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Pla aeri de la zona del Delta completament inundada.

El mar engulle playas, paseos, arrozales y hombreras|bateas en el Delta del Ebro

Plano aéreo de la zona del Delta completamente inundada.

La CHE estudia como movilizar los sedimentos de los embalses hacia el Delta del Ebro

Entidades sociales y expertos recuerdan que sólo garantizando estas aportaciones se puede frenar la regresión y la subsidencia

Actualizada 31/01/2020 a las 10:29

La Confederació Hidrogràfica de l'Ebre (CHE) dispone, desde hace más de un año, de un estudio específico para movilizar los sedimentos que retienen los embalses del tramo final del Ebro así como para hacerlos llegar hasta el delta del Ebro para luchar contra la subsidencia y la regresión. El documento, desconocido hasta este momento y al que ha tenido acceso ACN, analiza y compara las diferentes fórmulas técnicamente viables para restaurar el tráfico sedimentario al sistema Mequinenza-Riba-roja-Flix. La Campanya pels Sediments y científicos subrayan la importancia de que, por primera vez, el organismo de cuenca estudie un aspecto clave para preservar el Delta a largo plazo, más allá de actuaciones urgentes en el litoral contra la regresión.

Que los sedimentos retenidos durante décadas por los embalses del tramo final del río puedan llegar al delta del Ebro es técnicamente viable, a pesar de presentar varias dificultades técnicas y suponer, a priori, un coste económico elevado. Esta es, a grandes rasgos, la conclusión a la que llega el estudio bautizado literalmente como «Avaluació preliminar sobre les possibilitats de restauració del trànsit sedimentari als embassaments de Mequinensa-Riba-roja-Flix», con fecha del pasado 31 de diciembre de 2018.

Encargado por la Oficina de Planificación Hidrológica de la CHE, los trabajos fueron dirigidos por el jefe del Área de Planes y Estudios de este mismo departamento, Miguel Ángel García Vera, y fueron adjudicados a la Fundación Agustín de Betancourt, que delegó la ejecución al Grupo de Investigación en Hidroinformàtica y Gestión del Agua de la Universidad Politécnica de Madrid, con el catedrático Luis Garrote al frente como consultor. La CHE invirtió en este proyecto 21.771 euros.

Partiendo de las experiencias de lavado en embalses de diferentes puntos del mundo, el equipo de Garrote concluye que esta opción sería «técnicamente viable» en los embalses de Riba-roja y Flix, «siempre y cuando los desagües de fondo estuvieran operativos». La operación requeriría vaciar completamente el embalse, evacuar los sedimentos y volver a llenar. El estudio apunta que, porque por sus características, los dos pantanos tendrían que ser gestionados de forma conjunta, aunque en el caso de Riba-roja se vería dificultada por la dispersión de los sedimentos en el vaso –distribuidos a lo largo de 30 kilómetros- y una colmatación inferior al 5%. En Flix, por otra parte, el problema se encuentra en la «posible contaminación del sedimento», un aspecto que considera que todavía no se ha resuelto totalmente.

En el caso de Mequinenza, un embalse que multiplica las dimensiones de los anteriores, los responsables del estudio descartan el procedimiento de lavado porque no presenta las condiciones favorables: el vaso, recuerdan, es muy largo, y los sedimentos tendrían que recorrer entre 35 y 40 kilómetros para llegar al desagüe del fondo, con una capacidad baja de evacuación -160 metros cúbicos por segundo. En este caso se plantea la posibilidad de dragar y extraer los sedimentos de forma mecánica, hecho que supondría uno costes económicos «muy elevados». Según Garrote, además, la actual explotación hidroeléctrica no requiere en este momento la ejecución de una operación de lavado de los sedimentos acumulados en Mequinenza, y tampoco en Riba-roja, para garantizar su continuidad futura sin problemas.

Abrir los desagües de fondo de las presas
El estudio recomienda seguir monitorizando, valorando y estudiando con profundidad la posibilidad de plantear la movilización de sedimentos como luchar contra la regresión y la subsidencia del Delta, así como también la posibilidad de distribuirlos a través de los canales de regadío. Para hacerlo, plantea una programación progresiva con varias etapas. En este sentido, y al margen de los condicionados técnicos recuerda que se tienen que prever las dimensiones ambiental, económica y social, en la línea incorporar todos los agentes implicados en un posible plan de actuación para gestionar los sedimentos. Recuerda también la importancia de mantener los desagües de fondo de las presas y gestionarlos de forma eficiente para movilizar sedimentos.

A pesar de haber sido presentado oficialmente a la CHE hace trece meses, el documento era, hasta hace muy poco, desconocido en Cataluña. De hecho, la posibilidad de que se realizara un estudio sobre estas medidas la trasladaron miembros de la Campanya pels Sediments a responsables del organismo de cuenca tiempo atrás. «Pero nadie nos lo ha enviado. Es un poco preocupante», lamenta Josep Juan, miembro de esta entidad, que lucha por conseguir que los materiales que arrastraba el Ebro y contribuyeron a formar el Delta puedan seguir manteniéndolo en el futuro. A raíz de la investigación preparatoria para su libro Terra presa. Per una nova política dels sediments, que tiene que ver la luz en los próximos meses, Juan se desplazó a Zaragoza para entrevistar a responsables de la CHE y allí tuvo conocimiento del estudio.

Más allá de las precauciones y el escepticismo que desprenden algunas de las conclusiones a la hora de ejecutar aspectos concretos de un plan de movilización de sedimentos, Juan remarca la importancia que el organismo de cuenca haya encargado y disponga, «por primera vez», del documento. «Explica las posibles dificultades que encontraremos y aquello que se tiene que tener en cuenta para gestionar los sedimentos pero las técnicas existentes en el mundo y qué técnica sería más factible. Para los técnicos de la CHE, ver que un informe dice que si utilizan una técnica u otra eso se puede gestionar, quizás no los interesa que nos llegue este conocimiento», apunta. ¿Por qué? «Falta de voluntad política. En Cataluña y España se tiene que demostrar que el tema se lo toman seriamente y tienen que poner gente cualificada a trabajar de forma regular en el tema», subraya.

Regresión «imparable» si no llegan sedimentos
El temporal de la semana pasada ha vuelto a reabrir, una vez más, el eterno debate sobre las soluciones para preservar el Delta con propuestas de planes urgentes de actuación para mantener la línea costera o, incluso, algunas propuestas de obra dura para intentar parar el embate del mar –una opción que la comunidad científica y las administraciones no ve con buenos ojos. A la larga, pues, el debate de fondo vuelve a girar en torno a la necesidad imperiosa de aportaciones sólidas fluviales.

«Si no llegan sedimentos del Ebro, la regresión del Delta es imparable. Eso es así: son sumas y restas», subraya el investigador del Institut de Recerca i Tecnologia Agroalimentàries (IRTA) de Sant Carles de la Ràpita, Carles Ibàñez, quien recuerda que el mar se lleva anualmente una cantidad muy importante de materiales que el caudal del Ebro actualmente no puede reponer en ninguno de los casos. «Si no aportamos más sedimentos se acaban perdiendo y es imposible traerlos con la arena de regeneración de playas, porque eso sería seguramente más que la arena de toda Cataluña, centenares de miles de toneladas», argumenta Ibáñez.

Esta, reconoce, sin embargo, es una guerra a largo plazo, dentro de una escala temporal diferente respecto de las medidas de gestión del litoral que se pueden aplicar para mitigar los efectos de los temporales, como el de hace una semana, y que no sólo tiene que responder a los problemas de subsidencia –el suelo deltaico se hunde entre 1 y 5 milímetros anuales- y la regresión –la línea de costa retrocede hasta 15 metros anuales en los puntos más sensibles- sino también al impacto del cambio climático y la subida del nivel del mar que los puede agravar definitivamente.

Se necesitan entre 1 y 2 millones de toneladas al año
Desde el IRTA estudian desde hace tiempo la capacidad de arrastre de estos sedimentos por el tramo final del río y su redistribución a través de los canales de regadío. Incluso, han efectuado pruebas piloto puntuales de inyección en el cauce del tramo final del Ebro. El equipo de Ibáñez ha calculado que para mantener actualmente a raya la regresión y la subsidencia haría falta que el río transportara entre 1 y 2 millones de toneladas al año -una cifra que «irá aumentando a medida que suba el nivel del mar», precisa. Eso es menos de un 10% del que llegaba originalmente antes de que se construyeran los pantanos. Cree, sin embargo, que gestionando únicamente las aportaciones del sistema Segre-Cinca, responsable de más de un 50% de estos sedimentos que llegaban, «quizás podríamos llegar a este 10%». En otras palabras, gestionando únicamente los de los embalses de Riba-roja d'Ebre y Flix.

«En cada tipo de embalses tenemos que buscar soluciones diferentes. No es lo mismo uno pequeño que uno grande, en función si está en zonas de montaña o cerca de la costa. Abrir compuertas y vaciar el embalsado es más difícil aquí que en uno de montaña. Aquí sería más factible un dragado y un transporte con cañería flotante para pasar los sedimentos con alta densidad aguas abajo desde embalses y regular caudales para transportarlos», indica. El IRTA está en contacto con diferentes empresas que plantean posibles soluciones técnicas para hacer posible estas operaciones.

Con eso, se aprovecharían los caudales más generosos de la primavera para transportar arenas –que ayudarían a combatir la regresión de los espacios más sensibles como la isla de Buda y la desembocadura- mientras que el resto del año podrían transportar barros y limos para frenar la subsidencia en los arrozales. «Son cosas que se están haciendo en diferentes lugares del mundo. Es cuestión de evaluar diferentes alternativas y encontrar la mejor solución desde el punto de vista económico, técnico y de impacto ambiental. Es ponerse manos a la obra, arremangarse y evaluar qué costes tiene», añade.

El coste de mantener retenidos los sedimentos
«La perspectiva más catastrófica es la de no hacer nada. Si no hacemos nada ya tenemos claro lo que está servido: la desaparición del Delta y la colmatación de los embalses», apunta por su parte Juan. Recuerda que la retención de sedimentos en una infraestructura dedicada a almacenar agua y producir energía reduce también su valor económico. «¿Qué significa una inversión relativamente pequeña en sedimentos para que siga siendo provechoso? Se tienen que calcular todas las cuestiones económicas a medio y largo plazo, no sólo la inmediatez del corto terminismo», aduce.

Al respecto, el estudio de Garrote recuerda que la gestión de sedimentos de los tres embalses con los métodos mencionados de lavado tendría efectos sobre otros usos de agua de la cuenca, entre los cuales la producción de las centrales hidroeléctricas, las redes o el abastecimiento de los municipios. Indica, entre otros, que la materia en suspensión incrementaría en los puntos de captación y los posibles efectos sobre la actividad de la central nuclear, además de problemas de conservación de la red de regadío.

Ibáñez, sin embargo, da la vuelta a este argumento. «Tenemos que evaluar los costes de hacerlo y no hacerlo. No aportar sedimentos también está teniendo unos costes: provoca macrofitos, la mosca negra, problemas de la nuclear por los macrofitos, problemas de navegación, el turismo en el río, falta de arena en la playa, el crecimiento de algas en los canales del Delta... Si contáramos económicamente todo lo que podríamos ahorrar si trajéramos sedimentos es superior a lo que costaría», constata.

Por su parte, Juan añade un elemento adicional: el estado de las compuertas inferiores de los embalses, que se mantienen cerrados, no sólo impide circular el agua y los sedimentos para el Delta, sino que supone un problema añadido en términos de seguridad, en contra de la «normativa» propia de estas instalaciones. «Ponen en peligro no sólo el Delta sino los pueblos río abajo», subraya. «Si tenemos en cuenta todos los pros y en cuentas es, seguramente, una solución económicamente positiva para el conjunto de la sociedad, no sólo para las Terres de l'Ebre», cierra Ibáñez.
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