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Dos bueyes bravos de la ganadería 'Lo Charnego' en la finca Les Olles

La covid y la suspensión de las fiestas mayores deja a los ganaderos de toros del Ebro en la cuerda floja

La falta de ingresos los vierte a sacrificar los primeros animales mientras se sigue reclamando ayudas de la administración

Actualizada 09/08/2020 a las 18:14

La covid ha obligado a suspender las fiestas mayores de los municipios ebrenses y aplazar los más de 200 actos de correbous que se celebran cada verano. Estas fiestas son la única fuente de ingresos que tienen algunos de los 8 ganaderos de toro bravo de las Terres de l'Ebre. Para poder garantizar la viabilidad de las explotaciones han empezado a sacrificar animales, que tienen que vender a precios irrisorios. Ganaderos y aficionados confiaban salvar parte de la temporada taurina en agosto y en septiembre, pero los rebrotes y la prohibición explícita del Procicat en las fiestas con toros lo han hecho imposible. Las ayudas que reclaman para mantener los toros podrían llegar en otoño a través de una modificación presupuestaria de la Diputación de Tarragona, que lo está estudiando.
 
Los ganaderos de toro del Ebro lo advirtieron en pleno confinamiento cuando Aldover o el Mas de Barberans, los primeros pueblos que abren la temporada taurina en las Terres de l'Ebre, suspendieron las fiestas de Sant Jordi y de mayo. Temían verse obligados a reducir la ganadería a la mitad, si no se hacían correbous y no tenían ingresos, pero confiaban en que la situación sanitaria mejoraría en agosto y en septiembre, cuando buena parte de los pueblos celebran las fiestas mayores y buena parte de los correbous. Finalmente, la situación se ha acabado complicando más.


De momento, no habrá ninguna fiesta con toros en los pueblos ebrenses donde se celebran y las ganaderías de toros de las Terres de l'Ebre han empezado a sacrificar animales para resistir y «para seguir dando comida al resto». «No era mi voluntad pero por desgracia ya he tenido que sacrificar algunos y no querría sacrificar más», ha lamentado el ganadero Hilario Príncep, del Lligallo (Montsià). De momento son sólo una veintena de las 140 cabezas que tiene pero las ha tenido que matar «a precio de chatarra», por unos 100 o 150 euros el animal -0,80 euros el kilo. En cambio, adquirir uno de estos ejemplares le puede costar a una ganadería entre 6 y 8 veces más.

En el bajo precio se suma que la rentabilidad en kilos de estos toros también es baja. Una ternera de toro puede dar 90 kilos de carne en canal cuando un toro acharolara con los mismos meses puede hacer 340 kilos. «Es un animal musculoso y con poca carne» y ante la circunstancia creciente de tener que llevar los animales al matadero, la Asociación de Criadores de toro bravo del Ebro intentará reactivar en otoño el proyecto para comercializar, con sello propio, embutido de toro - chorizos, patés o cecina- y estofados precocinados. Son conscientes de que es «pecata inuta» pero sería una salida digna a la carne del animal que se tenga que sacrificar.

En el Ebro se crían unos 1.200 toros bravos. Es la ganadería en extensivo más numerosa en el territorio y también es de las más importantes entre las razas endémicas del país. Desde la Asociación de Criadores, Paco Palmer, ha remarcado que si se reduce la vacada, el efecto se hará notar también en las más de 4.000 hectáreas donde se crían y donde hacen de gestoras de la biodiversidad.

Esperando las administraciones
Los ganaderos se sienten «contra las cuerdas» pero aseguran que intentarán resistir como puedan hasta el año que viene. «Es el sacrificio mío de muchos años y esperamos que el año que viene se levante eso y pudiéramos hacer toros», ha apuntado a Príncep. «Vemos crudo que algunos ganaderos puedan mantener su explotación como hasta ahora, tendrán que reducir cabezas y llevar animales al matadero pero sufrirán y el problema puede venir el año que viene si nos encontramos en la misma situación. La crisis sería muy grave para mantenerlas», ha advertido Santi Albiol, presidente de la Federación de Asociaciones y Peñas Taurinas de las Terres de l'Ebre.

Las peñas y aficionados taurinos han presionado para que las administraciones echen una mano a los ganaderos, como han hecho las comunidades de Valencia o Navarra. La Federación impulsó una moción en este sentido, donde se instaba a diferentes departamentos del Gobierno y otras administraciones a buscar una línea de ayuda para las ganaderías de toro. El texto ya se ha ido aprobando y ratificando en algunos ayuntamientos y Consejos Comarcales. La coordinadora en el Ebro la Fundación Toro de Lídia también ha hecho llegar una carta al vicepresidente del Gobierno, Pere Aragonès, pero no han recibido ninguna respuesta.

De momento, la primera ayuda podría llegar a través de la Diputación de Tarragona que, siguiendo el ejemplo de la Diputación de Teruel, estudia una modificación presupuestaria para poder meter una subvención para los criadores de toro. Por su parte, algunas peñas han mantenido los pagos de los animales que ya habían comprado y confían en que se pueda acabar la temporada, hacia el otoño, con alguna actividad taurina.

«Se han aplazado actos para en septiembre o en octubre pero pinta mal así que iremos paso a paso, pero volveremos con más fuerza. Es un año de pausa y está claro que volveremos con más ganas que nunca, al 100%», ha apuntado Guillem Carles, de la Fundación Toro de Lídia. El aviso responde también a las peticiones de los animalistas que reiteradamente, durante la pandemia, han pedido que se dejen de pagar y subvencionar las fiestas con toros. Hace sólo unos días, el plenario de Amposta rechazaba una moción de la entidad antitaurina ebrense Todos Somos Pueblo que instaba en el consistorio a dejar de destinar dinero público a la programación, promoción y financiación de fiestas y espectáculos con toros.

Unas fiestas censuradas
Pero los intentos de algunos municipios para organizar los correbous con restricciones y medidas de seguridad se han visto frenados también por el Procicat. Los organizadores taurinos se habían preparado para adaptar la temporada taurina a la situación sanitaria. La Federación de Peñas había redactado el Plan Recupera, para adelantarse y prever cómo había que adaptar las fiestas con toros a todas las medidas de seguridad y sanitarias pero recibieron con sorpresa el Plan de Reanudación Cultural del Procicat donde se explicita que la de los correbous es la única actividad que no se puede celebrar este verano. La Federación ha presentado alegaciones a la dirección general de Cultura Popular porque se sienten agravados y ahora esperan respuesta.

«Se puede valorar cualquier otra actividad en el ámbito de la cultura pero el documento apunta que las fiestas con toros no se podrán hacer este año. Se redacta específicamente y consideramos que es un agravio comparativo y no nos hemos podido quedar callados», ha lamentado Albiol. «Sabíamos que tendríamos problemas porque siempre los hemos tenido. Trabajamos un plan con agentes implicados de la fiesta y otras comunidades autónomas y hemos hecho el trabajo, con rugosidad y seriamente, yendo más allá de las medidas de seguridad establecidas y preparando un manual de buenas prácticas que sirviera a los organizadores,» ha detallado el presidente de las asociaciones taurinas.

Pero este verano sólo se ha visto un toro en dos actividades ganaderas, los paseos de un manso que se han hecho en Santa Bàrbara y en Sant Jaume d'Enveja, en el Montsià, actos que, recuerdan, no son, en ningún caso, cortejos taurinos. Sin embargo las entidades antitaurinas han denunciado la actividad pero la Federación remarca que se han celebrado bajo autorización del Departamento de Agricultura como se hace en ferias o fiestas de recreación. «Las denuncias son humo. Ya es suficiente de colar algunas cosas que no tienen nada que ver con la ley de los correbous, una ley que por cierto, -los antitaurinos- ya se tendrían que saber de memoria», ha criticado Albiol. «Son muchos sectores que lo pasan mal pero tenemos el problema añadido de la presión antitaurina. Pero si no nos dejan hacer correbous, nos llevan a sacrificarlos», ha lamentado el ganadero Hilario Príncep. «Nos damos un hartón de trabajar para recoger comida y de momento los animales todavía comen, e intentaremos continuar así», ha remarcado.
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