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Pla general de l'amfiteatre de Tarragona

El anfiteatro de Tarragona en una imagen de archivo

20 años de Tàrraco como Patrimonio Mundial: mirando al futuro con deberes por acabar

La gestión, la conservación y la difusión de los monumentos son los principales retos para los próximos años

Actualizada 29/11/2020 a las 10:12

Este lunes hará 20 años que en la ciudad australiana de Cairns el conjunto arqueológico romano de Tarraco fue declarado Patrimonio de la Humanidad por parte de la Unesco y se inscribió en la lista de Patrimonio Mundial. Un reconocimiento que sirvió para poner a Tarragona en el mapa y que, dos décadas después, ha permitido a la ciudad posicionarse turísticamente. El patrimonio es, de hecho, uno sus grandes atractivos. Pero también es un reto constante con respecto a la conservación, investigación, coordinación entre administraciones, participación ciudadana y difusión. La ACN ha hablado con agentes vinculados al patrimonio de Tàrraco. Coinciden en que se ha adelantado en todos los ámbitos pero quizás no lo suficiente; y eso hace que se arrastren carencias difíciles de corregir.
 
«Vamos bien, pero vamos con retraso». Este sería, a grandes rasgos, el resumen que hace de la situación actual del patrimonio romano de Tarragona el presidente de la Reial Societat Arqueològica Tarragonina (RSAT), Joan Vianney Arbeloa. Considera que el reconocimiento tendría que haber sido un «punto de inflexión para potenciar todavía más la protección, la difusión y el enriquecimiento colectivo del patrimonio», pero es como si la ciudad se hubiera dormido con el nombramiento. «Lo que tenía que ser un punto de inflexión acabó siendo un hito», lamenta.


En la misma línea se expresa Jordi Tresserras, vicepresidente de Icomos en España, la ONG consultora de la Unesco para temas vinculados al patrimonio. «Inscribirte en la lista de Patrimonio Mundial no es un premio, tienes que cumplir una serie de requisitos», destaca. Tresserras recuerda que el nombramiento de Tarraco «contó con mucha aceptación por parte de la ciudadanía» y, cuando se produjo, «la gente hacía sonar los cláxones de los coches y sonaban las campanas».

También lo recuerda así Joaquín Ruiz de Arbulo, catedrático de arqueología de la Universidad Rovira i Virgili e investigador del Instituto Catalán de Arqueología Clásica. De hecho, Ruiz de Arbulo fue uno de los expertos que acompañó a los técnicos de la Unesco cuando vinieron a Tarragona para conocer la candidatura de la ciudad. «Cuando quería ser declarada Patrimonio Mundial se utilizó el lema 'Tarragona patrimonio de todos'. A mí eso me chocó», rememora. Por eso cree que todo el mundo tiene que cuidar del patrimonio, «no sólo la administración», y opina que en esta línea se puede avanzar más.

La gestión, el punto débil
El arqueólogo considera que hace falta «un proyecto común» que ahora no existe. «Cada administración avanza por su línea. Se toman decisiones sin valorar sus efectos», argumenta. Pone de ejemplo la reconstrucción del teatro romano hecha por la Generalitat o la intervención del circo a la plaça Sedassos impulsada por el Ayuntamiento. El presidente de la RSAT coincide bastante con Ruiz de Arbulo y valora positivamente diferentes objetivos que se han alcanzado en los últimos años, pero echa de menos «un ente coordinador de gestión que sea el gestor único» del patrimonio romano de la ciudad.

Un organismo que actualmente es difícil de constituir por cuestiones legales y administrativas, pero que desde la conselleria de Patrimoni de l'Ajuntament se trabaja para, al menos, tener alguna fórmula que pueda actuar de manera similar. Para los expertos, lo ideal sería que el ente comprendiera todo el patrimonio de Tarraco –que también incluye monumentos en Constantí, Altafulla y Roda de Berà-, pero creen que es un buen primer paso la creación de una mesa de gestión que tome decisiones sobre los elementos de Tarragona formada por el consistorio, Generalitat y Estado. Esta mesa todavía no está en marcha, si bien el conseller de Patrimonio, Hermán Pinedo, confía en que sea una realidad en las próximas semanas.

La mesa de gestión tendrá que tratar un aspecto fundamental para el futuro de Tàrraco: la conservación de los monumentos. El anfiteatro, las murallas o la vuelta del pallol son algunos de los elementos romanos que tienen problemas estructurales por falta de mantenimiento. «Hay que apostar por la conservación y la recuperación», indica Pinedo. Y continúa: «Tenemos que dejar de poner tiritas y pasar a hacer proyectos de consolidación de los grandes monumentos». El conseller defiende las actuaciones que se están llevando a cabo en el anfiteatro, que según su opinión tienen que permitir «que no haya ningún problema en los próximos 50 años en las zonas que ahora se arreglan». También apuesta por hacer «proyectos de monitorización», con revisiones periódicas, para no tener que hacer actuaciones de urgencia y evitar desprendimientos.

En los últimos años el mal estado de algunos monumentos ha generado muchas polémicas en la ciudad. Incluso Icomos hizo un informe alertando de que si no había cambios, el reconocimiento de la Unesco se podría revocar. «Fue un toque de atención», afirma el vicepresidente de la entidad. Sin embargo, admite que «hubo una respuesta» por parte de las administraciones y a día de hoy, para el conseller Pinedo, el título de Patrimonio Mundial «no corre peligro». En este sentido, Tresserras valora que desde el consistorio «había una política de echar pelotas fuera, pero ahora el Ayuntamiento ha asumido su liderazgo, yendo de la mano de la Generalitat y el ministerio».

Un patrimonio comprensible
Más allá de garantizar la conservación de los monumentos a largo plazo, el otro gran objetivo de futuro es mejorar la difusión. Lo que se conoce como «construir un relato», que en el caso de Tarraco al mismo tiempo es una asignatura pendiente de hace años. «Se trata de ofrecer un producto de calidad. Si quien viene aquí vive una buena experiencia, se quedará más días, volverá y lo recomendará a otra gente», defiende Pinedo.

Para conseguirlo, para el conseller conviene que se explique «que Tarragona es un museo al aire libre». «Quién esté en Torreforta, la Part Baixa o Sant Pere y Sant Pau tiene que saber que allí también hay patrimonio romano», remarca. En este aspecto Tresserras coincide: «el reto fundamental es preservar el patrimonio, pero también lo es que a la gente se sienta sede, como pasó hace veinte años». Además, para Pinedo todo tiene que ser «comprensible». «Lo tiene que entender incluso a quién no le interesa», describe.

Por su parte, Arbeloa pone de manifiesto que a fin de que los visitantes comprendan bien lo que ven es necesario «una actuación coherente» en los monumentos. Además, pide que de cara al futuro se trabaje «en ámbitos que se sabe que hay restos arqueológicos pero que todavía no se han puesto al descubierto».

Para conseguirlo, Ruiz de Arbulo habla de completar «el triángulo del patrimonio». «Tiene que haber una investigación, una conservación y todo eso se hace para la socialización». «Tenemos expertos de los tres vértices y se trata de trabajar de forma conjunta», defensa. Un conjunto de elementos que, si se consiguen llevar a cabo pueden hacer que, de rebote, se alcance otro hito: que Tarragona tenga un modelo propio de gestión y explicación del patrimonio.
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