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Maria Bodí és intensivista i coordinadora de trasplantaments a l'Hospital Joan XXIII.

Crecen hasta once las donaciones de órganos de este año al Joan XXIII de Tarragona

Maria Bodí es intensivista y coordinadora de trasplantes en el Hospital Juan XXIII.

Joan Carles
Maria Bodí,

Contxi Caballé, madre de una donante y Carme López, receptora de un hígado.

Joan Carles

Crecen hasta once las donaciones de órganos de este año al Joan XXIII de Tarragona

«La donación ofrece segundas oportunidades a personas que a priori no las tienen, expresa Contxi Caballé, madre de una donante

Actualizada 26/06/2022 a las 17:27

«Murió un donante para que yo viviera. Por un lado, estás contenta porque seguirás con tu vida, pero, por el otro, te sabe muy mal porque ha muerto una persona generosa». Carme López, receptora de hígado, define así la ambivalencia de la donación de órganos. Este año, el Hospital Joan XXIII de Tarragona ha recibido once donaciones entre enero y mayo, el número más alto en el mismo periodo de los últimos cinco años, lo cual acerca en el 2022 a ser el año con más donaciones del último lustro. La cifra más elevada ahora mismo es la de 2019, cuando se registraron 16 donaciones. En el 2021, fueron 10. En el ámbito provincial, la cifra actual de 2022 sube a 13, con un donante en el Hospital Virgen de la Cinta de Tortosa y otro en el Hospital Sant Joan de Reus.

Hoy día, se puede hacer donación de riñón, hígado, corazón, pulmones o páncreas, aparte de sangre y tejidos. «El trasplante más común es el de riñón», señala Jaume Tort, el director de la Organización Catalana de Trasplantes (OCATT), la entidad encargada de planificar, ordenar y coordinar las actividades relacionadas con la extracción, la conservación, la distribución, el trasplante y el intercambio de órganos y tejidos en Cataluña. Según apunta Tort, sólo hay cerca de un 12% de negativas familiares a la hora de dar, uno de los porcentajes más bajos en Europa.

La médico intensivista y coordinadora de trasplantes a Joan XXIII desde 1998, Maria Bodí, explica la evolución de la donación de órganos al hospital. «El primer cambio importante fue a principios de siglo, cuando incorporamos la neurocirugía, lo cual hizo crecer el potencial de donación, ya que antes a los pacientes con patologías neurológicas muy críticas se los trasladaba a otros hospitales», expone. Por otra parte, el endurecimiento de la ley estatal por duro casco en motocicleta y cinturón en el coche «cambió el perfil del donante», expresa. «Tenemos pocos donantes por traumatismos, la mayoría son por patologías cerebrovasculares», asegura Bodí.

El proceso de extracción de órganos es diferente según las características del paciente, las enfermedades previas, la edad y otros factores. Sin embargo, requiere rapidez, ya que la vida de los órganos en el exterior, a diferencia de los tejidos, es muy breve. Una vez extraído, el órgano en cuestión se traslada en el hospital donde se realizará el trasplante a un paciente compatible. Más allá de la extracción a pacientes que pierden la vida, también se llevan a cabo intervenciones en personas vivas cuando estas dan algún riñón, el más habitual, o un trozo de hígado, lo cual es poco recomendable.

Dar segundas oportunidades
Contxi Caballé, vecina de Cambrils, siempre ha querido dar. «Mi marido y yo tenemos el testamento vital hecho», afirma. Su hija, Georgina Pujol, fue donante, sin embargo, desgraciadamente, mucho tiempo antes de lo que le correspondía.

Era enero de 1999. Georgina y su hermano, Jordi, con sus respectivas parejas, sufrieron un accidente de coche cuando bajaban de Andorra. Jordi y su chica sufrieron varias fracturas y se acabaron recuperando, pero la peor parte fue para Georgina y su chico, Xavi. Él murió al acto, mientras que ella murió unas treinta horas después a Bellvitge. «La trasladaron de Valls a Joan XXIII, y de Joan XXIII a Bellvitge. Mi marido y yo fuimos hacia allí. El primer diagnóstico era muy negativo», relata Caballé.

La donación de órganos siempre ha estado muy presente en la familia, tal como señala Caballé: «Ella quería ser donante. En casa ya habíamos hablado varias veces, era un tema presente». Al repetirse el encefalograma plano, los médicos y la familia vieron que la vida de Georgina había acabado. «No lo sabemos con seguridad, pero creemos que pudieron aprovechar todos los órganos menos los pulmones», piensa Caballé, quien lleva un collar con la fotografía de su hija y su chico, Xavi. Cada año, escribe un poema en su recuerdo. «La serenidad llega con el paso del tiempo. Todo eso me ha ayudado a ver que la muerte no tiene por qué ser inútil. Tal como está hoy el mundo, la solidaridad es todo lo que nos queda», añade. Para Caballé, la donación es «ofrecer segundas oportunidades de vida a personas que a priori no las tienen».

Vivir con otro hígado


Carme López es una de las personas que obtuvo una segunda oportunidad gracias a la donación. Pérdida de la menstruación, fatiga, problemas en las articulaciones, malas digestiones... Estos fueron algunos de los síntomas que experimentó entre septiembre de 2014 y en agosto de 2015, a la edad de 41 años. Los médicos le ofrecían tratamiento para cada uno de los problemas concretos, pero faltaba evaluarlos en su conjunto. «Yo no estaba bien y decidí coger vacaciones al principio de verano», manifiesta López.

Durante las vacaciones, la situación empeoró. «Un día me miré al espejo y tenía el cuerpo y los ojos amarillos. Ya pensé que sería un problema del hígado, pero aplacé el momento de ir al hospital», narra. Finalmente, se dirigió al Hospital de Sant Pau i Santa Tecla, donde permaneció ocho días antes de que la trasladaran en Bellvitge sufriendo ictericia. «Del día de después ya no me acuerdo porque me quedé inconsciente, ya que el hígado dejó de funcionar. Todo lo que sé me lo ha explicado mi familia», expone a la vecina de Tarragona, quien sufre hepatitis autoinmune, una enfermedad crónica.

Pocos días después, encontraron un hígado compatible y pudieron operarla. «Cuando me desperté y me dijeron que me habían hecho un trasplante, me quedé en shock . Por suerte, recibí bien el hígado y todo empezó a funcionar poco a poco», comenta. Durante las primeras semanas, López necesitó mucho apoyo médico, por lo cual agradece el trabajo de los profesionales que la atendieron. Sin embargo, echó de menos atención psicológica «para desahogarme».

Desde aquel momento, López combate la hepatitis autoinmune con medicamentos inmunosupresores que mantienen a raya la enfermedad, pero le provocan efectos secundarios con los cuales tiene que convivir. «Todo eso me sirvió para darme cuenta de que era más fuerte de lo que pensaba», concluye.

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