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Primer pla de les escales que es van salvar de l'explosió i el solar cimentat que ha quedat on hi havia el xalet dels terroristes del 17-A, amb la casa dels veïns més propera reformada al fons.

Primer plano de las escaleras que se salvaron de la explosión y el solar cubierto con cemento que ha quedado donde había el chalet de los terroristas del 17-A, con la casa de los vecinos más próxima reformada en el fondo.

«Cuando ves que en una casa entra gente que no conoces, miras quién son y sospechas»

El Ayuntamiento de Alcanar y los vecinos trabajan para dignificar la urbanización Montecarlo donde se cocinaron los atentados de Barcelona y Cambrils

Actualizada 12/08/2018 a las 11:14

La bola de fuego. La incertidumbre. La consternación. La temor. La incredulidad. Los recuerdos vuelven con más fuerza estos días entre los vecinos de Alcanar Playa, sobre todo a la urbanización Montecarlo, donde la noche del 16 de agosto de 2017 vieron saltar por los aires la «cocina» de los atentados de Barcelona y Cambrils. La mayoría de vecinos de este núcleo no quieren hablar y prefieren guardar dentro de sus casas las secuelas de aquella trágica coincidencia. La explosión no provocó daños personales, más allá del trauma y del shock que algunos todavía no han dado por cerrado.

De los daños materiales quedan las migajas. A pesar de las fachadas repintadas y los cristales repuestos de las casas vecinas, alguna placa golpeada, trozos de cerámica y ladrillo, retales de ropa o fragmentos de papeles, todavía hacen presente la detonación que lo precipitó todo hace un año. Los turistas no han dejado de venir a la zona, los vecinos no pueden evitar sospechar cuando aparecen desconocidos pero la normalidad ha empujado para hacerles olvidar. «Cuando ves que en una casa entra gente, sospechas», reconoce Josep Fibla, vecino del chalet de los terroristas. Mientras tanto el Ayuntamiento de Alcanar y los vecinos de Montecarlo han decidido dignificar una urbanización que quiere pasar página y que quiere ser aquello que tendría que ser.

Miraban un partido de fútbol en la terraza. Se les hace difícil recordar cuál. La madre entró en la cocina para buscar bebida y dejó, detrás suyo, los hijos y sus parejas delante de la pantalla. La deflagración le hizo pensar en los peores augurios. La televisión debió haber explotado, pensó. Pero a pesar de la familia estaba bien y no entendían qué había pasado, en aquella casa se empezaron a producir los primeros ataques de angustia.

A medida que pasaban las horas, las versiones sobre los hechos iban tomando una magnitud más fiel y próxima a las dimensiones de la explosión que habían visto. De una bombona de butano, en un laboratorio de drogas. Finalmente el refugio y el escondite de una célula de terrorismo internacional. «Al día siguiente, cuando se habló de un laboratorio de drogas ya empezaba a cuadrar con la explosión que hubo y con los desperfectos que había. Con la segunda explosión aquella tarde, por la noche ya nos dijeron que estaba relacionado y ligado con los atentados de Barcelona y Cambrils», recuerda Josep Fibla, vecino y presidente de la Comunidad de la urbanización Montecarlo.

Todos se han estado imaginando qué hacían allí dentro o han recordado el tendido de bombonas de butano que se sacaron. Pero los vecinos de Alcanar y la zona han revisado con «vértigo» las fotografías de los terroristas que han trascendido del sumario del caso estos últimos días. La preparación del TATP - 'madre de Satanás' -, los cinturones explosivos, las bolsas con el explosivo secándose con vistas en el mar. «Lo teníamos tan cerca...», piensa con estupefacción Fibla. «Es difícil imaginarlo y cuando lo ves, sientes perplejidad», reconoce Jordi Bort, concejal de Deportes, Salud y Medio Ambiente de Alcanar. «Ver la intencionalidad de estas personas, de estos terroristas, te sorprende muchísimo. Que quisieran atentar en la Sagrada Familia, en el Camp Nou. Cuando piensas que el explosivo lo hacían en una casa de tu término municipal, te tienes que sentar», añade el concejal. «Ahora entiendes algunos comentarios de los servicios de seguridad que hablaban de sábanas, de bolsas, de cómo lo hacían», dice el edil.

Ocupas sin identificar
La urbanización Montecarlo cuenta con 42 parcelas. El 50% de las casas están habitadas todo el año y se encuentra casi con plena ocupación en verano. La casa de los terroristas era la más apartada del acceso a la urbanización. En aquel momento había hasta 5 casas ocupadas. «Te intentabas relacionar lo mínimo posible –con los ocupas-, ni tener relación ni nada. Ellos -los terroristas- pasaban desapercibidos. Supongo que ya lo intentaban», reconoce Fibla. «Algunos dicen ahora que se movían en moto y recuerdas que pasaban algunas de motos sin embargo, ¿como te lo podías pensar? ¿Cómo te lo puedes imaginar que hacían eso»?, se cuestiona.

Desde entonces el recelo es inevitable. Con el desalojo de las casas después de la explosión, los diferentes grupos y familias que ocupaban algunas viviendas no volvieron. «Ahora ves una casa donde entra gente a vivir y miras quién son, a ver si los conoces, para saber. Sospechas. Claro está que sospechas después de lo que ha pasado, desprendido de lo que hemos tenido cerca,» reconoce Fibla. «Posiblemente si no les hubiera explotado estarían aquí tan tranquilos y habría explotado todo allí y habría sido mucho peor», especula el presidente de los vecinos de Montecarlo.

El turismo no se resiente
A la urbanización Montecarlo, como el resto de núcleos urbanos de Alcanar Playa, muchas de las viviendas y chalets son de alquiler turístico. Los hechos de los 16-A no han afectado a este sector. «La verdad es que la gente sigue viniendo. No ha repercutido en nada», explica Fibla. De hecho, Thierry Clou, acaba de llegar con su mujer y sus dos hijas a la urbanización Montecarlo y hace sólo unas horas que están instalados a escasos 20 metros de la zona 0, donde actualmente sólo queda un terraplén de cemento, los cimientos y unas escaleras en que recuerdan el acceso a la casa que había sido.

Los Clou desconocían completamente qué había pasado allí, hace un año. Alguien se lo ha explicado al padre cuando ha salido a correr por las montañas del Montsià en el suyo primer día de vacaciones a Alcanar Platja. «Me he quedado muy sorprendido porque la vida aquí parece muy tranquila», explica cautivado. Pero Thierry y su familia no están preocupados. «No creo que pase dos veces en el mismo lugar», dice. En cambio, reconoce que mientras corría y un compañero le ha explicado los hechos, ha pensado en sus hijas, que en aquel momento dormían en la casa de la urbanización Montecarlo. «He imaginado lo que pasó el año pasado y debió ser dramático pero ha sido sólo un minuto. He mirado las montañas y el mar, el paisaje que es precioso y lo he olvidado», ha relatado.

Si se hubieran enterado antes que en aquella tranquila zona del Ebro se cocinaron los atentados de Barcelona y Cambrils lo habrían escogido igual. «Estoy muy contento de estar aquí porque es muy tranquilo, la casa es muy bonita y mis hijas quieren que vayamos a Peñíscola de compras. ¡Les encantan las compras!», explica risueño Clou en la puerta de su chalet de alquiler.

Hace sólo un año, Thierry y su familia paseaban por la Rambla de Barcelona, cinco días antes del ataque. «Mi mujer estaba muy afectada imaginando qué habría pasado y viendo la gente muriendo en la Rambla dónde nosotros habíamos estado». Los Clou viven en un pequeño pueblo en el sur de Francia pero la hija estudia en París. «Mi mujer vive con mucho estrés cuando coge el metro o el transporte», reconoce Thierry. Al terrorismo no te puedes avezar.

Dignificando el Montecarlo
Las calles de la urbanización Montecarlo son de tierra. Las farolas tienen a vistas el cableado y las casas no disponen de alcantarillado ni otros servicios básicos como la recogida de basura. La zona está pendiente de ser recepcionada. Desde hace unas semanas, el Ayuntamiento y la Comunidad de vecinos se han puesto a trabajar. El establecimiento de nuevas parejas jóvenes y su iniciativa para dignificar la urbanización está dando sus frutos. «El Ayuntamiento nos está dando apoyo y a ver si podemos salir adelante y vivir dignamente», ha apuntado a Josep Fibla.

El concejal Jordi Bort ha apuntado que el consistorio no quiere recepcionar la zona por la vía «imperativa» sino utilizar las fórmulas para que los vecinos marquen el ritmo de resolución según las capacidades económicas de todas las familias. Una de ellas sería que el Ayuntamiento se encargara de licitar y ejecutar el proyecto y lo cobrara a los vecinos con contribuciones especiales o cuotas de participación, ofreciendo flexibilidad a los propietarios para pagar el coste en diferentes periodicidades. «Afortunadamente, desde hace tiempo, hemos encontrado los puentes de comunicación y diálogo con los vecinos», también ha remarcado Bort.

Dignificar la zona ayudará a aligerar la losa y a olvidar lo que pasó el 16-A. «Tiene una planificación muy interesante y la percepción sería más próxima, de menos abandono y más segura, con beneficios muy importantes», ha defendido al concejal. «Urbanizar la zona ayudará a dar una impresión disuasiva de personas que buscan aislamiento o pasar desapercibidas», ha añadido.

Con respecto a la seguridad, en todos estos meses, han incrementado los controles a los núcleos dispersos que conforman buena parte del término municipal de Alcanar. Tanto los Mossos de Esquadra como la Policía Local han intensificado la vigilancia y el control de los movimientos que se producen. El Ayuntamiento incluso ha decidido ampliar el número de agentes del cuerpo de la guardia urbana municipal y acaba de convocar 4 nuevas plazas.

El momento de los agradecimientos
Y ahora que ya ha pasado un año, el Ayuntamiento de Alcanar quiere agradecer y homenajear todos los cuerpos de seguridad y emergencias que colaboraron en la gestión del incidente y también a todos los particulares que se arremangaron para ofrecer acogimiento y ayuda a los desalojados de la urbanización Montecarlo. Es el caso del Restaurante Serramar que asumió el alojamiento y manutención de la veintena de vecinos que estuvieron apartados de sus casas durante unos días y encontraron en sus salas-comedor, dormitorios y habitáculos de atención de urgencia.

«Queremos hacer el retorno y el reconocimiento a los actuantes y les queremos dar las gracias públicamente», ha explicado Bort. Conmemorar esta fecha puede ayudar a «cerrar uno de los capítulos más dolorosos de la historia del municipio» y a transformar «la amargura y la consternación» de la situación vivida en «gratitud» hacia aquellas personas que hicieron posible devolver a la normalidad. «Fue un examen sorpresa, muy difícil. Entiendo que todos los actuantes y el gobierno municipal nos marcamos sacar una buena nota. Se hicieron muchos esfuerzos por estar a la altura de la situación y de aquello que el país pedía en aquellos momentos tan complicados», ha defendido al concejal de Alcanar.
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