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Tribuna

La izquierda que no suma entorpece nuestras luchas

  • Hakima Abdoun
Activista social

Actualitzada 11/01/2018 a les 19:56

Es bien sabido que las izquierdas desde sus albores han defendido un modelo de sociedad basado en la idea de laicidad arrinconando la religión dentro de la esfera doméstica. Desafortunadamente, según mi parecer, esta premisa se ha desestimado en el momento que buena parte de la izquierda ha tratado con distinto rasero el catolicismo respecto a otras religiones patriarcales y machistas. Sin ser conscientes de ello, están defendiendo una ideología religiosa que en el fondo detestan, pensando que están salvaguardando los derechos humanos. En realidad, están ejerciendo un falso altruismo y una solidaridad malentendida. Nos están hundiendo en nuestra teocracia islamista.

La inmigración es una realidad social, es una situación de la persona que le marca un antes y un después, no es la persona en sí. Somos personas muy diversas y tratarnos como un colectivo, implica minimizarnos y quitar importancia a nuestra diversidad. Estoy un poco cansada de estar entre dos discursos, el racista y el altruista. Unos transmiten odio y otros buenismo. Unos nos rechazan por ser inmigrantes y otros nos defienden por lo mismo. Parece ser que, un inmigrante, para unos no puede ser honesto y, para otros, nos encumbra a una condición que nos exime de cualquier atisbo de maldad.

Espero hacer reflexionar a los altruistas porque creo que los que transmiten odio no tienen arreglo ninguno. Cabe recordar que hay que diferenciar entre el islam y la inmigración. Emigrar significa huir del país de nacimiento por motivos económicos, con el deseo de lograr una vida digna. Es de responsabilidad humana y política otorgar y cumplir con la legitimidad del derecho fundamental de la libertad de circulación, elección y decisión sobre donde residir y realizar la vida. Pero no se debe obviar que la ideología religiosa lleva consigo una mochila de valores patriarcales, religiosos y conservadores que no se extinguen por el mero hecho de pasar a pertenecer a una minoría en el país de acogida.

Por eso, creo que la izquierda se está equivocando guiándose por su ego altruista. Aceptar que la religión se imponga sobre los derechos fundamentales es una grave equivocación. Muchas personas venimos de unas sociedades patriarcales y machistas. El contexto de donde procedemos, en muchas ocasiones, no respeta los derechos humanos y es intolerante con las minorías. Venimos de países formados por gobiernos de derechas y votados por una mayoría social religiosa y conservadora. Sociedades donde la homosexualidad es considerada delito y donde se castiga a las minorías no creyentes. Una sociedad donde el beso es delito y el acoso está bien visto.

Nos cuesta la vida a las mujeres lograr la emancipación, la libertad y nuestra independencia, debido a la educación tradicional basada en valores patriarcales que refuerza la dependencia de la mujer hacia el hombre sea padre, hermano o esposo. Esta dependencia no es una elección de la mujer ni de los padres puesto que, para ellos, es una obligación moral mantener la hija hasta que contraiga matrimonio para no caer en la deshonra. Esta es la vida de muchas mujeres estén en su país de origen o de acogida. Las tradiciones son las mismas y el patriarcado es el mismo.

Es comprensible que la izquierda defienda el islam porque no deja de ser una religión minoritaria y discriminada por la derecha conservadora occidental. De la misma manera que las organizaciones en defensa de los derechos humanos protegen otras religiones minoritarias en aquellos países donde se las persigue. En los países árabes, por ejemplo, gobierna una mayoría conservadora que discrimina a las minorías. En India, por su parte, también hay una mayoría hinduista que discrimina las demás religiones minoritarias. Lo mismo sucede en China con los budistas tibetanos o en Egipto con los católicos coptos. En la vida quien posee el poder dicta las normas. En occidente pasa más de lo mismo y es de recibo proteger a las minorías religiosas.

Ahora bien, siempre que defender a una minoría religiosa entre en conflicto con proteger los derechos humanos, tenemos que decantarnos sin miramientos por la segunda opción. Como también, tenemos claro que la ablación de clítoris es una práctica religiosa detestable que no tiene cabida en nuestras sociedades, no podemos cerrar los ojos ante hechos religiosos que vulneran la libertad de las mujeres. De la misma manera que la izquierda tradicional ha luchado sin miramientos para romper con tradiciones religiosas y conseguir el aborto, el divorcio y el matrimonio entre personas del mismo sexo, debe ayudar o, como mínimo, no entorpecer a quienes llevamos décadas luchando por la emancipación de la mujer dentro de la tradición musulmana.
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