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La consellera de Justícia, Ester Capella, visitant els treballs a la fossa del Mas del Primo, a Caseres.

La apertura de tres fosas en Caseres y Batea pone el foco en la silenciada Batalla del río Algars

La consellera de Justícia, Ester Capella, visitando los trabajos en la fosa del Mas del Primo, en Caseres.

La apertura de tres fosas en Caseres y Batea pone el foco en la silenciada Batalla del río Algars

Los arqueólogos recuperan a pie de carretera víctimas de unos combates donde murieron más de 3.000 soldados

Actualizada 04/07/2019 a las 15:52

El Plan de Fosas sigue recuperando víctimas de la Guerra Civil en la Terra Alta. Estos días se excava la zona del Mas del Primo, en Caseres, y el Mas del Cabo y el barranco de Trufes, en Batea. Son tres emplazamientos del frente de la silenciada Batalla del Riu Algars, unos combates muy violentos donde se produjeron más de 3.000 bajas, la mayoría republicanos y brigadistas internacionales que defendían la retirada del frente de Aragón, antes de la Batalla del Ebro. Los arqueólogos incluso buscan víctimas a pie de carretera, al lado de la N-420, y es que los mandos franquistas dieron la orden de dejar los restos de los soldados republicanos en superficie «para hacer un escarnio y desmoralizar» a las tropas republicanas que se retiraban en dirección al Ebro.

En las fosas de Batea y Caseres se recuperarán víctimas de la Batalla del Riu Algars. Se produjo entre finales de marzo y principios de abril de 1938. El ejército republicano creó una línea defensiva a lo largo del río, que hace de límite administrativo entre la Terra Alta y el Matarranya, para intentar parar el avance del frente franquista. Los combates fueron muy intensos y el ejército republicano acabó con más de 3.000 bajas, muchas de ellas brigadistas internacionales. Los nacionales rompieron la defensa la madrugada del 2 de abril. La siguiente gran contienda de la Guerra Civil ya sería la Batalla del Ebro, que empezó el 25 de julio de 1938.

En aquel combate los mandos franquistas dieron dos directrices a su ejército. «Una era ejecutar a todo aquel prisionero republicano que no tuviera nacionalidad española y que los restos de todos los soldados muertos quedaran en superficie porque significara un escarnio para las tropas republicanas que se estaban recuperando en dirección al Ebro, para desmoralizar y sacar las ganas de seguir combatiendo», ha explicado Aitor Garcia, historiador de Batea que ha editado una obra para documentar aquella batalla.

Esto ha supuesto también que, 81 años más tarde, los cuerpos aparecen sin excavar demasiado y al lado mismo de las carreteras, por ejemplo de la N-420. Es el caso de la fosa del Mas del Primo, en Caseres, que este jueves han empezado a abrir los arqueólogos. Según las fuentes orales, hay enterradas los restos de brigadistas internacionales y como ha recordado la consellera de Justícia, Ester Capella, que lo ha visitado, los cuerpos habrían sido sepultados a los cráteres de las bombas y en las mismas trincheras.

Antonio Montserrat es el propietario de la finca. Recuerda que cuando tenía unos diez años, se llevaron los cadáveres de algunos soldados. «Encontraron siete cartucheras y zapatos y había por aquí un cráneo que mi padrino, al final, escondió en un rastrojo para que no lo viéramos más», ha explicado. «Nunca tocamos nada. Solo sacaron dos o tres soldados, no tan cerca de la carretera y los tomaron», ha detallado.

Su abuelo Josep le había explicado que durante los combates les alertaron de posibles bombardeos y se fueron del cortijo, donde vivían. Fueron hasta Bot y al volver, un trozo de cortijo había sido derruido y se encontraron toda la finca con colchones y enseres de lo que había sido un campamento de soldados. «De proyectiles y material encontrábamos mucho. No hace muchos años todavía avisé los Mossos. Labras, labras y todavía sale alguno», ha recordado Montserrat. «Mi padrino lo ponía en una cueva en la montaña, lo cubría de rama, lo encendía y los hacía estallar allí dentro porque así no pasaba nada», ha añadido.

Batalla de las fuerzas de élite
Garcia ha explicado que a lo largo de toda la Guerra Civil, solo se aglutinaron y concentraron todos los brigadistas internacionales en dos momentos: la Batalla de Caspe y también la de los Algars. «Ponen un campamento aquí y se refuerzan con los efectivos que tenían en las bases de Albacete, que después se cierran. Vienen con el apoyo de más unidades de élite, como la 11.ª División de Líster y otras unidades de choque», ha detallado Garcia.

Pasado el combate, no hubo un tratamiento de los restos en fosas y se degradaron allí donde murieron. «En las cunetas de la curva de Sant Joan había muchos y los sacaron hace unos sesenta años», recuerda Montserrat. Fue una batalla muy violenta, y con los cuerpos en la superficie, los restos se han degradado.

Todo el ejército soliviantado estaba esperando, en la zona de los Algars, para la Batalla del Ebro. «Había mucho control sobre la población local y los casos que hemos encontrado de memoria oral que hicieron entierros de restos humanos, dicen era muy superficial. Dos palmos y muy rápido para que no te pillara la Guardia Civil o los soldados que había», ha apuntado el historiador. «Todas estas circunstancias han supuesto, sobre todo para la historiografía de posguerra, el olvido de la batalla», ha lamentado Garcia.

La consellera de Justícia, Ester Capella, ha recordado que las fosas se abren para cerrar «lutos» y porqué las familias y el país «puedan empezar a recordar». «Queremos recuperar aquellos soldados enterrados en aquellas condiciones, intentar identificarlos y sepultarlos dignamente. Ponerles nombres y apellidos, saber quién son y rendirles el homenaje que se merecen después de años de silencio, un silencio que ha sido deplorable que se mantuviera en plena democrática», ha defendido la consejera.

Dos fosas más
Además de Mas del Primo, también han empezado los trabajos de excavación en Mas del Cabo, en el valle del Riu Algars, y se ha concluido esta misma semana la excavación del barranco de Trufes. Según las fuentes orales, había un brigadista internacional enterrado, pero la zona se ha abierto y no se ha encontrado nada. Antes de la excavación, los arqueólogos encontraron un fragmento de húmero y no descartan que el soldado hubiera sido enterrado, pero los restos podrían haberse perdido a causa de las lluvias y el paso del tiempo.

En dos años de funcionamiento, el Pla de Fosas ha facilitado la apertura de 17 fosas y la recuperación de 290 cuerpos. Desde la Transición hasta el inicio del Pla, solo se habían abierto en Cataluña 28 fosas y recuperado 58 cuerpos. Capella ha recordado que en el país hay más de 500 fosas con más de 20.000 víctimas.

Con el programa de identificación genética se han identificado 5 personas recuperadas de fosas de la Guerra Civil y el franquismo: Elio Ziglioli, de la fosa de Castellar del Vallès, y Leandro Preixens, Ramon Jové, Maria Teresa Mir y Josep Moles, de la fosa del Soleràs.
 
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