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Pla general d'un grup d'excombatents de la guerra civil a l'homenatge anual que ha tingut lloc a la Cota 705 de la serra de Pàndols. Imatge del 25 de juliol de 2019

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Un grupo de excombatientes de la guerra civil al homenaje anual que ha tenido lugar a la Cota 705 de la sierra de Pàndols.

81 años de la Batalla del Ebre: cuatro supervivientes y las lecciones del diálogo y la unidad pendientes

La Cota 705 de Pàndols acoge el homenaje anual que hace tres décadas conmemora el inicio del combate

Actualizada 25/07/2019 a las 17:33

Sólo cuatro supervivientes han participado, este jueves, en el homenaje anual que se hace coincidiendo con la fecha del inicio del combate más cruento de la Guerra Civil española, la Batalla del Ebre. Con 99 años cada uno, retienen detalles macabros y vivencias feroces grabadas a fuego. Los ex soldados republicanos han tenido palabras de recuerdo para los centenares de miles de compañeros que murieron en el frente y también han reivindicado las lecciones que parecen no aprendidas de aquella guerra. «La guerra la perdimos porque no había unión y ahora está pasando exactamente el mismo y nos lo estamos jugando todo», ha reclamado Miquel Moreira, miembro de la Columna Masià-Companys y de la 30ª División del ejército republicano. Han llevado flores los cuatro al monumento de la Pau de la Cota 705 de la sierra de Pàndols, en el Pinell de Brai (Terra Alta).

La conmemoración de los 81 años de inicio de la Batalla del Ebre la ha presidido la directora general de memoria Democrática, Gemma Domènech, quien ha destacado la necesidad de hacer este tipo «de actos de país» para recordar y homenajear «a una generación profundamente marcada por la guerra». «Las guerras son el fracaso del diálogo y la negociación y Catalunya es un país de paz y de diálogo», ha remarcado. Domènech ha reconocido que queda mucho trabajo para dignificar a las víctimas en que todavía siguen derramadas por la sierra de Pàndols y otros lugares del país. «Algunos piensan que vamos tarde pero no se ha podido hacer antes. Ahora intentamos hacerlo tan bien como podemos porque es un trabajo muy difícil donde se emplean muchos esfuerzos y muchos recursos pero estamos muy orgullosos porque tenemos resultados interesantes e importantes», ha señalado la directora general con respecto a la recuperación de fosas comunes.

Los millares de víctimas de aquel cruento combate de 115 días en el Ebre han estado en la memoria de los asistentes al acto de la Cota 705. Artur Mercader, Miquel Morera y Andreu Canet son tres de los cuatro supervivientes que han asistido. «Murieron muchos en las trincheras. Bombardeaban y a mi compañero le tocó la metralla y ya no se levantó. Me salvó la vida porque si no le hubiera tocado a él, me habría tocado a mí. Hay muchas historias de estas para explicar. Se hacían cosas que no se podían hacer y se luchaba con mucha fe», ha recordado Mercader.

«Era cuestión de suerte, yo tenía un ángel», dice emocionado Canet. Él estuvo más de un año en cinco hospitales diferentes, lo dieron casi por muerto y le dieron la extremaunción pero se recuperó. Algunos de sus soldados no tuvieron tanta suerte. «En el ataque de Alicante, antes del Ebre, ya llevaba a cinco hombres, era jefe, y al entrar en la ciudad ya mataron a tres de mis soldados». Canet también recuerda con detalles cruentos cómo ayudó un soldado herido durante la retirada de aquel combate. Gritaba y lloraba y lo fui a auxiliar. No sabía que hacer y le cogí la camisa, la rompí y con una manga le tapé el agujero del muslo y con la otra le hice un torniquete. Con la manta lo arrastramos hasta la retaguardia», ha explicado. Años más tarde vio su nombre en las listas de muertos y mutilados de la guerra.

Andreu Canet guarda todavía una bomba de mano, balas y el «macuto célebre» donde dice haber llevado «más suciedad que otra cosa». Recuerda que enterraban a los muertos de dos en dos y se le cortan las palabras al mostrarse convencido de que si todavía no se ha dignificado a todos aquellos soldados es porque perdieron la guerra. «Fuimos los perdedores y fuimos avasallados. Campos de concentración, insultos... En el primer hospital, aunque era una monja, me decía 'hijo de perra.... hijo de perra....'», recuerda con emoción.

Artur Tomàs Mercader era topógrafo y encargado de hacer los cálculos de la artillería pesada del ejército republicano. Con 99 años se siente el responsable de haber iniciado «el principio del final de la Guerra Civil». El 22 de diciembre de 1938 advirtió los mandos republicanos que la artillería que les llegaba no era adecuada para resistir. «Vi la aviación de los nacionales como daban vueltas por aquí y pensé que aquello iría mal.. Avisé de que hacía falta marcharse del frente y evacuar. Se escondieron de noche y de día empezaron a bombardear cuando las tropas ya se habían marchado. Salvé vidas», destaca.

Desde Pont de Seròs, Mercader advirtió que no tenían armamento suficiente y que los obuses que se estaban fabricando en Barcelona no eran de las medidas adecuadas. «Vi que aquello era un sabotaje. Si se disparaban, el cañón podía reventar. Aconsejé retirar a las tropas porque la munición no era buena», apunta. Mercader se acabó entregando a los nacionales y fue enviado en un tren, «como si fuera ganado», a un campo de concentración en Bilbao. Intercambiando una camiseta por una carta con un soldado de vigilancia, consiguió los avales para salir de allí pero acabó a un campo de Granada, donde lo destinaron a hacer de secretario del coronel jefe de la ciudad andaluza.

Miquel Morera se alistó, con 16 años y de la mano de su padre, en la Columna Masià-Companys. Cuando empezó la Batalla del Ebre ya hacía un año y medio que luchaba en el frente de Teruel. Estuvo en el frente de Aragón y también en el de Levante y acabó luchando a la batalla de Valsequillo en un intento del ejército republicano por dividir a las tropas nacionales y reducir la presión al frente del Ebre. Morera se enfada cuando le preguntan por las lecciones aprendidas en aquella guerra. «La perdimos porque no había unión y ahora exactamente está pasando lo mismo y nos lo estamos jugando todo. No se trata de los asientos ni de ser más que los otros, nos jugamos Catalunya», dice después de confesarse todavía republicano.

La memoria viva de aquella batalla contra el fascismo y por los derechos democráticos se extingue. Después de un minuto de silencio por las víctimas, alcaldes y representantes de la Terra Alta han cogido palabra en Pàndols para ratificar el compromiso de la comarca para que «el olvido no sea el último éxito del fascismo», como ha pedido Domènech. «Las nuevas generaciones tenemos que preservar sus historias y su vida. Trabajaremos para dar a conocer los espacios para que la memoria y los recuerdos sigan vivos», ha dicho Neus Sanromà, presidenta del Consell Comarcal.
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