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Tribuna

Concordia o enfrentamiento

  • Rafa Luna

Actualitzada 25/10/2020 a les 18:27

Hace algún tiempo, a nadie se le escapa, que España ha entrado en dos maneras diferentes de hacer política. Una de ellas, la que nos ha acompañado desde la transición política, teniendo como hoja de ruta la Constitución Española, que tan buenos resultados nos ha dado en estos años. Desde la transición, la Constitución ha sido clave para la recuperación de las libertades, la consolidación de la democracia, el progreso económico y social y, muy especialmente, la convivencia pacifica de todos los españoles. La diversidad de ideologías no ha servido para el enfrentamiento, muy al contrario, si no para el dialogo, debate, entendimiento y concordia, con un respeto a las instituciones, ya sea a la jefatura del estado, el poder judicial o el legislativo. Así se ha reconocido internacionalmente, cuando se ha puesto a España como modelo de una transición de un régimen dictatorial a una democracia, sin enfrentamientos que pusieran en riesgo la convivencia y las libertades que entre todos nos hemos dado, situando a España como una de las democracias más consolidadas del mundo. Pero desde hace algún tiempo, a esa concordia y unidad, le ha aparecido otra forma de hacer política, basada en el enfrentamiento, la radicalidad, en guerras civilistas que se alejan de la concordia y se acercan a posturas rupturistas.  

En el panorama político español irrumpen dos corrientes políticas radicales, tanto a la derecha como la izquierda. Uno de ellos irrumpe oficialmente en el 11 de marzo 2014, sus líderes vieron en el 15 M una oportunidad histórica, para llevar a cabo una reforma política radical, basada en movimientos de grupos de opinión y movilización, en un sistema organizativo horizontal, aprovechándose del descontento social, con las políticas del entonces presidente del gobierno, de izquierdas también, por cierto. Todo ello en un postulado de movilizaciones, desobediencia civil, en unos valores republicanos en cuanto a la vida pública y justicia social, con el fin de “latinoamericanizar” Europa, tomando como ejemplo gobiernos bolivarianos, todo ello dirigido por una pequeña élite que toma las decisiones más importantes. Ese sistema horizontal, con el tiempo, se ha convertido en vertical, donde son pocos los que mandan y donde sobresale un caudillaje indiscutible, no por el convencimiento, sino por la fulminación del miedo. Un partido político donde el populismo no esta ausente, como tampoco, por la manera de ejercer el liderazgo su secretario general, de corte leninista sin duda alguna. El libro Populismo, define muy bien este movimiento político, cuando dice: «… desvía el debate material, trasladándolo a lo emotivo. De esa forma cuando están en la oposición, se declaran el único gobierno legítimo y cuando llegan al gobierno, se convierten en oposición de aquellos que considera los enemigos de élite o poderes fácticos para justificar su ineficacia y fracaso como gobernantes …» Fin de la cita. 

Al otro lado, mejor dicho, a las antípodas, se sitúa el otro movimiento político, como se puede adivinar, a la derecha. Nace el 12 de diciembre 2013, concretamente su embrión fue en el País Vasco, en manos de ex militantes del partido de derechas  que en aquel momento gobernaba, justificando la exigencia de hacer una política más escorada a la derecha, en un contexto que justificaban de debilidad política, en referencia al independentismo, con la intención de recoger los votos del ala más conservadora de la derecha, con el propósito de un cambio radical en la vida política española, donde algunos de los ejes de su acción política, se centran en la supresión de las autonomías, ilegalización de las formaciones separatistas, alejamiento de la Unión Europea, entre otras, que le alejan de ser una fuerza política constitucionalista, para caer en el enfrentamiento constante de la ruptura.

Estos dos movimientos distantes ideológicamente tienen unas pautas de comportamiento en común: alejarse de la concordia constitucionalista y como es obvio, de las reglas de juego que ello conlleva, en comportamientos de enfrentamiento, bronca, enfado, movilización, en un no sistemático en todo aquello que no tenga que ver con sus propios principios, porque la verdad, no se trata de avanzar y progresar desde la concordia, se trata de la ruptura mediante el enfrentamiento. En buscar los orígenes, en un enfrentamiento guerra civilista, distante de la realidad que anhelan todos los españoles, que no es nada más que la convivencia, la defensa de las libertades, el progreso económico y social y, ahora, de una forma especial, superar este mal sueño del COVID-19 que tan cruelmente nos está castigando, en la salud y la economía. Experimentos los mínimos, es mucho lo que está en juego, el bienestar de todos los ciudadanos y no es saludable para un estado de derecho, llevarlos a caminos pedregosos que culminen en un acantilado.

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