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Un proyecto de Cruz Roja Tarragona promueve que las abuelas hagan ropa para los sensesostre

La entidad facilita lana a las personas mayores, que la convierten en piezas para personas vulnerables

Agapita Hernando, una de les àvies que participa en el projecte de Creu Roja Tarragona, entregant-li una peça de roba que ha teixit a Anna Garrido, tècnica de l'entitat.

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La Cruz Roja Tarragona desarrolla desde hace unos meses un proyecto colaborativo que aporta beneficios a diferentes colectivos. La entidad facilita lana a las usuarias del departamento de personas mayores para que hagan prendas de ropa, que después la organización hace llegar a colectivos vulnerables, como personas sintecho o familias en dificultades. Tanto los que fabrican como los que reciben están encantados y los beneficios van más allá de una simple bufanda. A a las abuelas las permite sentirse útiles y hacer red con otras usuarias, un hecho complicado en tiempo de pandemia, mientras que las personas que no tienen hogar se sienten más recodos socialmente.

Anna Garrido, técnica del departamento de personas mayores de Cruz Roja Tarragona, explica que ya hay 55 abuelas de la demarcación enla iniciativa. «La idea salió porque con la pandemia no podemos hacer las actividades que hacíamos antes. Pensamos que había que hacer alguna cosa porque sino se pasarían todos estos meses solas en casa», recuerda. La ocurrencia se compartió con las participantes, que rápidamente lo encontraron bien.

A partir de aquí empezaron a diseñar la logística. «Primero organizamos rutas para repartir la lana por las casas, con la ayuda de los voluntarios», indica. A cada usuaria se le facilita una caja con el material y unos patrones, ya que alguna hacía tiempo que no practicaba. Un ejemplo es Pura Aragonés. «Al menos hacía 35 años que no hacía. Ahora lo he vuelto a reanudar y le estoy cogiendo el gustillo. ¡Quizás haré incluso para mis nietos»!, exclama con una vitalidad exuberante.

Tanto ella como Agapita Hernando -otra participante-, destacan que más allá de la distracción que dala actividad, se sienten realizadas. «Lo que deseamos es ser útiles hasta a última hora; y además eso puede dar una alegría a alguien», apunta Hernando. «Parece mentira lo que a tu edad todavía puedes aprender», indica Aragonés, que se muestra «encantada de la vida» con la iniciativa.

Para Garrido «hacerse mayor va acompañado de un sentimiento de perder capacidades, pero no es así». «Sí que no haces las cosas como las hacías, pero también puedes crecer», añade. A raíz del proyecto, las personas mayores también están mejorando sus competencias digitales. Desde la entidad han impulsado la creación de un grupo de WhatsApp para que interactúen entre ellas e informen cuando tienen las prendas de ropa. Garrido detalla que algunas hablan cada día y que incluso se envían fotografías.

Una vez las bufandas y sombreros están terminados, desde Cruz Roja pasan puerta a puerta a recogerlo. Antes de entregarlas sin embargo, las sueltas los dan un último toque especial: a la caja introducen una tarjeta o postal con dedicatoria para el receptor. «Hecho con mucho amor», «deseo que te guste» o «para que pases unas buenas fiestas» son algunas de las frases que culminan su aportación.

Agradecimiento sincero

Con los productos acabados, tan sólo falta hacerles llegar a los colectivos escogidos: familias en situación de vulnerabilidad y sintechos. «Lo entregamos a personas que están solas o que se sienten solas, porque la soledad no es sólo estar solo», puntualiza Garrido.

Uno de los principales puntos de reparto es el albergue para personas que no tienen hogar que la entidad gestiona en el Palau de Congressos de Tarragona. Un recurso impulsado por el Ayuntamiento para dar servicio a este colectivo y para que al mismo tiempo puedan cumplir con el toque de queda nocturno.

Una de las personas que ha recibido un sombrero hecho por una abuela es el Salvador, una de las más de veinte personas que cada noche se aloja en el albergue. «Paso aquí toda la noche. Cuando llegas te dan la opción de ducharte, te dan comer y puedes estar despierto hasta las doce de la noche, que es cuando apagan la luz,» narra Salvador. De buena mañana también se sirve el desayuno. Él es una de las personas que ha sufrido las consecuencias de la crisis social derivada de la covid-19. «Ahora tengo eso y al menos no estoy en la calle. Sino fuera por la Cruz Roja no sé dónde estaría. Ahora toca recuperarme y tirar adelante», afirma.

En este contexto, todas las aportaciones son muy bien recibidas, y el gorro que le entrega a Anna Garrido es especial. «Ha sido una buena sorpresa, un buen regalo de Navidad,» comenta Salvador con una sonrisa. «Ya me han dicho que lo ha hecho las personas mayores. Se ve que está hecho con amor y eso siempre aporta más; se agradece mucho. Veo que piensan en nosotros, que estamos en la calle, y hace ilusión. No hay palabras», finaliza emocionado.

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