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Tribuna

Mas de le Figures

  • Ramon Grau Gràcia
Exregidor de Cultura de Tarragona

Actualitzada 19/07/2018 a les 19:26

Ramon Grau Gracia

Ramon Grau Gracia

Ramon Grau Gracia

La convocatoria del Premio Battestini 2018 me parece sobradamente justificada: director del Hospital Santa Tecla durante los años 1927 al 1937, doctor en medicina e iniciador de ciencias médicas, filántropo y defensor de la cirugía  de calidad y gratuita. Víctima inocente de las barbaridades de la época simplemente por benefactor. Fue  rechazado por el Colegio de Médicos. Activistas de la FAI le obligaron a dimitir y del otro lado en 1939 lo fusilaron los franquistas por afiliado al mesurado partido Acción Catalana. Destino fatal que en similares circunstancias y época, mi tío Fernando salvó la vida. En Xàtiva era personaje singular, seguramente afiliado al PC y de tendencia parecida a los verdes. De profesión comercial, con representaciones de renombre, como Trinaranjus. Relacionado con consignatarios de Tarragona, intelectual de primera línea y cualidades esenciales de persuasión. Tratando de proteger las obras de arte de varias iglesias logró evitar que sus correligionarios las destrozasen o incendiaran. Finalitzada la guerra, los franquistas perdonaron su filiación roja por haberlas protegido. Casualmente y por suerte, sus conocimientos y amor al arte le salvaron la vida.

Históricamente la Iglesia ha sufrido estragos y desmanes por la política y las guerras. Nuestra Catedral –la palabra catedral viene de cátedra, que es el asiento con espaldera que tiene el obispo en el presbiterio de la iglesia– también fue víctima de esa inquina, durante y después de la guerra de independencia. Desapareció la mayoría de su colección de joyas de inestimable valor artístico e histórico, en parte sacrificadas para atender las necesidades del ejército. El resto, mártir de la rapacidad de los invasores que saquearon piezas importantes como la imagen de la Purísima Concepción, obra de 37 marcos de peso (8 onzas por marco) de plata cincelada en 1614 por el orfebre tarraconense Bernardo Maymó  y una hermosa Santa Tecla de un metro de altura.

Hubo que ceder para la Casa de la Moneda gran numero de cruces, báculos, incensarios, candeleros y andas de procesiones. Aquí aprovecho para desvelar mis momentos en la Catedral. Siendo concejal en 1992 quedé sorprendido al entrar en el antiguo Refectorio –espacio donde se juntaban a comer los sacerdotes pertenecientes a la comunidad catedralicia– al enseñarme las piezas desmontadas del mausoleo del Rey Jaime I, obra magnífica de Luís Domenech y Montaner destinada a erguirse solemnemente en la Catedral. Franco decidió que el monarca debía estar en Poblet. La ciudad tendría pues el honor de poseer el monumento del Rey que presidió aquí la memorable cena donde nuestro Pere Martell le convenció del objetivo conquistador de la Mallorca musulmana. Como nave a la deriva tuvimos dudas sobre su emplazamiento. La fragilidad de los materiales no permitía situarlo al aire libre y se optó por el patio que sería de Jaime I en el Ayuntamiento. El indomeñable afán de honorarlo  eligió el lugar más apropiado, porque es sabido que antes de ser Consistorio, esa zona del edificio era la Iglesia del convento de los Dominicos, en la cual se veneraban las piedras que sustentaron la pira de los mártires Fructuoso y sus diáconos.

Finalizando este artículo decidí ahuyentar cierta angustia e indagar si hubo espacios oscuros o poco ejemplares entre el doctor Battestini  y el Colegio de Médicos. Estamos donde estábamos, nada al respecto. Llevaba todas las de perder cuando hallé un curioso Boletín del Colegio Oficial de Médicos, que después de la dictadura de Primo de Rivera se convirtió en Butlletí. Ajeno al tema, no obstante me llevó a entender aquella época mediante una jerga que actualmente nos parecería incomprensible o innecesaria, –al respecto, queda viva en mi memoria cuando de niño me llevaban al médico en Sanidad, allí un ostentoso cartel de una madre con su hijo invocaba «Medicación sencilla y amor materno devuelven la salud al niño enfermo. En mi inocencia pensé: Si tengo algo grave estoy listo –ahora no me sorprendieron algunos de los pareados que venían en dicho Boletín Todos los niños tienen derecho a la leche de tu pecho, Entre mamar y mamar, tres horas han de pasar o  Ponerlo contigo a dormir es exponerlo a morir. También se comentaba que aconsejado por los médicos, el Ayuntamiento declara la carne alimento de primera necesidad y dispone que todas las carnicerías estén abiertas de sol a sol y al cerrar deberán colocar letrero indicativo de la carnicería de guardia, que estará abierta toda la noche (como ahora las farmacias). En mi búsqueda de la época topé con una reseña de un grupo de médicos que se interesaban por el tarraconense –comentando entre ellos la posibilidad de que la actitud del hombre fuera un caso clínico de mente algo atrofiada–  José Jordá, creador del extraordinario invento del Mas de les Figures. De oficio, alpargatero, por la mañana regía su tienda en la calle Cos del Bou y todas las tardes se trasladaba a la parcela situada en el quilómetro tres de la carretera de Pallaresos. Allí, autodidacta total, concebía figuras de hormigón armado que representaban, sin norma ni orden, escenas populares de toreros y picadores en una plaza de toros, cantantes, animales de todo tipo, artistas célebres, escritores, santos patronos etc. Explicaba orgulloso a los visitantes que eran creaciones de su Museo Jordá. Victima de algunas burlas, pero fue apreciado popularmente.

Ayer un amigo me comentaba que hasta dispuso de un vigilante jurado. De niño aquel panorama me pareció muy festivo y alegre. Ya con conocimiento artístico pienso que de haber existido el estilo naif, por su ingenuidad lo hubiera catalogado así o similar al arte primitivo de la edad media. Aportando mi mirada independiente pienso que actualmente hubiera cosechado éxito. Cuando murió el incomprendido artista José Jordá los vándalos se encargaron de arrasar su obra.
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