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Imatge d'arxiu d'una noia que vivia en un pis de lloguer amb la seva parella a la Part Baixa de Tarragona.

Imagen de archivo de una chica que vivía en un piso de alquiler con su pareja a la Part Baixa de Tarragona.

La alta demanda complica que los estudiantes encuentren piso en Tarragona para iniciar el curso

Algunos universitarios temen que los precios del alquiler, que ahora son asequibles, se disparen de cara a septiembre por la proximidad de las clases

Actualizada 17/08/2022 a las 19:58

«Hace bastantes meses que consulto páginas web y plataformas para buscar piso y, hasta ahora, no he encontrado prácticamente nada. De las 15 o 20 solicitudes que he hecho, me han contestado únicamente dos personas». A principios de octubre, Ian Cabús, de 24 años, tiene previsto iniciar un máster de Formación del Profesorado en la Universidad Rovira i Virgili (URV), pero todavía no tiene una habitación dónde alojarse.

«No estoy nervioso porque hay alternativas, pero sí que cada semana va aumentando la inquietud», comenta. Si no encuentra una residencia en la ciudad de Tarragona donde hacer noche, optará por ir y volver cada día desde Móra la Nova, aunque reconoce que no sería la opción idónea.

La suya no es una situación aislada. Entre septiembre y octubre, muchos son los estudiantes que se trasladarán a Tarragona para continuar su formación, pero no todos ellos saben dónde se alojarán. Son los casos de Saad Bouali (23 años), que empezará un grado superior de Gestión Administrativa, y de Cati Aranibar (20 años), quien cursará tercero de Contabilidad y Finanzas.

Ambos han contactado ya con una veintena de personas que arrendaban un espacio, pero, a estas alturas, ninguno de ellos sabe dónde podrá dormir una vez empiece el curso. «Ves los anuncios de gente que busca piso y los pocos que hay de habitaciones libres... Eso es una locura», expresa Aranibar. La demanda ha rebasado la oferta.

En el otro lado de las negociaciones podría haberse encontrado Giselle Díaz, que alquilaba una habitación en el piso que comparte con dos amigas en el barrio del Port. En un solo día, una treintena de personas la contactaron interesándose por el domicilio. «Ha sido muy complicado decidir a quién se la dábamos, porque entendíamos las necesidades de todo el mundo, pero, al final, sólo era una habitación», lamenta.

Díaz, de 20 años, rememora que ella misma se encontró en la misma situación de desesperación cuando se trasladó a Tarragona en el 2021 proveniente del Berguedà para estudiar segundo de Psicología, después de un año inicial completado en línea por la pandemia de covid-19.

«No obtuvimos piso hasta la segunda semana de octubre y el curso empezaba a finales de septiembre», recuerda. En su caso, se alojó de manera provisional en casa de los abuelos en Vilanova i la Geltrú hasta que encontró una opción que la convenció. Eso sí, el piso no estaba amueblado y, con las amigas, tuvo que adquirir todo lo que era necesario para vivir allí.

Precios asequibles
Un estudio del Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España apunta que la única opción rentable económicamente para los catalanes menores de 35 años en referencia a la vivienda es compartir un piso de alquiler en las provincias de Lleida y Tarragona. Cualquier otra alternativa que se ofreciera en el mercado supondría un desembolso de más del 30% del sueldo neto para pagar el alquiler.

Cabús, Bouali y Aranibar explican que, en la capital, el precio de la mayoría de habitaciones se situaba en torno a los 200 euros mensuales, una cifra que entra en su presupuesto. Con todo, las habitaciones más «decentes», tanto por sus condiciones como por el importe que se pide, «se acaban enseguida porque hay muchísima demanda», detalla Díaz.

Este hecho provoca que, a medida que se acerca la fecha de inicio de las clases, los estudiantes se encuentren con más problemas para alquilar un piso porque, entonces, los precios se disparan. «Hay muchos estudiantes nuevos que llegan a la ciudad y aceptan la primera oferta que ven por la desesperación, porque está a punto de empezar el curso en la universidad, y pagan la habitación muy cara», analiza Aranibar.

También critica que algunos propietarios piden «demasiados requisitos» para ceder el inmueble. Recuerda el caso de una amiga que entró en un piso «enano» por 500 euros al mes porque era el único lugar donde aceptaban que viviera con el gato. La misma Aranibar tuvo que rechazar una oferta porque la habitación que le mostraron «era como una despensa». Por su parte, Bouali detalla que siempre se ha encontrado con personas que sólo buscaban chicas o que ya habían alquilado el apartamento.

Cabús, en su caso, llegó a crearse una cuenta prémium en una plataforma de búsqueda de pisos para poder acceder a los datos de contacto de los inquilinos y facilitar la interacción. «He tenido que ir probando webs, investigando métodos para encontrar piso, pero no hay una plataforma donde puedas recurrir al 100%», lamenta el futuro estudiante del máster de Formación del Profesorado, que al mismo tiempo comenta que le gustaría que hubiera «algún tipo de apoyo» por parte de la universidad.

Este martes, sin embargo, la suerte sonrió a Cabús. Una chica que alquilaba una habitación por 180 euros al mes le contactó para hablar sobre la posibilidad de acogerlo. «Estoy esperanzado. Encontrar este piso y que la compañera viera de forma positiva que pudiera entrar ya te abre la esperanza. Los meses que llevo con el nerviosismo de buscar piso, sin embargo, no me los saca nadie», concluye.

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