no aporta ninguna prueba que las sustente. Y sin importarle difamar a quien haga falta, dicho sea de paso.

Por respecto institucional a la figura de alcalde de Tarragona no voy a volver a dedicar un artículo al señor Ricomà pero si déjeme decirle una cosa con toda claridad: si usted o algunos de sus exsocios de Gobierno creen que alimentando discursos de rencor o con difamaciones personales van a conseguir algo creó, sinceramente, que se equivocan. La gente se ha cansado del sectarismo, incluso aquellos que alguna vez titubearon con él. Quieren la política en positivo, la que cambia la vida de la gente a mejor, la de las realidades a pie de calle, no la de los epítetos groseros por las redes sociales. Precisamente por ello el alcalde de Tarragona hoy día no se llama Pau Ricomà sino Rubén Viñuales Elías.

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