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Imatge d'un grup de musulmans resant ahir a la tarda a la mesquita de Sant Pere i Sant Pau.

Tres meses de buena convivencia entre el centro de culto y los vecinos de Sant Pere y Sant Pau

Imagen de un grupo de musulmanes rezando ayer tarde en la mezquita de Sant Pere i Sant Pau.

Tres meses de buena convivencia entre el centro de culto y los vecinos de Sant Pere i Sant Pau

La mezquita abrió el 25 de noviembre y los residentes del bloque Sant Andreu no han notado las molestias que esperaban sufrir

Actualizada 23/02/2021 a las 20:45

Hace más de tres meses que la Comunidad Assalam abrió las puertas de su nuevo centro de culto en unos bajos del bloque Sant Andreu de Sant Pere i Sant Pau y los vecinos de la escalera C, que veían con reticencia al hecho de que una mezquita se ubicara debajo de su casa por las molestias que pudiera generar, reconocen que estas no se han producido hasta el momento.

El presidente de la escalera , Cornel Aldea, explicaba que «de momento no ha habido ningún problema, no hacen ruido ni se juntan muchas personas en la entrada, que eran los principales factores que nos hacían sufrir». En este sentido, Aldea añadía que, «si todo sigue así, nosotros encantados». El presidente vecinal recordaba que «creíamos que este local no era el lugar más adecuado, ya que pensábamos había espacios más aptos, mejores tanto para ellos como para nosotros, pero en ningún caso era una cuestión de racismo». Aldea reconocía que «quizás había personas xenófobas que se querían aprovechar de nuestras demandas para hacer comentarios o acciones racistas –como la pintada que apareció en la puerta del local donde se podía leer «mezquita no, gracias» y «a rezar en casa»-, pero nunca dijimos que ellos no tuvieran su derecho religioso».

Ahmed Mease y Mounaim Boutahar, presidente y vicepresidente de la Comunidad Islámica Assalam, respectivamente, explicaban ayer a Diari Més que el centro de culto fue inaugurado el pasado 25 de noviembre de 2020. Boutahar celebraba el hecho de que los vecinos no hayan sufrido las molestias que esperaban y cree también que «ha habido personas y partidos políticos que aprovechan los posibles problemas de convivencia para sus intereses», a la vez que reconocía también que las demandas vecinales «no eran una cuestión de islamofobia». Explicaban que, a causa de las restricciones actuales por la pandemia de la covid-19, en el centro sólo se pueden llevar a cabo actividades religiosas, y que cuando esté permitido, empezarán con las clases de catalán y castellano para los adultos de la comunidad y las clases de árabe para los niños, ya que la mayoría han nacido y crecido aquí. De la misma manera, Boutahar aseguraba que «cuando podamos haremos la jornada de puertas abiertas para que la gente del barrio pueda conocer el centro y lo que hacemos aquí». Incluso tienen previsto hacer un acto público para mostrar a los vecinos el ritual de ayuno que se hace durante el ramadán, para dar a conocer su cultura y tradición, pero la festividad se acerca y lamentan que la situación sanitaria todavía no lo permitirá.

Actualmente, el aforo está limitado a un tercio del total, sólo 40 personas, y durante las oraciones del día a día no se acumulan más de 10 o 15 creyentes. En la oración del viernes, el día más importante para el Islam, Mease apuntaba que es cuando más gente se puede juntar en el local y que cuando se levanten las restricciones en el local podrá haber hasta 120 personas. No obstante, el presidente de la Comunidad Assalam explicaba que durante las oraciones está en silencio, sólo habla el imán, y que no utilizan altavoces, de manera que no generarán molestias de ruido, teniendo en cuenta además que el espacio está bien insonorizado. Por otra parte, y con respecto a las posibles acumulaciones de gente en la entrada del centro, Mease decía que «los que vienen a rezar son del barrio, y al salir se marcha cada uno hacia su casa caminando, hecho que tampoco provocará problemas con respecto al aparcamiento,» otro de los miedos que tenían los vecinos, ya que los pocos estacionamientos para los vehículos es un problema generalizado en el barrio. «Hay vecinos que ni se han dado cuenta de que hace tres meses que la mezquita está en funcionamiento», añadía Mease.

Finalmente, Boutahar agradeció a la comunidad de vecinos del bloque Sant Andreu y a los propietarios de los establecimientos de la zona la buena acogida que ha tenido la implantación del centro de culto.

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