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Sònia, la sintecho que se ha convertido en revisora oficiosa en Battestini

Hace cuatro meses que se dedica a ayudar a los usuarios del parking de la estación de autobuses a sacar los tickets y a renovar las estancias

Els usuaris estan contents per l'ajuda que els proporciona.

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«¿No lo pueden hacer más fácil, esto? Tienes que estudiar para sacar el ticket, dios mío. Muchísimas gracias, Sònia». Esta es una de las conversaciones que más se ha repetido en el parking de la estación de autobuses durante los últimos cuatro meses. Sònia siempre está atenta para echar una mano a quien necesite utilizar el parquímetro, renueva las estancias de los coches y vigila que nadie se deje la ventana bajada para evitar robos.

«Todo el mundo se piensa que estoy trabajando aquí», explica. La verdad, sin embargo, es que no es revisora de la EMT, sino una sintecho de 38 años que se estableció en la zona de aparcamiento cuando la desalojaron del domicilio donde residía en Sant Salvador. Al cabo de poco tiempo, conseguiría trabajo en un restaurante, pero el hecho de tener que dormir en la calle le pasó factura. Una semana después, una neumonía la incapacitó para seguir trabajando. «Sin casa, no tengo trabajo. Sin trabajo, no tengo casa», lamenta.

Sònia se ha convertido en una integrante más del ecosistema social de la estación de autobuses. Los agentes de los cuerpos de seguridad ya no la interrogan, sino que la saludan con una sonrisa. Un bocadillo, una botella de agua, una lata de refresco o un pequeño donativo son todo el salario que percibe por su trabajo oficioso.

«Yo no pido nada ni molesto a nadie. Yo soy así. Me sale de dentro. A mí, un'gracias' ya me satisface. No todo se hace por la pasta. Hago, es verdad, porque a veces me dejan el cambio, pero no lo es todo», detalla Sònia. «La gente me conoce. Están tranquilos conmigo, yo no robo. Soy pobre, pero honrada», añade.

En esta situación, a Sònia le gustaría que la contrataran como revisora del parking y ni siquiera pide un sueldo. «El Ayuntamiento tiene pisos económicos. Que me ponganuno y yo retiro la caja del dinero. Quiero trabajar a cambio de un piso y de comer, no pido nada más», señala.

Unos meses malos

La vida de Sònia cambió para siempre hace cuatro años: la pérdida del trabajo, un divorcio y la muerte de un hijo de sólo ocho meses la sumieron en una profunda depresión por la que requirió ingreso hospitalario.

Al salir, conoció a su actual pareja y, juntos, ocuparon un piso en Tarragona, movidos por la necesidad de disponer de un techo bajo el cual dormir.

En estos momentos, Sònia tiene previsto regularizar su situación en la ciudad y seguir buscando soluciones. «Espero que me llegue un regalo del cielo divino y que tarde poco, ya. Tengo manos y pies para trabajar. Habrán sido unos meses malos, mira por dónde», concluye.

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