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El sector de los cítricos reclama a la UE que regule el mercado: «No aguantaremos otra campaña como la de este año»

Comerciantes, cooperativas y productores argumentan que el sector no puede competir con el 'dumping' social y ambiental de países como Sur-África, pero también Egipto y Turquía

Actualizada 21/05/2019 a las 12:02

Hectáreas enteras de cítricos sin coger, mucha fruta caída al suelo y liquidaciones, en algunos casos, a precio cero. Este es la situación que vive el sector de los cítricos de Alcanar en pleno mes de mayo, cuando habitualmente la temporada está a punto de llegar a su fin. Campesinos, comercializadores y cooperativas avisan que difícilmente otra campaña similar y, por eso, reclaman en la Unión Europea que regule las importaciones ante el dumping social y ambiental que aplican países terceros. Se trata apuntan, de un problema que va mucho más allá del acuerdo que ha permitido Sud-Àfrica inundar de los cítricos el mercado a principios de la temporada. También llega mucha fruta de Egipto o Turquía producida en condiciones laborales y ambientales impensables en territorio europeo, así como también el control oligopolístico sobre el mercado que ejercen los grandes distribuidores.

«Se han juntado muchos factores en una sola campaña y veo muy difícil que teniendo dos año seguidos como este muchos agricultores lo puedan soportar», avisa Farid Mourtari, que con sólo 24 años ha conseguido sacar adelante con éxito un almacén de comercialización de cítricos y fruta en Alcanar. Dentro de esta conjunción que explicaría el hundimiento de los precios de mandarinas y naranjas hasta niveles nunca vistos durante las últimas décadas hay que incluir los aguaceros del pasado otoño. Clientes e importadores de la Europa central han tenido temor a la hora de compra la fruta, por la afectación que el agua tuviera sobre el producto y a sus condiciones de transporte, apunta Mourtadi. Tampoco el clima y las bastantes benignas temperaturas de estos meses de invierno en el continente han animado precisamente la compra de cítricos, en un momento general de cierta crisis de consumo.

Pero por encima de contratiempos climáticos puntuales o la contracción del consumo, el factor estructural sigue marcando la pauta de un mercado europeo controlado oligopolísticamente por los intereses de la gran distribución. La multitud de productores y pequeños comerciantes se declara impotente: no disponen de armas para plantar cara al control que ejercen las ocho o nueve grandes empresas de la distribución que imponen su ley, precios y condiciones. Paralelamente, tienen que hacer frente a las importaciones masivas de países terceros: a pesar de la abundancia de cítricos autóctona de esta campaña, los cítricos de países de la cuenca del mediterráneo han inundado a precios regalados las repisas de los supermercados europeos a precios irrisorios y en condiciones sanitarias cuestionables.

Sudáfrica, Turquía y Egipto
El acuerdo comercial entre la Unión Europea y los países del África Meridional, Sudáfrica principalmente, que permite la importación masiva desde estos países a precios muy bajos, hizo estallar la crisis a principios de esta misma campaña. La mandarina tardía proveniente de esta región austral tiene una gran aceptación en un momento de la campaña donde en Cataluña y en el Estado sólo se recogen las variedades más tempranas, todavía no del todo maduras.

Avanzada ya la cosecha, al principio de año, las entradas masivas de cítricos de Turquía, Egipto, Marruecos y otros países de la cuenca mediterránea han acabado complicando todavía más la situación. «Saturado y con menos consumo del habitual, el mercado ha colapsado con una crisis de precio», resume Federico Tarazona, director de la Cooperativa Exportadora d'Agris de Alcanar. La entidad ha movido este año 27.000 toneladas de cítricos, un 15% más que el anterior. Por el contrario, pero facturará un 20% menos.

«Europa ha acabado comiendo todas las naranjas y clementinas de todos los años. Primero cogió esta parte de mercado Sudáfrica, y después otra parte muchoimportando Turquía, Egipto, Argelia y una parte Marruecos. Catalanes y españoles nos hemos quedado muy apartados del mercado europeo: este año no pasaremos de los 2 millones de toneladas que entrábamos a Europa cuando normalmente eran más de tres, porque esta gente ha cogido esta parte de mercado que, por precio, a nosotros nos resulta imposible trabajar», razona el citricultor y exresponsable del sector en la Unió de Pagesos, Carlos Roig.

La cuestión del dumping, pues, se convierte una de las claves explicativas de la situación de ahogo sistemático que sufren los citricultores y los agricultores catalanes en general. La competitividad de los precios de los cítricos de muchos países en vías de desarrollo se basa, principalmente, en un precio de la mano de obra mucho más bajo, gracias a unas condiciones sociales y laborales más que precarias. «En Egipto pagan unos jornales que nosotros no podemos asumir, porque no es humanitario», razona Mourtadi. Por otra parte, la estricta normativa europea que tienen que cumplir los productores, con respecto a los tratamientos fitosanitarios o garantías de sanidad para el transporte de los frutos, son mucho más flexibles o inexistentes para estas importaciones.

Controles sanitarios y de calidad
«Trabajamos en un contexto económico, social y de productos fitosanitarios para proteger el consumidor y el medio ambiente que no son similares a los de nuestra competencia. Si no podemos igualar las condiciones de trabajo hay dumping social y ambiental del producto que entra de países terceros. Queremos garantizar que el consumo reciba un producto con un precio adecuado para mantener la actividad y de forma sostenible, que garantice la salud y el medio ambiente. Si las autorizados no hacen eso y priorizan la entrada de países terceros, destruiremos todo el tejido socieconómico de la Europa rural», concluye Tarazona.

En estas condiciones, aducen, todas las teorías que preconizan los supuestos beneficios de un hipotético libre mercado se hunden y dejan de tener cualquier sentido. Incluso Mourtadi, de origen marroquí, se muestra partidario de cerrar las fronteras a las importaciones de este y otros países para proteger a los citricultores autóctonos y sólo permitirlas cuando la oferta propia no se pueda cubrir la demanda. «Tenemos que ser fieles a nuestros agricultores. Sacar rentabilidad más de la proximidad de lo que de los kilómetros que tenemos que hacer para importar», razona el joven empresario, que pide a las autoridades europeas un control y regulación más estricta para obligar el sector a cumplir los requisitos administrativos y evitar el fraude –como la venta de productos importados con etiquetas autóctonas.

«¿Qué pasará en adelante en Europa con los campesinos que producen alimentos? ¿Qué pasa con la soberanía alimentaría? No puede ser que tengamos que competir sin ninguna regla de juego con los que nos viene de fuera, en temas reglas sociales, aquí la economía es la que es. Es muy difícil competir así y queremos que nuestros consumidores tengan más seguridad en el consumo de alimentos. ¿Por qué lo que se produce aquí tiene que tener unas garantías muy especiales y lo que entra de fuera se lo tienen que comer sabiendo que pueden haber residuos de muchas cosas que no son normales?», inquiere Roig a las autoridades comunitarias.

Bruselas niega que el problema sea el acuerdo con Sudáfrica
La Comisión Europea admite las «dificultades» en el mercado de los cítricos durante la primera parte de la temporada pero las atribuye a «múltiples factores», relacionados «mayoritariamente con las condiciones de la producción». En una respuesta escrita a preguntas de la ACN, la CE dice que no tiene «pruebas» que la difícil situación del mercado sea el resultado del aumento de las importaciones de países terceros, especialmente de Sudáfrica y Egipto.

«Las importaciones durante el periodo cubierto por el acuerdo con Sur-África (del 16 de octubre al 30 de noviembre) del 2018 fueron significativamente más bajas que el 2017 (un 39% más bajas) y supusieron sólo un 2% de las importaciones anuales», explican desde la CE.

De hecho, el ejecutivo comunitario argumenta que mientras ha habido una cosecha mayor de lo habitual, el mercado ha tenido que hacer frente a una demanda más baja por parte de los consumidores. Además, señala que el calor prolongado del verano y la sequía también han resultado en frutas de tamaño más pequeña al inicio de la temporada, que habitualmente resulta en precios más bajos.

En todo caso, la Comisión puntualiza que sigue «atentamente» la situación en el mercado de los cítricos para detectar cualquier perturbación externa que afecte al mercado de la UE para responder «de forma adecuada». Un ejemplo del seguimiento señalado por el ejecutivo comunitario es la iniciativa de un observatorio del mercado de la UE de las frutas y las hortalizas, que incluye también el mercado de los cítricos.

Serret alerta de más riesgos y apela el Estado
La delegada del Gobierno ante la UE, Meritxell Serret, apunta que la situación es «compleja» y destaca las demandas en Bruselas para que pueda hacer «todas las acciones de promoción» de los mercados de la UE y las producciones catalanas y españolas.

La exconsellera de Agricultura pone el foco en otra derivada de los acuerdos comerciales con el África y añade que «lo que convendría a corto plazo y que corresponde al Estado es poder mejorar y aumentar todos los controles sanitarios». Según explica, a través de las importaciones con algunos países africanos han entrado nuevas enfermedades que estaban «erradicadas» y plagas por las cuales, asegura, no hay productos autorizados en Europa.

«Eso es una responsabilidad compartida entre la Comisión Europea y el Estado», insiste, pidiendo que se refuercen los controles en las zonas fronterizas y se introduzca una «cláusula de salvaguardia que pudiera poner los límites a las importaciones de productos de estos países, Sur-África o Egipto, que están chocando con los mercados de nuestras producciones».
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