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Pla aeri del tram central de la barra del Trabucador, mirant cap al nord, amb les màquines d'Infosa treballant en la restauració del pas.

Un año después del Gloria: se acelera la agonía del Delta del Ebro

Plano aéreo del tramo central de la barra del Trabucador, mirando hacia el norte, con las máquinas de Infosa trabajando en la restauración del paso.

Un año después del Gloria: se acelera la agonía del Delta del Ebro

El territorio exige actuaciones estructurales inminentes para hacer frente a los efectos de los cada vez más frecuentes temporales

Actualizada 20/01/2021 a las 16:47

Casi un año después del paso implacable del Gloria, el embate del Filomena ha venido a recordar, nuevamente, que los temporales ya azotan regularmente la costa del Delta del Ebro ahora también en pleno mes de enero, unas fechas históricamente poco habituales. Inmerso en una situación de extrema vulnerabilidad desde hace décadas, víctima de la constante reducción de aportaciones de agua y sedimentos del río, la agonía del espacio natural se acelera. Si bien el Filomena no ha dejado sobre el terreno heridas tan profundas como el Gloria, el efecto acumulativo ha vuelto a disparar la indignación en el territorio. Administraciones locales y sectores productivos reclaman soluciones estructurales inminentes para mantener el Delta ante la pasividad y el desacuerdo entre administraciones.
 
El dron de ACN ha sobrevolado algunos de los espacios que, justo hace un año, resultaron especialmente castigados por el temporal más virulento que los mayores de la zona recuerdan. Olas de más de cinco metros, un mar inusitadamente virulento empujado por un viento de levante desbocado que hizo penetrar el agua salada tres kilómetros tierra adentro, inundando más de 2.000 hectáreas de arrozales del hemidelta norte, rompiendo los cajones de Buda y descuartizando la barra del Trabucador.


En el istmo que conecta la punta de la Banya, uno de los elementos más dinámicos y cambiantes del litoral deltaico, el oleaje ha remitido y las mermas de enero, como así se conocen los episodios de altas presiones propios de esta época del año, han ayudado a rebajar considerablemente el impacto inicial de la inundación de hace diez días y hacer emerger, de forma intermitente, algunos tramos. Entonces más de la mitad de la superficie quedó inundada y el mar comunicaba con la bahía interior de los Alfacs por al menos seis puntos.

La mejora de las condiciones ha permitido la empresa que explota las Salinas, Infosa, haya empezado a reconstruir el camino de paso con cierta celeridad, movilizando arena de la parte interior de la bahía con maquinaria pesada. Lo hacen al mismo tiempo que numerosos tractores atraviesan todavía los canales de agua marina de hasta medio metro de profundidad cargados de sal. Un producto que esperan los numerosos camiones aparcados en el tramo inicial de la barra para cubrir la elevada demanda después de las nevadas del temporal, precisamente. Creen pero que la situación de bonanza de estos últimos días es puntual y que sólo un descenso de la presión atmosférica permita el mar cubrir buena parte del paso.

En el hemidelta norte, el dron sobrevuela la playa de la Marquesa. Allí, sin temporal y en un contexto de mar bajo, las olas ya no pegan directamente contra el cordón dunar levantado por el gobierno español y ha reaparecido la playa engullida hace diez días. A pesar de presentar algunas roturas puntuales, la estructura de defensa a lo largo del tramo entre la península del Fangar y Riumar se mantiene en pie.

El avance imparable de la regresión se sigue haciendo especialmente visible en el tramo de litoral justo en el norte del restaurante Els Vascos. En la zona de la balsa de la Arena, uno de los puntos por donde hace un año el mar penetró de forma imparable dentro de los bancales de arrozales más próximos al mar y expandiéndose Delta adentro, las aportaciones extraordinarias de arena han conseguido, de momento, frenar el golpe.

«Peor que hace un año»
«El Filomena duró menos de 24 horas y no lo acompañó el viento de levante. En caso contrario, estaríamos hablando de una situación peor que la de hace un año». Lo afirma Xavier Curto, portavoz de la Mesa de Consenso del Delta del Ebro. Integrada por comunidades de regantes y alcaldes, es una de las entidades que más ha levantado la voz durante los últimos meses para advertir que uno nuevo Gloria podría resultar fatal para el Delta.

En este contexto, si bien el episodio de hace diez días no resulta comparable en términos de daños, entiende que no se ha mejorado ni se han extraído las enseñanzas adecuadas de hace un año. Al contrario: «Hemos aprendido que, desgraciadamente, las administraciones competentes en el Delta del Ebro no hacen lo que toca». subraya. La Mesa, que justo pocos días después del Gloria presentaba públicamente su Plan Delta, con propuestas inmediatas y «estructurales» para revertir la amenaza combinada que la falta crónica de sedimentos y el aumento del nivel del mar cambio climático suponen para la supervivencia del espacio. Una propuesta que combina el uso de dragas para resituar la arena con medidas a largo plazo de recuperación de los sedimentos retenidos en los embalses del Ebro.

El gobierno español, recogiendo el guante, anunciaba actuaciones de urgencia y prometía un Plan de Protección del Delta del Ebro con soluciones estructurales en el plazo de un año e incorporando la filosofía del Plan Delta de la Mesa . Con meses de retraso, el avance del primer borrador el pasado mes de noviembre fue recibido con una amplia decepción desde el territorio. «Dentro de la desgracia era una oportunidad para que este plan saliera adelante que se sumaba a unos planes de regeneración económica de la Unión Europea muy vinculados a temas de protección del litoral. Pero pasado un año no se ha hecho nada de lo que el plan proponía», ha insistido Curto.

Finalizadas justo antes del verano por los retrasos que ocasionó el estallido de la pandemia de la covid-19, las obras de emergencia sólo han conseguido parcialmente amortiguar el impacto de los diversos episodios que, desde el Gloria, han vuelto a castigar la costa del Delta: a principios de mar, abril, octubre y noviembre. Pero los alcaldes, integrados también en la Mesa , creen que son insuficientes y que la situación, un año después, es «peor que nunca».

«No se ha podido actuar de la forma decidida que las administraciones competentes, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Departament de Territori, tendrían que haber actuado», reprocha el alcalde de Sant Carles de la Ràpita, Josep Caparrós. «Sólo con actuaciones de emergencia no se solucionan los problemas que tenemos en el Delta», remarca, afianzando la apuesta por recuperar sedimentos del río y actuar a corto plazo moviendo arenas.

Responsables y derrotas
El tejido asociativo y productivo del municipio prepara ya movilizaciones para reclamar la necesidad de actuaciones inminentes. Recuerda Caparrós que una rotura definitiva de la barra del Trabucador tendría consecuencias nefastas, tanto ambientales como productivas –para la acuicultura y el turismo. «Nos va la vida, la tierra», alerta. «El Ministerio y el Departament tienen que actuar o serán responsables, por su inacción, de la desaparición de un territorio», añade.

La costa de Deltebre resultó especialmente afectada durante el episodio del Gloria: playas, infraestructuras, caminos y vías públicas acumularon daños muy importantes. El alcalde, Lluís Soler, cree que el «parche» de las actuaciones de urgencia no es sostenible a largo plazo. Pide una «discriminación positiva» para los municipios deltaicos que tienen que hacer frente a los costes adicionales de estos daños. Critica que el gobierno estatal no haya incorporado la propuesta de la Mesa y se limite a plantear un «retroceso» de la línea de costa, del dominio público marítimo terrestres, en unos 500 metros. «El Delta necesita acción, no una derrota e ir atrás como plantea el Ministerio», valora Soler.

De momento, la falta de comunicación entre el gobierno español y el de la Generalitat, según reconocen varias fuentes a ACN, mantiene en una situación de impaso permanente la plasmación práctica de una necesidad reconocida por todas las partes. Desde Madrid, el Ministerio para la Transición Ecológica, que invirtió 2,2 millones en el Delta en las obras urgentes, no prevé volver a actuar hasta que esté terminado el plan estatal, que se desplegaría a partir de 2022, según el último anuncio.

Aunque los alcaldes lo señalan como el principal responsable, recriminan también la pasividad del Departament de Territori i Sostenibilitat, especialmente después del compromiso presupuestario de invertir este año en el Delta 6 millones de euros, que todavía no se han concretado a pesar de reiterados anuncios de buena voluntad por parte del conseller, Damià Calvet.

Retroceso «controlado» ante el cambio climático
El delegado provincial de Costas del Ministerio, Antoni Espanya, defiende que una de las principales lecciones que deja el Gloria, ante el avance de un «cambio climático irreversible», sería la efectividad de la estrategia de movimientos de arena de zonas excedentarias en otras más frágiles, permitiendo «un retroceso controlado sin daños» de la costa.

Una estrategia que el mismo gobierno español ya ha puesto en práctica con las obras de emergencia -evitando reponer infraestructuras y equipamientos vulnerables a temporales o la subida del nivel del mar- y que, asegura, cada vez encuentra más receptividad entre ayuntamientos y empresarios. «Derribar 2.500 metros cuadrados de paseo –en l'Ampolla- es un hecho inédito que no se había hecho nunca pero tocará hacer más y con más regularidad que hasta ahora», prevé.

Este retroceso planificado, la creación de zonas de «comodidad» para disipar la energía del mar afectaría, especialmente, a un centenar de hectáreas de arrozales del margen izquierdo –que se permutarían con campos de la finca de Bombita o serían compradas directamente por el Estado. En paralelo, el plan estatal prevé movimientos de arenas y, a la larga, la recuperación de sedimentos fluviales, insiste España. De momento, sin embargo, el Filomena ha pasado su factura: una partes del cordón de arena entre el Fangar y Riumar han quedado tocadas. La parte de la playa del Arenal más próxima al núcleo urbano de l'Ampolla ha desaparecido.

En el Delta, sin embargo, el mero hecho de plantear la idea de un retroceso de la línea costera es objeto de una gran controversia. Al arrocero ampostí Jordi Margalef, el temporal Gloria le inundó con agua salada unas tres hectáreas de arrozales en la zona de la balsa de la Arena, en Deltebre. «Si expropiar las fincas fuera la solución: hacer arroz y cada vez irá comiendo. ¿Hasta cuándo? ¿Expropiar hasta que desaparezca el Delta? No es solución», certifica.

Pérdidas en el arroz y la acuicultura
Reprocha a las administraciones que se pasen la pelota al momento de poner soluciones sobre la mesa y actuar. «En general no hemos aprendido nada. La gente ya no recuerda los temporales. Ahora ha vuelto a venir otro y nos acordamos. No aprendemos: el Delta desaparece, pero no de ahora, de hace 30 años», aduce. Aunque pudo retirar el agua de forma relativamente rápida, la producción en esta finca se redujo un 40%. A raíz del Gloria ha levantado un segundo cordón de arena como defensa, tierra adentro, por si el primer dique costero no resistía el embate de los temporales. «Quizás durará un año... o dos. Se tiene que ir sobrealimentando: el mismo viento ya se lo lleva aunque no venga un temporal», reconoce.

Los acuicultores y pescadores fue uno otros de los colectivos especialmente damnificados porel temporal. En la bahía del Fangar, los productores de mejillones y ostras perdieron la mitad de la producción anual y once explotaciones resultaron totalmente destrozadas. La virulencia del temporal, con olas de hasta siete metros que sobrepasaban fácilmente el dique de recer, causó estragos en el puerto de l'Ampolla.

Tal como hizo también en el de las Casas de Alcanar, Ports de la Generalitat inició hace unos meses las obras para reparar los desperfectos. En concreto, se actúa todavía en el rompeolas exterior y en el extremo del dique del lado de la bocana, así como daños estructurales en las explanadas adosadas al dique y en el muelle pesquero. También quedaron afectadas las casitas de pescadores y el suministro eléctrico. Numerosos utensilios y basura quedaron acumulados en el fondo del puerto.

«Han reforzado el rompeolas, haciéndolo más ancho y han puesto más refuerzo en la base del dique para resistir, se ha elevado unos 50 centímetros el respaldo para que no salte tanto. Sí que hemos aprendido: a atar mejor las barcas y a tener mucha paciencia», ha manifestado el patrón mayor de la Confraria de l'Ampolla, Josep Molina, el único de los entrevistados mínimamente satisfecho con la respuesta de la administración a la hora de reparar los destrozos del Gloria.
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