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Pla general de flamencs a la llacuna de l'Encanyissada, al delta de l'Ebre.

Proponen reanudar la inundación de los arrozales para frenar el descenso de aves hibernants en el delta del Ebro

Plano general de flamencos en la laguna de la Encanyissada, en el delta del Ebro.

Proponen reanudar la inundación de los arrozales para frenar el descenso de aves hibernants en el delta del Ebro

El parque natural argumenta que la medida favorecería también la caza, la pesca o la gestión de sedimentos

Actualizada 19/02/2020 a las 17:07

El parque natural ha propuesto reanudar la inundación de los arrozales del delta del Ebro después de constatar un descenso de la presencia de aves hibernants desde que se empezaron a secar los arrozales para luchar contra el caracol maçana. Aunque este año el censo ha contabilizado más de 233.000 aves, la cifra queda muy lejos del reciente récord de más de 300.000, cuando todavía se inundaban los arrozales. Las especies que más han notado este descenso son las que tienen su hábitat en los arrozales, como garcilla bueyera, la garceta o varios patos. Algunas están protegidas por la legislación europea. El parque argumenta que, además de favorecer la biodiversidad, la medida ayudaría a la caza, la pesca, la acuicultura o la futura gestión de los sedimentos.
 
Los datos del censo invernal han acabado confirmando, una vez más, la tendencia que se había apuntado durante los últimos años. Las anátidas, con más de 98.300 ejemplares -un 42,2% del total- y en el cual s0inclouen patos collverds, cercetas comunes o patos cucharón, ha caído un 18% respecto del censo del año pasado. Sin embargo, las diferentes especies de este grupo se han comportado de forma diferente: mientras los garganta verdes han estado por encima de un 18% los silbadores han caído hasta un 58% o un 45% los xibecs.

Aparentemente, las limícolas, cerca de 83.000 ejemplares y un 35.4% del total, han crecido un 28% pero también hay disparidades importantes entre especies , destacando la caída del 40% en especies como la avefría. En el caso de los ardeids -9.700 ejemplares-, la caída global ha sido del 46% por debajo del valor de referencia, afectando especies tradicionalmente abundantes en invierno como la garceta –que ha caído un 76%- a la garcilla bueyera –menos 40%- o el barrote pescaire –menos 32%.

Otras de las 91 especies presentes este invierno al Delta y que han experimentado cifras bajas son el cuervo marino, con un 31% menos. Por el contrario, el capón real ha alcanzado su máximo histórico con 10.700 ejemplares. El grupo de láridos, altamente gregario, se estudia cada cuatro años retrocede también de forma importante en el caso de la gaviota reidora, que pasa de los 41.000 ejemplares entre 2006 y 2006 a los 24.000 los últimos cuatro años. Curcó apunta que al principio de enero, antes del temporal Gloria y cuando se efectuó el censo –que no se vio afectado por la llevantada-, sólo el 47% de la superficie de arrozales deltaica estaba inundada.

La perspectiva temporal que proporcionan los datos recogidos desde 1972 ayuda a trazar un dibujo más fidedigno de la situación actual de este parámetro que calcula la biodiversidad. En este sentido, el técnico del parque natural del delta del Ebro, Toni Curcó, ha estudiado las tendencias que marcan diferentes puntos de inflexión históricos de de aquel momento. Como la creación del parque natural, a principios de los 80, hizo incrementar las cifras totales de aves. En un segundo momento, como la introducción de la medida agroambiental de inundación de los arrozales dispara esta presencia. Y, finalmente, como a partir del 2011, con el secamiento de los campos para luchar contra el caracol maçana hace decrecer estas cifras.

«Cada vez se confirma más esta pérdida. La no inundación de los arrozales es muy desfavorable para algunas especies», sostiene. Durante la última década, entre 2005 y 2010 y hasta este invierno, coincidiendo con el secamiento, las anátidas se caen un 18%; los somormujos, un 42%; los curvas marinos, un 52%, los ardeids, un 46%; las grullas y los fochas, un 31%; y los charranes y fumareles, un 61%. Las especies que más lo han notado son las garcillas bueyeras, que acumula un descenso próximo a la mitad; la gaviota reidora, la garceta, la agachadiza común, la dorada grande y el xibec, con porcentajes que se mueven entre el 30 y el 40% y pico.

Así, si bien la diferencia entre estos dos periodos analizados es globalmente pequeña, un 6% de reducción, el hecho de que los valores actuales se alejen de los máximos históricos, con más de 300.00 pájaros, que se alcanzaban cuando se inundaba prácticamente toda la superficie de arrozales ha hecho saltar las alarmas. En este sentido, remarca Curcó, este descenso es fuerza más visible en aquellas especies que utilizan los arrozales como espacio de hibernación, que caen un 15%, y aquellas que lo hacen en espacios naturales, que suben un 22%.

Especies cinegéticas y protegidas
«Utilizan los arrozales inundados. Normalmente tienen poca agua, pero suficiente para alimentarse. Se mujer la circunstancia que no encuentran lugares alternativos en el Delta para hacer la misma función de alimentación. Algunas pueden combinar hábitats naturales y los pocos arrozales inundados pero otras se ven obligadas a marcharse o no llegan, directamente,» apunta Curcó. Algunas de estas, recuerda, no están amenazadas o son cinegéticas, pero otros tienen figuras de protección europeas que obligan a las administraciones catalana y estatal a preservar su hábitat. Todo, apunta, reduce significativamente la capacidad de acogida del delta del Ebro como una de las principales áreas de atracción del Mediterráneo Occidental.

En este contexto, el director del parque natural, Francesc Vidal, ha puesto sobre la mesa la necesidad de reanudar la inundación de los campos de arroz durante el invierno, hasta finales de enero, para poder garantizar esta biodiversidad. Apunta Vidal que, de entrada, habría que estudiar si todavía tiene sentido secar los campos para luchar el caracol maçana cuándo ya se impone el tratamiento con saponines u otros productos. «Secar los campos ya no es una opción», sentencia.

Cofinanciada en su momento por la Unión Europea, aportaba recursos a los agricultores y, según ha remarcado, no sólo beneficiaría ambientalmente el delta del Ebro, sino que también podría tener efectos beneficiosos sobre los sector productivos. Así, cree que la aportación de agua dulce durante el invierno al delta del Ebro redundaría también en actividades como la caza. La pesca y la acuicultura se verían beneficiadas por la llegada de esta agua a las bahías. También desde el punto de vista agronómico para limpiar la sal de los campos.

«Y en un futuro, quién sabe si la gestión de los sedimentos en la cuenca sería importante que se repartieran por los arrozales: en invierno ya se hacía antes el colmateig. Es la época que el río es más fácil que lleve más caudales, arrastre más sedimentos y puedan llegar al delta del Ebro en la red de riego», ha reflexionado Vidal. «Es una medida beneficiosa para la diversidad y los sectores económicos y sociales del Delta. Para no hablar del turismo: ves una imagen del Delta inundado más tiempo, durante una época que la afluencia no es tan alta, puede desestacionalizar la afluencia de visitantes», ha cerrado.
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